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Bebé, el mico que tiene enfrentada a su familia humana con la justicia

El mono aullador aprendió a decirles "ma y pa" a sus padres adoptivos.

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La familia Ríos Alfonso clama porque le devuelvan a su hijo de siete años, quien se encuentra en poder de la Corporación Autónoma Regional CAR.

Se trata de Bebé, un mono aullador de siete años que se extravió en septiembre del año pasado y que fue adoptado por la familia que reside en La Mesa, Cundinamarca, para evitar que se lo comieran unos indígenas en La Guajira.

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Bebé, o el niño como le dice su madre adoptiva cariñosamente, se ganó el amor y cariño de la familia Ríos integrada también por papá Lugo y cinco hermanos, hasta tal punto que fue completamente domesticado y el mico se ‘humanizó’.

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El drama para la familia inició cuando el animal silvestre se salió de la casa y terminó en un local comercial del municipio, desde donde fueron alertadas las autoridades de la CAR, quienes se lo llevaron y están próximas a entregarlas al zoológico de Medellín, en donde se ha liderado un programa para liberar en los bosques del departamento de Antioquia a monos aulladores que están en cautiverio.

La pelea pasó de las súplicas sin efecto que le hicieron a la CAR a un pleito judicial, que promete llegar incluso a instancias de la Corte Constitucional.

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En la tutela instaurada en primera instancia, la familia Lugo revela que sienten tristeza y un gran vació desde que Bebé se fue de la casa y tienen miedo de la suerte que vaya a correr si lo sueltan en un bosque, pues según relatan, el mono de siete años nunca estuvo en su hábitat natural, ya que siempre comió y durmió con los siete integrantes de la familia.

La historia del mono aullador y su familia humana inició en el 2008 cuando Lugo Ríos, en sus habituales viajes que hacía desde Barranquilla a La Guajira, visitó un resguardo indígena en el que incluían en su dieta a los monos aulladores.

Kienyke.com habló con la esposa de Lugo (nos reservamos su nombre), quien relató que su marido, al ver tres micos vivos que iban a ser hervidos en una olla, les pidió a los habitantes del resguardo llevarse al más pequeño, a Bebé, de apenas ocho días de nacido. A cambio les dejó 50 mil pesos.

Apenas llegó Lugo a su hogar con el mono casi recién nacido, empezó la historia de cariños, cuidados y crianza del nuevo integrante de la familia. La señora de la casa averiguó con un amigo veterinario cuál era la dieta de esa clase de monos.

De esta manera empezaron a darle sueros y puré de papaya, mango y banano, primero con un gotero y después con un biberón. De igual manera, la ‘mamá’ indicó que le compraron pañales desechables para niños prematuros.

“Así empezó a crecer el niño, y no lo veíamos como una mascota, sino como otro miembro más de la familia”, manifestó.

Al poco tiempo le compraron un tina para bañarlo hasta tres veces por semana, con champú para bebés. De igual manera, adecuaron un lavamanos y le enseñaron a hacer sus necesidades ahí. También, le enseñaron a comer en la mesa donde lo hace toda la familia, en los mismos platos, vasos y vajilla en general.

Además, el ‘niño’ cuando sentía hambre iba hasta la nevera para sacar queso y frutas,  y en las noches sacaba sus cobijas y se les echaba encima para acostarse a dormir, relató su mamá putativa.

El vínculo fue tan estrecho que el mono aprendió a decirles a sus padres ‘ma y pa’, y decir “meme” (deme) cuando sentía hambre. Incluso le enseñaron a orar en las noches para “darle gracias a Dios”.

En un informe presentado por un biólogo, se informa que “en cuanto al comportamiento del espécimen, se aprecian caracteres inusuales para la especie que indican una clara domesticación y apego a los seres humanos”.

A todo esto se suma que al señor Lugo le diagnosticaron cáncer de próstata en estado avanzado hace año y medio, y el grupo de salud que lo está tratando le aconsejó no tener angustias ni tristezas. Sin embargo, debido a la incertidumbre y dolor por la pérdida del mono, se le ocasionó un deterioro notable en su condición de salud que le provocó que la enfermedad hiciera metástasis en su columna.

Incluso la familia Ríos acudió a una psicóloga, quien certificó el duelo y afectación que ha producido la ausencia del mono aullador. “La familia ha sufrido un impacto emocional negativo, con estados de melancolía, sentimientos de frustración e impotencia, pues acuden a las entidades encargadas de la protección animal sin encontrar ayuda. Las alteraciones afectan la vida tranquila y armónica del sistema familiar”, dice el concepto rendido por la psicóloga.

La mamá adoptiva de Bebé indicó que en varias ocasiones se acercaron a la CAR para solicitar que les sea devuelto a su ‘hijo’, pero aseguró que lo único que ha recibido son palabras de insulto, burlas y hasta amenazas.

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Según dijo, por ser funcionaria pública la han amenazado con multarla con once millones de pesos, que es la sanción que reciben aquellos que deciden tener como mascotas a animales silvestres.

Ante esta situación, la familia contrató a un abogado quien interpuso una tutela ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca.  Allí se ordenó que en un plazo de tres meses el mono debe ser llevado a su hábitat natural.

Según indicó la sentencia, “no encuentra este tribunal posible que el animal de naturaleza silvestre, regrese a un hogar donde fue humanizado, lo que si bien resulta importante para los humanos que lo detentan como mascota, no le hace bien al animal, como tampoco al medio ambiente en general”.

“El cariño y el amor tal como se deriva de los hechos transcritos, deben ser mayores con el medio ambiente y con la colectividad en general, lo que redundará en un medio ambiente más sano para todos (..) Considera este Tribunal que si bien es cierto el señor Lugo Ríos padece de una grave enfermedad y que el mico le podría generar un alivio momentáneo, es necesario respaldar el interés general frente al particular”, dice el fallo.

Sin embargo, el dolor que embarga a esta familia se ha incrementado después de la orden proferida para que el mono sea llevado en un plazo de tres meses a su hábitat natural. Entonces decidieron continuar la batalla jurídica.

“¿Cómo va ser posible que un niño que ha sido criado toda la vida en una casa lo vayan a soltar?. ¿Dónde queda el cuidado de los animales, quién lo va bañar, quién le va dar de comer, quién lo va cuidar en la selva?”, se preguntó en medio de sollozos la madre adoptiva de Bebé.

Lo que sí está claro es que la familia impugnará la sentencia ante la Corte Suprema de Justicia, y por revisión puede llegar incluso a la Corte Constitucional.

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