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Las últimas horas del líder de la UP Jaime Pardo Leal

Con el asesinato del candidato presidencial por la Unión Patriótica comenzó el genocidio que acabó con ...

Jaime Pardo Leal
Escrito por  Roberto Romero Ospina

 

Un 11 de octubre de 1987, el ciclo de la muerte contra los candidatos se abrió con el asesinato del líder de la Unión Patriótica, Jaime Pardo Leal. Después vendrían Luis Carlos Galán en 1989 y Bernardo Jaramillo, de la UP y Carlos Pizarro, en 1990. Todos bajo el gobierno de Barco.

Pardo una vez se fundó la UP en abril de  1985 y convertido en su primer presidente, sabía que había comenzado para él el más tortuoso de los caminos. Desde entonces no conoció un solo día en paz. Uno a uno caían sus mejores amigos, todos dirigentes del joven movimiento.

En febrero de 1986 la UP lo escogió como su candidato presidencial para las elecciones de mayo de ese año. Nadie en Colombia ha hecho una campaña más fulgurante y con mayores resultados: en solo tres meses alcanzó casi medio millón de votos contra los dos partidos tradicionales.

Y ese resultado debía ser castigado por los enemigos de la paz. El 30 de agosto de 1986, apenas 23 días de haberse posesionado Virgilio Barco, era asesinado el primer parlamentario de la UP en Barrancabermeja,  el Representante a la Cámara Leonardo Posada y dos días después caería el primer senador del movimiento, Pedro Nel Jiménez cuando recogía a su pequeña hija del colegio en Villavicencio.

Jaime Pardo Leal
A raíz del asesinato de Pardo Leal se organizaron mítines de protesta en las que el componente cultural como éste del Teatro La Candelaria, fue fundamental.

Pero ya había comenzado el genocidio de la UP en todo el país con su estela de muerte. Se contaban por centenares los líderes y activistas asesinados.

Aquel domingo 11 de octubre de 1987 el turno fue para  Jaime Pardo. Quien se burlaba de la muerte hasta  el punto de botar los pasajes aéreos que la organización le había comprado para que se marchara a La Habana y escaparse por unas semanas del cerco de terror que paramilitares y agentes del Estado le habían puesto.

En otra ocasión, directamente les dijo a los jefes de la UP que no insistieran en comprar de nuevos otros pasajes pues no solo le temía al avión sino a la desgracia de separarse de sus amigos.

Por eso prefirió continuar haciendo política, de oposición,  al frente de la UP y ya uno año largo después de la contienda en que fue derrotado, todas las encuestas lo presentaban como una verdadera opción de poder en las elecciones de 1990.

Su bandera era la paz a través de la negociación política con la guerrilla y eso le granjeó la estima nacional a la vez que el más acendrado odio de los guerreristas.

El día de su muerte, Jaime fue feliz. Ni siquiera se acordó de los emisarios de la muerte que siempre lo acecharon. Comió mazorcas bien asadas, carne de cerdo y res y se bebió dos buenas totumadas de guarapo que había preparado Jairo Caro, el joven administrador de su pequeña finca de “Villa Leonor” en las afueras de La Mesa, a una hora de Bogotá.

Jaime Pardo Leal
El sepelio del dirigente de izquierda en Bogotá fue un acto multitudinario que acompañó el féretro hasta el cementerio central en la calle 26. Foto: El Espectador.

Una rara felicidad que lo llevó a disparar un tiro al aire en son de práctica. El único que por cierto hizo en toda su vida pues le tenía tanta fobia a las armas como a los aviones.

Pero ese día feliz solo le duraría ocho horas y cuarenta y cinco minutos exactos.  Caería acribillado a las tres y cuarenta y cinco minutos de la tarde por tres hombres que toda la vida no han tenido oficio distinto al de disparar.

El domingo más triste

Gloria Flórez de Pardo, su novia de siempre, por la que pelió hasta con el cura de Ubaque por querer casarse con ella en los tiempos de otra reacción, narró  cómo fue ese domingo de octubre, que se convirtió, después de la cuatro de la tarde, en el domingo más triste de la historia.

Casi inaudible, con su voz apagada por el dolor, mientras recibía pésames de las personalidades de todos los matices y gentes de todo el pueblo en el salón Elíptico, y frente a los restos de Jaime, contesto así nuestro cuestionario.

-¿Cómo fue el domingo por la mañana antes de salir para la finca?

-El domingo Jaime a eso de las siete de la mañana ya estaba despierto. Tú sabes como era él. Hablaba duro, era enérgico, lleno de vida y comenzó a despertarnos a todos. Que camine, que afane, nos decía desesperado por irse para la finca. Pocos días antes había llegado de Pasto donde había participado en el Congreso de Fenalco y quería ver su ranchito en La Mesa. A Pasto había ido y vuelto en carro por su fobia a los aviones.

Al fin nos fuimos como a las ocho y media y llegamos cerca de las diez de la mañana a “Villa Leonor”. Lo primero que hizo fue darle una vuelta a la estancia y al subir a la casita me dijo: “esta linda la finquita”. Él siempre la mantenía muy bien cuidada.

Jaime Pardo Leal
Jaime Pardo Leal fue el primer candidato presidencial de la Unión Patriótica. Fue asesinado en plena campaña en 1987. Foto: Semanario Voz.

 

Comprando mazorcas

-¿Cómo fue el camino para “Villa Leonor”?

-Íbamos todos contentos. Jaime manejaba el jeep, un Nissan blanco.  Bajando para La Mesa me dijo que paráramos en el mercado que hay en el auspicio. Allí, él mismo hizo la compra: plátanos, mazorcas, carne de cerdo y de res pues quería un almuerzo campestre junto a sus hijos, Fernando, Edison e Iván. Me recomendó que asara las mazorcas en la estufa, pero como ahí no quedan me conseguí un asadorcito y se las hice a la brasa como le gustaban. Esta feliz y hasta tomó guarapo pues les había dicho a los agregados  de la finca que le regalaran unas totumadas.

-¿Y después del almuerzo?

-El tiempo pasó muy rápido. Antes de regresar a Bogotá me dijo que preparáramos la tableta para desinfectar la piscina y tomáramos las medidas que hacían falta para terminar el salón que estaba construyendo en la casa y enviar el martes 13 los materiales. Era un salón que él quería hacer para llevar a sus amigos y camaradas a disfrutar en “Villa Leonor” pues le encantaba pasarla bien con sus compañeros compartiendo esa alegría y fraternidad que los distinguieron siempre.

-¿Estando el puente del 12 de octubre de por medio, por qué deciden retornar tan temprano?

-A las tres de la tarde le volvió el afán. Que camine para Bogotá, chatica, que ya tu sabes que tenemos que ir a la boda de Álvaro, me decía. Como tu sabes, Álvaro Salazar, dirigente de la UP, se casaba ese domingo a las cinco y Jaime le había prometido que no le fallaría a la boda. A las tres y media de la tarde nos embarcamos.

Un tiro y un sombrero

-¿Hizo algo bien diferente ese día que te llamara la atención?

-Quizá contagiado por la alegría de ese día se atrevió a disparar lo que nunca había en su vida. Hizo un tiro al aire, él que jamás tomó un arma. Me dijo como sorprendido: “hoy hice una cosa distinta, hice un disparo”.

-¿Y cómo transcurrió el viaje de regreso?

-Él tomó de nuevo el volante del carro y como me pareció que iba rápido le dije varias veces que no corriera tanto, que no había afán. Y me contestaba: “no chatica, vamos a buen ritmo, a buen ritmo”.

Faltando como diez minutos para el peaje me recordó que no tenía suelto para cancelar. Como llevaba el sombrero llanero que tanto le gustaba, como mal puesto, nos pusimos a molestarlo y se lo puse al revés colocándoselo luego al derecho después de las carcajadas de todos. Iba riéndose conmigo…

–Entonces…

–De repente, en fracción de segundos, sentí, como te diría…como un ruido que le queda a uno zumbando en los oídos, como si estuviera lloviendo, opaco y gris todo; entonces vi que el carro se fue para un lado y lo miré que perdía el control. Le tomé la cabeza hacía mí, agachándome, quizá instintivamente para protegerlo, para que no le hicieran nada, pero ya era tarde; entonces me di cuenta que lo habían matado, que nos iban a matar a todos. Y sentí que en esos instantes una bala pasó sobre mi cabeza después de atravesar el vidrio delantero.

-¿Pero no notaron algo extraño minutos antes del atentado?

-Bueno, unos minutos antes se le atravesó un carro a Jaime y el chofer lo insultó. William, el guardespaldas, dice que lo amenazó diciéndole que no sabia lo que le esperaba. Nosotros creíamos que quizá era porque Jaime tal vez iba mal por la vía porque no lo dejó pasar. Comentamos: ahí como que le echaron la madre a Jaime. Pero en seguida fue el atentado, a solo quince minutos de haber salido de la finca. Él iba mirando el reloj por lo de la boda de Álvaro.

Apartes de una entrevista con la viuda de Jaime Pardo Leal, Gloria Flores de Pardo, un día después del magnicidio.

 

*Este perfil fue escrito el 4 Marzo de 1986 cuando se lanzó su candidatura presidencial.


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