El barrendero que salvó cientos de vidas en las Torres Gemelas

11 de septiembre del 2019

Llegó a Estados Unidos buscando futuro como mago y fue proclamado héroe nacional.

El barrendero que salvó cientos de vidas en las Torres Gemelas

El 11 de septiembre de 2011 William Rodríguez se levantó tarde. Al ver la hora en el reloj llamó a su jefe y le dijo que no iría a trabajar. Pero había pocos, por no decir nadie, que quisiera reemplazar su labor: Limpiaba las escaleras de los 110 pisos de la torre norte. Así que su jefe le rogó que así llegara tarde, fuera a trabajar.

El llegar tarde salvó su vida y se convirtió en héroe nacional.

William, puertoriqueño de nacimiento, le contó a Kienyke.com que llegó a Estados Unidos con la intensión de ser un gran mago, oficio que ejercía en su natal isla, pero la realidad fue otra y sus sueños de ser una estrella del espectáculo se desvanecieron con rapidez.

Logró conseguir un trabajo como conserje de la oficina privada del gobernador de New York Mario Cuomo; después fue asignado como auxiliar logístico de las conferencias del gobernador: era encargado de organizar el agua, las sillas, el atril, el sonido.

Cuando Mario Cuomo terminó su administración William se quedó sin trabajo pero le ofrecieron ser el conserje ya no de una oficina, sino de la torre norte. Su trabajo era mantener limpias todas las escaleras del edificio. Nada fácil.

Cortesía: William Rodríguez

Si Rodríguez hubiese llegado a las 8:00 de la mañana, como tenía que hacerlo, sería una de las más de tres mil víctimas de la caída de las Torres Gemelas. Todos los días, a las ocho, subía hasta el piso 106 de la torre norte, al restaurante Windows on the World, donde por ser el trabajador del World Trade Center le daban el desayuno gratuito.

Al llegar tarde no fue a desayunar y llegó directamente hasta la oficina, un espacio ubicado en uno de los sótanos de la torre norte. Ahí estaba con su jefe, y varios de los hombres y mujeres de limpieza del complejo, cuando una explosión creó el caos.

Luego sintieron otra y luego otra. La primera, dice quien era el conserje, no fue del avión que impactó la torre norte. Fue una explosión cerca de los sótanos. Su versión se articula con las hipótesis de conspiraciones que han aparecido.

Rodríguez, un solo barrendero, como se identifica él, luego de las explosiones se convirtió en héroe. Antes de ayudar a salir a todos sus compañeros sacó alzado a un hombre que llegó a la puerta de su oficina completamente quemado.

Cuenta que sin saber de donde sacó fuerzas para alzarlo en sus hombros y lo entregó a los paramédicos que acababan de llegar en una ambulancia. Fue el primer herido que salió de las Torres Gemelas ese trágico 11 de septiembre de 2001, un día que cambió la visión del mundo.

Cortesía: William Rodríguez

En el momento en que Rodríguez guió a sus compañeros hacia la calle, no sabía qué había pasado. Cuando entregó al herido a la ambulancia a través del radioteléfono escuchó que un avión había impactado la torre.

Él se acordó de sus amigos del restaurante Windows on the World y dijo que iría por ellos. No lo iban a dejar volver a entrar pero le quitó el radio al hombre de seguridad y entró solo.

William llegó a los sótanos de la torre sur y allí se encontró con un oficial de policía amigo suyo y los dos empezaron a subir. Un par de pisos arriba rescataron a dos personas que se hallaban dentro de un ascensor, William las acompañó hasta la calle y después volvió a correr hacia adentro.

Junto con su amigo policía, empezaron a ascender por la torre norte y después de subir varios pisos se encontraron a los bomberos, fue allí cuando aparece la llave maestra que abría todas las puertas del World Trade Center.

Mientras William va avanzado abriendo puertas y ayudando a sacar gente de las oficinas, mientras va subiendo, los bomberos van detrás de él haciendo lo propio.

Como él trabajaba todos los días subiendo y bajando esas escaleras, le tomó tres pisos de ventaja al equipo de rescatistas. William avanzaba, abría puertas y más puertas y así pudo dirigir hacia la calle a decenas de personas que estaban a la espera de ser rescatadas.

Cuenta con emoción que al llegar al piso 27 había un hombre en silla de ruedas, del que los bomberos le dijeron que irían a rescatar de últimas. La norma obliga a que los discapacitados físicos sean los últimos en rescatar en una emergencia. Así que lo dejaron ahí.

William, quien después de la tragedia fue condecorado como héroe nacional, siguió abriéndole el camino a los bomberos mientras ellos también avanzaban en sus oficios de rescate.

Cortesía: William Rodríguez

El boricua recuerda que al llegar al piso 37 los bomberos le dieron la orden de no avanzar más. Le dijeron que ya había hecho mucho y que bajara. William se negó.

Solo lo pudieron convencer con una petición. Le dijeron “ve al piso 29, baja al hombre de la silla de ruedas y si quieres regresa”. Williám obedeció y arrancó hacia abajo. Al llegar al piso 29 vio al hombre en silla de ruedas y con la ayuda de tres bomberos más lo bajaron en una jaula de metal a donde lo habían puesto, para ser más fácil su traslado.

Mientras iban bajando, recuerda William, escuchó gritos de personas atrapadas en los ascensores. Los bomberos con la mirada le dijeron que no podían hacer algo por ellos. William pretendía bajar al hombre en silla de ruedas y regresar, pero el tiempo no le dio espacio.

Al llegar a la calle ya el otro avión, sin que él lo supiera, había impactado la torre sur. Los bomberos llevaron al discapacitado a una ambulancia mientras que él, antes de salir a la calle, se quedó unos pasos atrás.

Al tocar la calle cuenta que todo fue como una película: el humo, los escombros cayendo, todo rodeado de policías, paramédicos y bomberos.

Cortesía: William Rodríguez

Rodríguez miró a su alrededor y los uniformados le gritaban que siguiera caminando sin mirar atrás. Miró atrás. Solo vio cuerpos en el piso que parecían plastilinas estrelladas con violencia. Eran los hombres y mujeres que ante la desesperación se tiraban de lo más alto. “Fue horrible”, dice.

En ese momento William Rodríguez comenzó a correr. Fue el último hombre en salir de la torre norte del World Trade Center. Detrás de él el edificio se derrumbó como una frágil torre de cartas.

Aunque no pudo llegar a rescatar a sus amigos del restaurante Windows on the World, en el camino ayudó a cientos de personas que hoy le deben la vida. Los bomberos a quienes le abrió las puertas del edificio tampoco pudieron salir.

William corrió y se metió bajo un camión de bomberos de donde fue sacado, en medio de la polvareda, cuando el edificio ya estaba en el piso.

Estados Unidos le rindió grandes homenajes. El cuerpo de bomberos lo nombró bombero honorario. El entonces presidente del país, George Bush, lo condecoró. El barrendero de las Torres Gemelas se convirtió en imagen nacional.

Hoy William recorre el mundo dando conferencias y charlas motivacionales. Este gran héroe le contó a KienyKe.com que narra su historia y que enseña cómo encarar la adversidad, cómo asumir la responsabilidad social y cómo ayudar a los demás se convierte en un éxito espiritual y de vida.

William Rodríguez llegó a Estados Unidos con la intensión de convertirse en mago y 20 años después no solo hizo magia sino milagros. Fue el último hombre en salir con vida de la torre norte y le salvó la vida a los seres humanos que se encontraba a su paso.

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