Indicadores Económicos

‘La italiana’ de la Contraloría

Sandra Morelli revela poco del carácter de los italianos. Al menos en su trabajo y cuando hace públicas sus drásticas decisiones, esconde cualquier asomo de alegría o exuberancia mediterránea. Es hija de Gianfranco Morelli, un ingeniero italiano que emigró junto a su hermano Alchides a Colombia huyéndole al reclutamiento militar en su patria. Su primer destino fue Venezuela, que entonces, junto a Argentina, representaba el sueño italiano para los nuevos emigrantes. Resignados primero, luego emocionados, se quedaron en Bogotá, donde terminaron convertidos en ingenieros metalmecánicos y empresarios sólidos. Se enamoraron de jóvenes profesionales colombianas, con las que formaron sus familias.

Gianfranco se casó con la abogada Teresita Rico, quien llegó a ser magistrada del Tribunal Administrativo de Cundinamarca. Es litigante en derecho público. De ese matrimonio nacieron Elizabetta y Sandra. Elizabetta se extravió en la odontología, pero luego recuperó el sendero de la vocación de las Morelli Rico: el derecho. Fue cónsul Colombia en Suiza.

Sandra, quien heredo la tenacidad de su padre, siempre tuvo claro su camino. Por eso se matriculó en la facultad de derecho de la Universidad  Externado de Colombia. La propia universidad la indujo a continuar su especialización en derecho administrativo en Italia. Llegó a Bolonia como una estudiante favorecida con la beca Baldomero Sanín Cano. Dominaba el italiano como lengua materna gracias a su abuela, una parmesana llevada de su parecer que sólo les hablaba a sus nietas en su idioma natal. Sandra afianzó el conocimiento de esa lengua en el colegio Leonardo da Vinci.

El presidente Santos la invita con frecuencia al palacio de  Nariño para que lo acompañe en las ruedas de prensa en que se destapan escándalos de corrupción.

Sandra Morelli nunca dejó de estudiar. Continuó en la Comunidad Económica Europea, en el marco del Programa Erasmus, que la galardonó con dos becas para cursar en La Sorbona –Paris II– y en Montpellier. También hizo estudios en derecho administrativo, ciencia de la administración y servicios públicos. Después, obtuvo la beca del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia en la División para la Cooperación al Desarrollo. Ese periplo académico de años por Europa le dejó, además de un entrenamiento de primera línea, tres idiomas más: francés, español e inglés.

Sandra Morelli es una políglota aficionada a la ópera y a la literatura jurídica que saca tiempo de donde no tiene para atender a su único hijo de siete años, Gianfranco, a quien ha tenido que educar sola. Separada de su primer esposo, se casó por segunda vez con Heinrich Bach, quien murió de forma trágica cuando el niño apenas caminaba. El temple heredado de sus antepasados italianos la hizo una luchadora que no se doblega ante la adversidad. Dicho temple contrasta con el trato que le da a su diminuto perro Chihuahua que, si por ella fuera, cargaría en su cartera a todas partes.

Aunque ha estado en escenarios de grandes decisiones, su paso por la dirección jurídica de la Federación de Cafeteros fue definitivo para llegar al cargo de contralora. Allí conoció a Juan Manuel Santos, pero también a Jorge Cárdenas, Gabriel Silva y en especial al exgobernador de Caldas Emilio Echeverry Mejía.

También tuvo contacto con el cuerpo de magistrados por su trabajo como litigante frente al Consejo de Estado en temas cruciales como las tiendas Juan Valdez. De esa relación con los magistrados, salió su candidatura a la Contraloría, como ocurrió también con la de su antecesor, Julio César Turbay Quintero. En el mismo horizonte profesional conoció al procurador, Alejandro Ordoñez, y al hoy ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, quienes son muy cercanos a ella.

La persiguen los periodistas porque en un año en el cargo le devolvió la credibilidad al ente de control.

De italiana conserva el rasgo de buena anfitriona y comensal. El comedor de su casa –una de las pocas que sobrevive en medio de los edificios frente al parque El Virrey– es el espacio que ha utilizado siempre, en especial a la hora del desayuno, para intercambiar ideas con funcionarios, periodistas y políticos, los cuales fueron definitivos para su elección como contralora. Ella misma reconoce que su campaña en el Congreso fue la mejor escuela para conocer el mapa del poder real en Colombia.

Después de un año largo en el cargo, no hay frente que Sandra Morelli no haya tocado. Se le midió a los gastos reservados del DAS, a Agro Ingreso Seguro, a los préstamos al Banco Agrario, al contrato con la Drummond en el sector de la minería, a las vigencias futuras de los gobiernos departamentales en el Ministerio de Hacienda, a los contratos de la tercera fase del Transmilenio de Bogotá con la calle 26 como epicentro, a la Agencia Nacional de Hidrocarburos y a los gastos de Colombia Humanitaria. Estas investigaciones involucran a contratistas y empresarios que parecían intocables, pero que ella ha enfrentado con valor.

Y así, hasta que el tiempo le alcance, continúa avanzando en una cruzada que la hace sentir como si viviera el primer día de la creación. Los frutos de esa cruzada, sin embargo, tardan tanto en llegar que su paciencia muchas veces se agota. Pero Sandra Morelli sigue adelante, con la misma tenacidad que tuvo su padre cuando pisó América sesenta años atrás.

  • http://www.facebook.com/ana.m.paredes.969 Ana Maria Paredes

    Esta vieja es una corrupta. Esperen a que se destape la olla podrida que tiene en la contraloria.

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