El fundador del Movimiento Machista

16 de agosto del 2011

Un llanero que tiene una decena de hijos y ocho demandas por alimentos cree que las mujeres se educan a golpes. Consejos de un machista descarado.

El fundador del Movimiento Machista

Edilberto Barreto vive solo. Se viste solo. Plancha sus camisas y prepara su desayuno. El fundador del Movimiento Machista del Casanare no tiene mujer que lo atienda. Las únicas hembras que lo acompañan son veinte gallinas, una docena de yeguas y medio centenar de vacas. Ya se cansó de compartir su lecho con una mujer, ahora prefiere satisfacer a sus novias y seguir con las pretendientes que aguardan turno.

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Tiene 57 años, más de una decena de hijos y ocho demandas por alimentos. Considera el machismo como el orden natural de las cosas. Según él, la naturaleza es machista. Los sementales satisfacen a varias hembras, y las hembras solo satisfacen a su semental. En su finca tiene un toro que se aparea con las reses, un caballo para todas las yeguas, y un gallo para las veinte gallinas. “La infidelidad es un defecto de la mujer, pero en el hombre es una característica innata. La hembra infiel debe ser lapidada, pero el hombre que tenga un harem es considerado un macho”, argumenta.

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Piensa que el mundo está al revés. Que todo se desordenó desde que unas señoras solteronas y feas se unieron y crearon movimientos feministas para corromper la mente de las damas jóvenes. Dice que el hombre es fuerte e inteligente, y la mujer es hermosa y bruta, y por tanto debe hacer caso. La que no cumpla recibe su castigo. Mujer que no se educa, se descarría. Hay que darles duro como al ganado.

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–¿Cuándo se había visto que una esposa demandara al marido por violación? Ella está en la obligación de satisfacer al hombre, de cumplir con su deber conyugal, si no, pues bien merecida una muenda para que aprenda.

Afirma que el Estado defiende a las embarazadas pero castiga al que las embarazó. Defiende a las infieles y castiga al que las educa con rigor.

Cada viernes se reúnen 20 seguidores de Edilberto en una tienda del centro de Yopal, y lejos de esposas y suegras discuten métodos de cómo tratar a las ausentes. Los seguidores son hombres que por sus “méritos” han logrado entrar al cerrado círculo machista. “Han demostrado hombría, valentía. Mejor dicho, no se la dejan montar de nadie”, dice Barreto.

Requisitos para ser miembro del Movimiento: Tener una o varias demandas por alimentos, comprobar que tienen varias familias, haberle pegado a la esposa o preferiblemente a la suegra, tener una o varias amantes.

Durante las reuniones, los orgullosos llaneros beben y hablan. Edilberto toma poco y habla más. Enseña sobre el arte de pegarle a una mujer, porque todas las tareas en la vida tienen que hacerse con arte. Dice que el rostro es intocable ya que se lo pueden mostrar a todo el mundo “y no conviene que la moza de uno ande con morados en la cara”.

Quizá por la experiencia, ha llegado a la conclusión de que un buen sitio para vengarse por alguna afrenta son los oídos. Es difícil que en el cartílago se forme un moretón y se puede dejar a la víctima atontada por tres días. Otro sitio es la nalga, se puede pegar duro y el hombre no se hace daño. La ventaja es que la afectada no va a estar subiéndose el vestido o el pantalón para exponer la parte golpeada a todo el mundo. Si lo hace, se le da más duro. “hay que calmarlas para que reconozcan la autoridad que tenemos sobre ellas”.

–¿Y el ‘Bolillo’ Gómez?

Edilberto piensa, baja el tono de la voz, que siempre es recio y dominante.

–Pobrecito. No me imagino qué clase de mujer era la compañera de él para obligarlo a actuar así. De pronto era una coqueta que merecía su cachetada, y ahora ven al ‘Bolillo’ como un monstruo por tratar de escarmentar a la culpable.

El defensor del técnico colombiano creó el Movimiento Machista de Casanare en 2002. Comenzó con tres adeptos que se reunían a contarse sus aventuras y desventuras. Edilberto les narraba sus continuas visitas a la fiscalía para responder por más niños que llegaban y llegaban, producto de sus amoríos. Citación a la que acudía, demanda que perdía. Las fiscales, viejas desaliñadas, según él, ya le tenían papeles listos para firmar con una cuota establecida. No podía chistar palabra. No podía quejarse. No había un cómplice que protegiera su honor pisoteado. Desde que llegaba a las oficinas ya era culpable y le tocaba bajar su cabeza de macho y firmar. “Es el precio por ser el semental del Llano, y aún no se han inventado un condón talla XL”.

Según Edilberto, el enemigo de los verdaderos hombres son las batallas jurídicas, las abogadas, las feministas y hasta los políticos que hacen las leyes. Afirma que el Estado defiende a las embarazadas pero castiga al que las embarazó. Defiende a las infieles y castiga al que las educa con rigor. “Ser macho en este país es cosa de machos”. Hoy en día visita a sus hijos, las madres lo visitan a él y ante todas las demandas perdidas, sigue pagando las cuotas alimentarias.

En las elecciones de 2010 se lanzó al senado. Decidió salirse de las tiendas y propagar su mensaje machista en las calles de Yopal para defender a todas las víctimas de demandas y de fiscales crueles. Entre sus propuestas estaba la creación de una oficina jurídica para ayudar a los hombres que les toca pegarle a las mujeres, crear subsidios para los que son cabeza de varias familias, la construcción de casas de paso, en todos los municipios de Colombia, para alojar a los polígamos, y asistencia sicológica “para rescatar a tanto marido tontarrón y pendejo”.

Dice que algún día el país saldrá del atraso y estará preparado para sus propuestas porque “aunque las mujeres se levanten y critiquen a los hombres que les pegan, la verdad es que les gusta, y entre más duro se les pegue más se enamoran… Es el derecho de las cosas”.

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