Nunca es fácil ser una celebridad

Nunca es fácil ser una celebridad

11 de Mayo del 2013

Felipe Restrepo Pombo agradece que sus apellidos le hayan abierto algunas puertas, pero es su trayectoria en el periodismo, y no su nombre, lo que habla de sus habilidades. En su último libro ‘Nunca es fácil ser una celebridad’ compiló 16 textos en los cuales entrevistó a un grupo de celebridades de la esfera política y artística alrededor del mundo. Actualmente se prepara para publicar un cuento infantil ilustrado por el mexicano Rigoberto de la Rocha, inspirado en la obra de Tim Burton. También está trabajando en un libro sobre periodismo. La noche del miércoles presentó su libro sin querer responder preguntas, pues no es su estilo. En su apartamento en Rosales, rodeado de ventanales con vista a la capital y una interesante colección de arte, contestó estas preguntas.

¿Cuál es la diferencia que planteas en tu libro entre pop e intelectualidad y alta cultura?

Yo creo que este libro es una muestra de que lo pop para mí es tan interesante como lo culto. No hay fronteras. Creo que la diferencia está en cómo se habla de esos temas. Este libro es un intento de hablar de cosas supuestamente ligeras y mundanas de una manera un poco más interesante.

¿Por qué hablaste tanto de política con Susan Sontag?

Porque me interesa mucho la política. Me parece que a veces cuando uno entrevista escritores es muy interesante preguntarles sobre sus ideas políticas. Y más a ella, una mujer que todo el tiempo tuvo unas posturas políticas tan fuertes y tan importantes.

¿Cómo decides de qué hablar, y de qué no, con tan poco tiempo, con un monstruo como es Susan Sontag?

Esa fue una de las primeras entrevistas que hice en mi vida. Me sueltan a esta mujer y yo era un niño. Al final creo que así fue mejor. Si hubiera sido menos ingenuo posiblemente no hubiera salido tan bien. Yo creo que ella se enterneció de verme llegar con mis noticas y fue muy maternal en su actitud.

¿Qué se le pregunta a Clint Eastwood que no le hayan preguntado antes?

Creo que en ese caso es imposible. Si me pongo demasiado original de pronto el señor no entiende. Si le pregunto algo que le hayan preguntado mil veces, de pronto se pone bravo. Entonces traté de guiarme por el instinto. Luego de haber leído tanto sobre él me concentré en lo que me interesaba a mí específicamente. Mi estrategia para hacer una entrevista es hacer una investigación previa muy grande de lo que se ha dicho y escrito sobre ese personaje, para no repetir preguntas. Es concentrarse en lo que falta por decir, entre todo lo que se ha dicho.

¿Y qué faltaba por decir?

¡Nada! En un caso como ese lo que trato de hacer es un panorama completo de cómo es su carrera y cómo es la persona. Y ahí me baso mucho en la experiencia que he tenido con él, que eso sí lo ha tenido muy poca gente. Esos perfiles son para mí textos narrativos en los que cuento una historia.

Luego de este libro, Felipe publicará un cuento infantil y después un libro sobre periodismo.

El periodismo, como profesión, es genérico en sus reglas, pero cada periodista le pone algo de sí mismo a su trabajo. ¿Qué hay de Felipe Restrepo en tus entrevistas?

A mí me interesa descubrir las motivaciones que han hecho a las personas lo que son. En una pregunta intento entender el proceso de un personaje. No creo que las personas sean hechos, creo que las personas son procesos que los llevan a ser lo que son. Con las preguntas que hago intento descubrir esos procesos.

De todos estos personajes, ¿no hubo alguno que fuera inmamable?

Muchos. Houellebeq, Greenaway y Schnabel. Grandes egos. Fueron muy displicentes, sobre todo Julian Schnabel que al final me dijo que podía escribir cualquier cosa sobre él, pues a él hace muchos años no le importa lo que se escriba sobre él porque está por encima de la prensa.  Peter Greenaway, a quién siempre he admirado mucho y tenía muchas ganas de conocerlo, es inmamable. Puede que sea muy genio pero yo sí creo que todo el mundo tiene que ser un poco humilde, así sean estos tipos.

¿Creaste algún vínculo con alguno de estos personajes?

Me parece un ejercicio pensar que esto es trabajo, no amistad. Pero si hay una empatía, pues sí. Yo no soy amigo de Gael (García), pero él sabe perfectamente bien quién soy yo. Y en México coincidimos mucho en fiestas por tener varios amigos en común. Pero a la hora de escribir uno tiene que dejar esas empatías y prejuicios al margen.

¿En qué nivel, y por qué intimidan estos personajes?

Todos intimidan muchísimo, sobre todo si has leído y sabes mucho sobre ellos. Saber que han hecho tantas cosas intimida. Pero lo que hay que hacer es meterse en el papel de periodista, estamos trabajando. No hay reglas de cómo hacerlo, pero conversando uno debe lograr intimidad y que no se note que uno está abrumado por el personaje. Porque entonces se crecen. Uno no se debe dejar disminuir.

Felipe tenía solo 24 años cuando entrevistó a Susan Sontag.

¿Qué hace a un buen periodista?

Una investigación exhaustiva, su responsabilidad es hacer un gran trabajo de investigación para no llegar a hacer preguntas que ya se han hecho antes. A mí me sirve mucho ensayar, imaginarme cómo va a ser la conversación con el personaje. Luego hago un guion de las preguntas organizadas por temáticas y medio me las aprendo. Sé qué quiero preguntar. Pero lo más importante es saber improvisar durante la entrevista. Yo nunca llevo preguntas escritas para que se sienta como una conversación. Crear un clima de conversación es muy importante para que el personaje no sienta que es un ejercicio de pregunta respuesta, sino una charla.

¿Cómo fue la entrevista con Ruvén Afanador?

Él quiso que yo fuera el primer periodista que lo viera trabajar. Entonces me fui a su estudio en Alphabet City, Manhattan. Antes me reuní con su amiga que le maneja prensa quien me advirtió que no le preguntara sobre su vida privada. Me dijo que iba a presenciar dos sesiones fotográficas, una con Courtney Love, y la otra con Sarah Jessica Parker y Hugh Grant, y que no podía preguntarles nada a ellos. Courtney Love llegó gritando, delirante, muy loca y estaba completamente drogada. No se quedaba quieta y no comió nada. Solo tenía un pequeño emo que se acercaba y le daba pepitas. Tiene los brazos reventados como los de un heroinómano. Ruven se demoró mucho en abrirse conmigo, el primer día no me contestó preguntas. Me interesaba mucho su infancia tan estricta y religiosa, entonces me puse en contacto con su mamá y la entrevisté. Luego me llamaron de prensa de Afanador y me dijeron que me habían advertido que no quería hablar de su vida personal y que él no quería que publicara nada. Yo les dije que esa información ya era mía y que hablaran con el abogado de la revista. Escribí lo que creía que tenía que escribir, se los mandé en un pdf para mostrarles el texto, no para que cambiaran algo. Me dijeron que había quedado muy satisfecho pero que Ruven no quería volver a saber de mí.

En el texto sobre Ingrid Betancourt te refieres a su imagen negativa pero no pareciera que se lo hubieras preguntado a ella directamente, ¿por qué?

Ese texto fue muy difícil de hacer por el personaje. Yo tenía mis prejuicios sobre ella, no me caía bien, pero me parecía un personaje interesante. Después de un mes de su liberación se dio la oportunidad de esta entrevista, entonces me preparé para cuestionarla mucho y ponerla en el paredón. Pero apareció y me pareció muy linda, muy guapa, como con un brillo, como seductora. Una mujer estéticamente muy agradable, muy atractiva, increíblemente bien vestida y muy dulce conmigo. Hablamos del Liceo Francés, nuestro colegio. Me envolvió y yo olvidé todas estas preguntas que tenía. Fue muy astuta, además me cayó muy bien y me cambió la concepción que tenía sobre ella. Luego hice una reportería como con 40 personas y le escribí diciéndole lo que la gente decía sobre ella para ver qué tenía que responder. Pero casi no tuvo qué decir, no tenía mayor defensa.

¿Cuándo te volviste tú una celebridad?

No creo que sea una celebridad. La celebridad de verdad es alguien que sale a la calle y saben quién es.