Indicadores Económicos

El séptimo hombre más influyente del mundo es ateo (y tiene cáncer)

Christopher Hitchens está en el séptimo lugar entre cien nominados en la encuesta anual de la revista Time para conocer a las personas más influyentes del mundo según el criterio de sus lectores. Aunque es frecuente verlo bien posicionado en estos listados, su relevancia actual se debe a un cambio de sus convicciones políticas y a su actitud combativa frente a cualquier tipo de creencia religiosa. En abril de 2011 se cumplirán 62 años de su nacimiento en Portmouth, Inglaterra. Un célebre ateo y uno de los más versátiles, ingeniosos y entretenidos escritores y periodistas de nuestra época. Reconocido por ser un verdadero polemista y malpensante, compañero de causas de minorías como las de la inexistente nación de Kurdistán y los derechos de la población LGBT, en fin, es un defensor de la moral pública y de los derechos contenidos en la libertad individual, al tiempo que el peor enemigo de la ambigüedad y la corrección política que encubre los peores fines.

En junio de 2010 fue diagnosticado con cáncer de esófago en estado 4. Desde entonces ha estado más que nunca en el foco del debate público y en las oraciones y cartas de devotos y jefes religiosos de diversos fondos, que esperan una mejoría de su salud, pero sobre todo, una conversión de último momento dada su grave condición física y su reconocida beligerancia como librepensador ajeno a cualquier credo. Él, sin embargo, contra cualquier pronóstico de una persona que está en los últimos días, ha decidido mantener sus convicciones como antiteísta –aquellos que no sólo no creen sino que declaran su oposición a la existencia de cualquier divinidad‒, como prefiere ser llamado, y se ha acogido a la quimioterapia y a un tratamiento experimental con células madre. Su comportamiento semeja el padecimiento, el estoicismo y la rebeldía del personaje de Diálogo entre el moribundo ateo y el sacerdote, del también incrédulo y frugal Marqués de Sade, insigne personaje de los años de la Ilustración, tan apreciados por el autor británico quien es tratado en Bethesda, Maryland, paradójicamente, por el médico cristiano Francis Collins, actual director del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos y pionero de las investigaciones con el genoma humano y autor del libro ¿Cómo habla Dios? La evidencia científica de la fe; una publicación intencionada hacia la reconciliación entre fe y ciencia.

Hitchens es descendiente de una estirpe de marinos y militares británicos. Su abuelo Harry luchó y sobrevivió durante la Primera Guerra Mundial a la batalla de Jutlandia en 1916, y su papá, Eric, participó en el hundimiento del acorazado nazi Scharnhorst, en 1943, desde el barco británico Jamaica durante la Segunda Guerra Mundial. Su mamá, Yvonne, se suicidó con una sobredosis de fármacos en 1973 junto a su amante en Grecia. Tiene un hermano, Peter Hitchens, también columnista y escritor con posturas vitales y políticas opuestas, con el que se ha batido en paneles académicos, televisivos y en columnas de opinión en muchas ocasiones. Christopher Hitchens, además de ser una figura clave en el periodismo y en círculos políticos de alto nivel en Washington, también es el papá de Alexander y Sophia, que tuvo con Eleni Meleagrou, y de la pequeña Antonia, que tuvo con la periodista Carol Blue, su segunda esposa. Del nacimiento del primero de sus hijos, el único hombre, dijo sin afectaciones que ese día “había reconocido al maestro de ceremonia de su propio funeral”.

Francis Collins es un médico creyente que le trata el cáncer a Hitchens, el ateo más popular de la época.

Aunque estuvo por décadas afiliado a la izquierda más radical, al punto de declararse trotskista y ser un miembro revoltoso de la Internacional Socialista y columnista de medios con ideas afines, dos hechos cambiaron sus posiciones en las tres décadas pasadas, de manera irreversible, como epifanías, hasta hacer que hoy en día se autodefina como independiente. El primer hecho fue la declaración de fetua, en 1989, de parte del iraní Ayatolá Khomeini, que ordenaba a los fieles musulmanes en el mundo entero el asesinato de su amigo Salman Rushdie, escritor indio, perseguido por ser el autor de Los versos satánicos, llenos supuestamente de herejías  y de ataques, eso sí, a la fe islámica. El segundo detonante de su viraje político fueron los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 2001. A propósito, su rompimiento con la izquierda lo llevó a escribir para medios de derecha y a romper con sus antiguos camaradas, entre ellos, Noam Chomsky  y Gore Vidal, quien manifestó creer en un plan de conspiración local como los verdaderos móviles de lo acontecido en 2001. Hitchens rechazó tales teorías y rompió con uno de sus colegas y defensores más cercanos.

Después de sus cambios de facciones y de saber su enfermedad, nunca ha mostrado arrepentimiento por los bandos ideológicos por los que ha tomado partido, ni se aflige por haber llevado una vida bohemia de rico sibarita, porque sabía que todo esto le podía traer consecuencias trágicas como las actuales. Fumar tabaco  y beber su whisky preferido, dice, le han permitido concentrarse y no aburrirse ni ver aburridos a los demás, con claros ecos de unas afirmaciones de Mark Twain y de su mamá, que le enseñaron a abominar el tedio. Hoy conserva el buen ánimo y fanfarronea sobre su talante valiente frente al cáncer de esófago. Dice que no se hizo la pregunta predecible por el diagnóstico de “¿por qué a mí?”, sino que al contrario se dijo “¿por qué no?”. Su papá murió del mismo tipo de cáncer y él no parece buscar conmiseración de nadie ni los rezos ni cartas de devotos religiosos que abogan por su salud y salvación. Resta decir que muchas cartas también  han celebrado su malestar y lo han ligado con un castigo divino, o una señal del más allá para un ateo recalcitrante.

El escritor Salman Rushdie, gran amigo de Hitchens

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