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La tristeza oculta de ‘Rafael Orozco’

Tiene miedo de hablar con su hijo. Hace once años no habla con él. Lo abandonó para cantar de pueblo en pueblo persiguiendo el sueño de convertirse en famoso. Mientras en La Guajira, Cesar y Norte de Santander se escuchaba la voz de Jorge Martínez, su hijo, Duván Felipe, crecía sin padre en Aguachica (Cesar). Ya debe tener 14 años y Martínez teme un reclamo por su ausencia.

A finales de noviembre de 2011, dos imitadores se disputaban un premio de 500 millones de pesos en el concurso ‘Yo me llamo’ del canal Caracol; uno era Luis Eduardo Correa, el doble de Nino Bravo; el otro, Jorge Martínez Fonseca, el doble de Rafael Orozco. Mientras en Bogotá los dos contrincantes cantaban, Duván Felipe veía el show en el televisor de su casa en Aguachica y animaba al disfrazado de Orozco, su ídolo. La abuela materna, que no pudo contener las ganas de confesar el secreto, le dijo al niño que el hombre a quien animaba todas las noches era su padre.

En ese momento Jorge Martínez se arrodillaba en el suelo del teatro Astor Plaza de Bogotá, y daba gracias a Dios por el trofeo y la plata. Su sueño de ser famoso se había hecho realidad. Tenía en sus manos un cheque millonario.

Durante las audiciones de ‘Yo me llamo’, Jorge Martínez se roba la atención del público, que no deja de pedirle autógrafos. 

Dos años atrás, cuando Martínez era desconocido y recorría los pueblos entonando vallenatos, decidió volver al punto de partida y encontrarse con su pasado. En Aguachica preguntó por su hijo, le dijeron que estaba en una peluquería y se encaminó hacia allí impaciente por verlo. Se detuvo en la puerta, no sabía qué hacer. No hizo ruido, no quería que lo viera el niño, tenía vergüenza de ser un cantante vagabundo y pobre. Vio a su hijo de espaldas y a la madre esperando en una silla. Se fue. Ese día se hizo la promesa de regresar cuando fuera famoso.

–Ya es hora de explicarle todo a Duván –Dice Martínez mientras saluda a una decena de admiradores que se congregan en las audiciones de la segunda temporada de ‘Yo me llamo” en Bogotá.

La gente le pide autógrafos. Las luces de las cámaras se encienden a cada instante iluminando su rostro y los policías tratan de apartar a la fanaticada que trata de tocarlo. Él firma papeles haciendo un extraño garabato y escribe frases de cariño. Se siente feliz al ser reconocido.

Todo comenzó a lomo de burro. Desde que tenía siete años, su padre lo llevaba junto con dos hermanos más a la parcela donde crecía maíz, plátano y yuca. Cantaba vallenato desde las cinco de la mañana, cuando montaba la bestia. Al llegar a la parcela espantaba a las aves invasoras con su canto. El sol lo dormía y su padre llegaba con un rejo en la mano para despertarlo del sueño de ser artista. Martínez sabía que era un perezoso en las labores del campo, por eso se marchó de la casa cuando tenía 16 años con una orquesta vallenata recién conformada llamada Los Elegidos. Cantaba con hambre pero era feliz.

Así era Jorge Martínez antes de convertirse en Rafael Orozco.

Todo el mundo le decía que trabajara. Los amigos le regalaban hospedaje y comida. Duván crecía y el artista naciente se perdía en los pueblos del Caribe hasta que la televisión los reencontró.

La demanda por el segundo hijo

Días después de dar gracias a Dios, a todo grito, en el capítulo final del concurso, conoció la parte amarga de la fama; los titulares de las noticias del medio día decían que el ganador de ‘Yo me llamo’ tenía una demanda por alimentos. En la televisión salía una mujer diciendo que Martínez no quería responder por su segundo hijo de ocho años llamado Juan David. En la misma nota televisiva salía el cantante con un cheque de tres millones que había consignado en la cuenta de la demandante.

Según Martínez, en la época en que estaba saliendo con la mamá de Juan David, él le pedía a ella que se cuidara, pues no quería tener más hijos. La mujer le aseguraba que lo hacía mostrándole pastillas anticonceptivas. Un día él se cansó de la relación y así se lo confesó. Ella lloró, le dijo que lo amaba y solo le pidió una noche de regalo. Martínez aceptó el trato. Un mes después la ex novia le dijo que estaba embarazada.

–¡Cómo, tú me dijiste que te cuidaste! –reclamaba el hombre.

Martínez espera vencer el miedo de reencontrarse con su hijo.

Con la responsabilidad a cuestas, trató de ser un hombre trabajador pero no lo logró, quería seguir en la música y así se lo dijo a la madre del segundo hijo. Ella se comprometió a criar al bebé. Acordaron que Martínez apoyaba con lo que pudiera.

A Juan David lo visitaba una vez al mes, cada dos meses o cuando podía. El niño le decía Jorge, la madre lo acostumbró a llamarlo de esa manera. Solo lo llamó papá el día que el artista tenía bajo el brazo el gigante cheque de 500 millones de pesos.

“Sé que no he sido un buen padre pero la vida me está dando la oportunidad de estar con mis hijos. Todo esto lo hago por ellos, pero a las mamás de ellos no quisiera verlas. Como me ven con plata entonces valgo mucho”.

Por ahora busca reencontrarse con Duván Felipe y seguir brindándole cariño a Juan David. Espera que si lo hijos lo apoyaron como Rafael Orozco, lo apoyen como Jorge Martínez. “para ellos soy más que un cantante, soy su papá”

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