Indicadores Económicos

Mujeres espías

Anna Chapman, Coco Chanel, Kienyke

En estos días el espionaje ha retomado una fuerza inusitada a raíz del escándalo del exagente de la CIA Edward Snowden, que reveló la filtración del gobierno estadounidense a las llamadas que sus ciudadanos hacían desde los teléfonos móviles. Su búsqueda se ha convertido en una cacería que recuerda la de Julian Assange por sus wikileaks o las chuzadas del DAS en nuestro país. Sin embargo, los escándalos de espionaje más conocidos y reveladores han tenido como protagonistas a mujeres, que definieron guerras o se beneficiaron de ella.

Anna Chapman

La modelo y presentadora de la televisión rusa protagonizó un escándalo de espionaje el 2010 en Nueva York junto con otras nueve personas: fue detenido bajo la sospecha de trabajar programas ilegales de fisgoneo para la Agencia  de Inteligencia de espionaje de la Federación Rusa (SVR). Chapman se declaró culpable de conspiración. Un año después fue deportada a Rusia en un intercambio de prisioneros con los Estados Unidos.

Chapman encabeza esta lista por su propuesta de matrimonio al perseguido exagente de la CIA, Edward Snowden. “Snowden, ¿quieres casarte conmigo?”, le pregunto en su cuenta de Twitter.

A comienzos de julio de subió un fotomontaje a su perfil en la red social rusa VK en la que aparecía junto a Snowden protagonizando una parodia de la película ‘La Terminal’, en la que ella intenta rescatar a su amado de su reclusión forzosa en un aeropuerto de Moscú.

Anna Chapman, Kienyke

Coco Channel

El historiador Hals Vaughan en su biografía ‘Durmiendo con el enemigo’, afirma que Chanel trabajó para los servicios de inteligencia alemanes durante la guerra. Señala que “Chanel era una oportunista consumada. Los nazis tenían el poder y ella gravitaba hacia este. Era la historia de su vida”. Evidencias no faltan, es sabido que ella se ocultaba en el hotel Ritz durante aquellos años, un privilegio que se concedía a muy pocos ciudadanos no alemanes, incluso se afirma que fue amante de un agente de inteligencia alemán, Hans Gunther barón von Dincklage, quince años más joven que ella.

Agrega Vaughan que “Hans Guenther era un playboy aficionado al tenis”. Al parecer fue él quien coordinó su estadía en el dicho hotel, además de coordinar sus relaciones comerciales con las autoridades de la ocupación. Llegando al punto, según el autor, de contar con un nombre en la red de cooperantes: agente F-7124, apodada “Westminster”.

Coco Chanel, Kienyke

Por otro lado, Coco Chanel ideó un plan que la haría no sólo más famosa, sino una suerte de “salvadora del mundo”. Según el blog ‘Exodos’, aprovechando la posición de su amante alemán, le pidió que la pusiera en contacto con Walter Schelenberg para concertar una entrevista entre Churchill y el jefe de la inteligencia alemana. El plan fue llamado “Bonnet” y creía ella que gracias a sus amistades de alcoba, podría tener éxito una mediación para lograr la paz, pero el plan no prosperó.

Finalizada la guerra fue acusada de colaboracionista, por lo que huyó a Suiza, al parecer por la intermediación del Primer Ministro británico Winston Churchill. Dicho percance no afectó su regreso triunfal a París en 1954, restableciendo su negocio de costura “gracias a la financiación de Pierre Wertheimer, uno de los hombres que Coco Chanel intentó desposeer durante la ocupación alemana.

Mata Hari

La verdadera y más famosa mujer espía de la historia fue la holandesa  Margaretha Geertudia Zelle, ejecutada por un pelotón de fusilamiento francés al ser acusada de contraespionaje en la Primera Guerra Mundial. El mito nació a comienzos del siglo XX, cuando Margaretha llegó a París, cambió su acento y creó su alter ego. Se presentaba ante el público diciendo que su “madre, gloriosa bayadera del templo de Kanda Swandi, murió a los 14 años, el día de mi nacimiento. Los sacerdotes me adoptaron y me bautizaron bajo el nombre Mata Hari, que quiere decir Pupila de la Aurora”.  De allí el nombre genérico con el que se identifican a las mujeres espías.

Las presentaciones sensuales en las que aparecía casi desnuda –dos copas doradas siempre cubrieron sus senos– y la forma como ella misma alimentaba su leyenda, la hicieron la bailarina privada preferida de militares europeos de alto rango.

Cuando en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, sus altas conexiones y el nivel de intimidad que mantenía con ellas sirvieron para que Mata Hari se convirtiera en el agente H21. Bajo este nombre, la bella Margaretha daba información sobre desembarques y ataques de Alemania a Francia y viceversa. En el juicio de 1927 se le acusó de traidora y de ocasionar miles de muertes. Ella respondió: “Una ramera, sí. Una traidora, jamás”. Desde entonces, un sin número de mujeres relacionadas con temas de espionaje fueron apodadas con el nombre oriental inventado por la joven holandesa.

Christine Keeler

Fue una modelo británica que protagonizó un escándalo en el que resultaron involucrados el Ministro de Guerra inglés y un capitán naval ruso conocido como el ‘Caso Profumo’ en los años sesenta. El alboroto comenzó luego que transcendiera que John Profumo mantenía una relación con ella al mismo tiempo que el agregado diplomático ruso, Yevgeny Ivanov. Todo esto en un punto álgido de la Guerra Fría.

Por aquellos años Profumo estaba casado con Valerie Hobson. Y aunque la relación con Keeler duró unas semanas marcó la vida política inglesa y la relación con Rusia. En un interrogatorio en la Cámara de los Comunes llevado a cabo en 1964, Profumo mintió sobre su relación y se vio obligado a renunciar, con lo que la imagen del Primer Ministro Harold Macmillan decayó a límites imposibles de eludir. El premier terminaría renunciando debido a su mal estado de salud, aparentemente exacerbado por el estallido del escándalo.

En la primavera de 1962 salió a la luz pública la relación de Keeler con Ivanov, agregado naval de la embajada soviética en Londres, quien era una espía legal o diplomático y estaba vigilado por el MI5 (Servicio de contrainteligencia inglés).

Casi todos los involucrados en el caso terminaron mal, como Stephen Ward, quien fue procesado por “vivir de las inmorales ganancias de la prostitución” (proxenetismo) y, avergonzado, terminaría suicidándose en agosto. Keeler fue condenada a nueve meses de prisión por cargos de perjurio.

Christine Keeler, Kienyke

Josephine Baker

Esta norteamericana nacida en el corazón de Missouri tuvo la  vocación de espía desde que era niña. Abandonó el colegio para bailar en la calle y a los 15 años fue reclutada para un show de un vaudeville en San Luis, sin imaginarse que cuatro años más tarde estaría presentando un espectáculo de danza erótica en el Teatro de los Campos Elíseos en París. Su éxito rotundo la convirtió en la mujer afroamericana más famosa de Francia, tanto, que inspiró a Christian Dior para el diseño de sus colecciones. La Baker se enamoro de Francia y terminó radicada en Paris junto a su esposo, Jean Leon.

Su misión comenzó cuando en la Segunda Guerra Mundial se ofreció para servir como espía al gobierno francés. Se infiltró en diferentes eventos en las embajadas de Italia para escuchar conversaciones útiles para la resistencia francesa y trasportaba información escrita con tinta invisible sobre sus partituras. Por sus servicios, fue la primera mujer de norteamericana negra que recibió la Cruz de Guerra y La Rosetta de la Resistencia. Además, el presidente Charles De Gaulle la nombró Caballero de la legión de Honor.

Marlene Dietrich

El baile y la información privilegiada parecen llevarse bien, pues otra de las espías más famosas de la Segunda Guerra Mundial también fue conocida por sus actuaciones y shows de cabaret. Nació en Berlín y en los años 20 se hizo famosa por sus apariciones en el cine mudo. Una de estas cintas la llevó a Hollywood, que la recibió por lo alto y le dio papeles en películas que se convirtieron en leyendas del séptimo arte como Shangai Express y el thriller de Orson Wells A Touch of Evil.

Aunque se nacionalizó norteamericana en 1936, muchos consideran como traición a su patria (Alemania) se colaboración con el Servicio de Inteligencia de su país adoptivo. Ella ayudó a huir de Alemania a intelectuales y cineastas, Fue famosa la declaración que dio en 1939, cuando dijo que, ante todo, era “berlinesa” y que no volvería a su tierra mientras Hitler estuviera en el poder. Esa actitud antinazi y la celebración con los soldados estadounidenses fueron condenadas en Alemania. En 1960 regresó y Willy Brandt, alcalde de la ciudad y futuro canciller, le pidió perdón por la hostilidad de sus compatriotas en ese momento de la historia.

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