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En 60 días se convirtió en mula

Andrea se endeudó a tal punto, que la única forma de pagar fue llevando cocaína a ...

Mulas, Kienyke

–Cometí el peor error de mi vida… –dice Andrea, de 34 años, llevándose ambas manos a la cara y mirando hacia el suelo.

Cuando tenía 20 años se fue de Pereira con sus dos hijas a vivir a Bilbao, España. Allí conoció al hombre que sería el papá de su tercer hijo, un niño. Vivieron precariamente pero sin que nada les faltara hasta que por andar manejando borracho, sin pase y sin seguro al hombre lo metieron a la cárcel. Andrea, que no tenía trabajo, quedó a cargo de sus tres hijos.

Luego de dos meses de no haber pagado el alquiler, Mariluz, una amiga colombiana, le presentó a Margarita, una caleña muy elegante que conseguía mujeres para que fueran mulas.

Margarita le prestó 2.500 euros para pagar la renta y salir de apuros. En pocos días se volvieron muy amigas, Margarita visitaba a Andrea en su casa casi a diario. Le regaló ropa y le llevó mercado hasta cuando Andrea estuvo muy endeudada con ella y entonces la mujer le ofreció llevar droga de Colombia a España.

Andrea se negó rotundamente. Le daba pánico la idea de pasar tiempo en una cárcel, pero Margarita le aseguró que ese no era un riesgo pues la droga iba muy bien empacada, la policía de los aeropuertos de Colombia y España estaba comprada, y en el caso de que la atraparan, ellos tenían abogados que la sacarían de la cárcel.

Leyla Andrea Arboleda, Kienyke

Sus hermanas le mandan dinero y productos de aseo personal. La única persona que la visita en el Buen Pastor es su madre.

Hacía ya seis años que Andrea no veía a su mamá, que vivía en Pereira. Ese fue el argumento que Margarita utilizó para convencerla y le ofreció 8.000 euros por traer un kilo de cocaína. Para entonces, dos meses luego de haberse conocido, Andrea ya le debía 3.000 euros y debió aceptar su oferta. Al día siguiente le entregaron sus pasajes por Avianca. Volaría de Madrid a Bogotá, luego de Bogotá a Pereira, donde estaría 12 días con su familia, y finalmente Bogotá-Madrid, su destino final.

Dejó a sus hijos con Mariluz y le prometió volver en 12 días. Mariluz le insistió que no debía hacerlo y ante la negativa de su amiga, le aconsejó que una vez  tuviera la maleta cargada de droga en su poder,  la pinchara por todas partes con una aguja para ver si salían nubes de polvo blanco. Entonces sabría que la cocaína iba mal empacada. Andrea pagó la renta de un mes y se fue para Colombia.

En el aeropuerto El Dorado, en Bogotá, la esperaban dos hombres con un cartel con su nombre y apellido. Así supo que se trataba de los contactos de Margarita. Le dijeron que se llamaban Jimmy y Carlos, y a Andrea ambos le parecieron unos malandros mal vestidos y con mala cara. Le produjeron mucho miedo e inseguridad, y no estuvo tranquila hasta que no habló con Margarita y entonces obedeció sus órdenes.

Se subió a un taxi que la llevó a una casa en Bosa, El Recreo, en Bogotá. Ambos hombres se subieron a un carro gris del cual a Andrea nunca se le ocurrió anotar las placas.

Llegaron a una casa que aún se encontraba en obra gris y donde los recibió una mujer muy gorda y de mal aspecto, la encargada de cocinar y cuidar la casa. Una vez adentro de la vivienda a Andrea le llamó la atención la cantidad de maletas que había allí.

Jimmy y Carlos se sentaron con ella y otras 3 mujeres que también viajarían y les dieron las instrucciones necesarias: debían relajarse y mostrarse tranquilas, por lo que no debían fumar. En caso de que cayeran, debían decir que no conocían a nadie, que nunca habían visto a nadie, y les aseguraron que sus abogados las ayudarían. A manera de amenaza les advirtieron que conocían a sus familias y sabían dónde ubicarlas.

Esa noche Andrea habló por celular con sus amigas en España y solo durmió una hora pues su vuelo a Pereira salía en la madrugada. Llegó a la casa de su madre sin anunciarse y debió convencer a la mujer de que todo estaba bien y le dijo que estaba en Pereira para sacar los papeles necesarios para casarse en España.

Durante esos días comenzaba la serie de RCN protagonizada por Margarita Rosa de Francisco, “Correo de inocentes”, y su madre no dejó de comentar lo bruta que era la gente que se prestaba para ser mula.

Mientras Andrea oía a su madre pensó que ella estaría bien, pues Dios, quien sabía que tenía tres hijos, la estaba cuidando. Sabía que lo que estaba por hacer era ilegal, pero prefirió no pensar en ello. Los últimos 4 días de su estadía en Pereira fueron nefastos. No pudo dormir, ni comer y no hizo más que fumar. Estaba muy nerviosa y aún más asustada, pero siguió negando que le pasara algo ante la insistencia de sus hermanas.

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