La fruta de la muerte silenciosa

La fruta de la muerte silenciosa

13 de Febrero del 2017

Cada verano, en un pueblo de la provincia de Muzaffarpur, en el nordeste de la India, morían cientos de niños inexplicablemente. Cuando la temporada de lluvias llegaba, la rara enfermedad desaparecía tan misteriosamente como había llegado. Nadie sabía qué estaba pasando.

La sintomatología era la misma en todos los casos: los niños despertaban en la madrugada, llorando agudamente y luego empezaban a convulsionar. Después entraban en coma. Más del 60% de lo pequeños moría antes de llegar al hospital. Todos los casos se presentaban durante una misma fecha del año: desde mediados de mayo hasta finales de julio.

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Hasta 1995 se manejaron distintas hipótesis. Se creía, por ejemplo, que podría ser una epidemia viral, pero la enfermedad no se comportaba como un virus, es decir no se contagiaba. En una casa podría haber un niño enfermo y dos o más sanos; o en un poblado entero morir uno solo, mientras que a los otros no les pasaba nada. O al contrario: morían muchos y sobrevivían pocos. También se pensaba que serían infecciones ocasionadas por ratas, murciélagos o tábanos. O si no, era el producto de los químicos que se usaban para fumigar los cultivos de lichi, una fruta típica de la región.

Pero no: ninguna de las sospechas era cierta. Así lo explica un artículo del New York Times.

Un asesino que no dejaba pistas.

Fueron poco más de 20 años lo que duraron los científicos tratando de encontrar respuestas a las muertes inexplicables. Como en un libro de misterio, las pistas no parecían conducir a ninguna parte. Y también, tal cual la trama de una historia de crimen, con el tiempo y el trabajo se fue llegando a la guarida del asesino. Pero no era un asesino de carne y hueso: era un árbol.

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Lo primero que notaron los investigadores fue que los niños no presentaban alza en el conteo de glóbulos blancos, es decir que no había evidencia de que el cuerpo de ellos luchara contra alguna infección. La primera hipótesis se pudo descartar entonces: no era de origen infeccioso.

La segunda conclusión a la que llegaron fue que todos los afectados mostraban niveles de glucosa muy bajos. Hasta este punto de la investigación, eso no había sido importante. Pero cuando lo descubrieron, notaron que esos niños —los de bajos niveles de glucosa— eran los que tenían más probabilidad de morir. Eso le permitió deducir, además, que esos niños eran los que más mal alimentados estaban. Segunda hipótesis: los niños desnutridos eran los más proclives.

La tercera pista, definitiva y contundente, surgió por casualidad cuando un colega médico mencionó que el mal se parecía mucho a algo conocido como “enfermedad del vomito de Jamaica”, y que fue la responsable, durante décadas, de causar inflamación de la corteza cerebral, convulsiones, y alteraciones del estado mental de los niños.

El brote de la “enfermedad del vomito Jamaica”, explica el New York Times, estuvo vinculado con el consumo de la manzana del árbol Blighia sápida, o akee, que inhibía la capacidad del organismo de sintetizar la glucosa. Esto permitió inferir que al parecer, los niños estaban consumiendo algo que les estaba impidiendo procesar loa azucares. ¿Pero qué era? Empezaron, entonces, a analizar la dieta, y cuales alimentos podrían cumplir la característica de impedir el procesamiento de la glucosa. Una sola fruta encajó perfectamente en la descripción: el lichi.

Y las fichas iban encajando como en un rompecabezas. El área de Muzanffur, donde más muertes se presentaban, producía más del 80% del lichi que se consumía en la India ¿Casualidad? Una observación posterior demostró que por la cantidad de árboles de la fruta, a los niños les resultaba muy fácil comerla y en grandes cantidades.

Ahora, todo mundo en la región comía el lichi, pero los afectados eran especialmente los niños. Pero no cualquier niño. Luego de un seguimiento a los casos, se determinó que la enfermedad caía con más fuerza sobre menores de 12 años, y que no presentaban niveles de nutrición adecuados para la edad.

El lichi (litchi chinesis) es una fruta tropical de la familia de los sapindaceae. Se da sobre todo en el sur de China, en Indonesia y en el norte de la India. Aparentemente es una fruta normal, un poco parecida a la fresa, con un hueso o “pepa”, rodeada de una pulpa pastosa y de color rosado. Su sabor es dulce.  Se le considera exótica, e incluso se dice que tiene propiedades antioxidantes, y grandes reservas de agua, potasio, magnesio y calcio.

lichi

No obstante, en el lichi hay una toxina nociva para la salud. Básicamente, esa toxicidad consistiría en que la fruta tiene aminoácidos inusuales que interrumpirían la glucogénesis. En otras palabras, el lichi impediría la degradación del azúcar, lo que afectaría sobre todo el hígado.

Durante años, las muertes causadas por el consumo del lichi no tuvieron explicación, por lo que “fue una aventura médica de declives que tuvo una duración de dos años, a medida que epidemiólogos analizaban de cerca las vidas de cientos de niños enfermos, tratando de entender todo lo que habían comido, bebido y respirado”, explica el estudio publicado en la revista médica Lancet, llamado Asociación de encefalopatía tóxica aguda con consumo de lichí en un brote en Muzaffarpur, India, 2014: un estudio de casos y controles.

Todo era una suma de circunstancias: la fecha del año que aumentaba la cosecha, los desequilibrios metabólicos (desnutrición) y el consumo de lichi, sobre todo por la mañana, eran, sin duda, la causa de miles de muertes que hasta ahora habían sido inexplicables.

A partir de 2014, cuando se “descubrió el enigma”, las autoridades de la región diseñaron medidas de prevención y atención por lo que, después de 20 años, las muertes disminuyeron de miles a menos de 50.

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