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La milagrosa de Jericó

Recogiendo los pasos de la Madre Laura: testimonios de personas que la conocieron y de otras ...

Madre Laura

Cuando la niña tenía entre dos y tres años, los Liberales asesinaron a su padre. Su madre debió vender la casa y la familia quedó en la calle. A la pequeña Laura la criaron sus abuelos en haciendas alejadas de la población. Desde los siete años, la niña comenzó a imitar las vidas de los santos, sobre quienes siempre le leían. Oraba durante largas horas llamando a Dios a gritos. Prestaba mucha atención en los sermones y cuando llegaba a la hacienda los repetía de memoria. Solo pensaba en comulgar y solía escaparse a una capilla cabalgando a toda velocidad durante la madrugada. Volvía antes de que cualquiera se hubiera levantado. Nadie se percataba de sus fugas. Cuando cumplió dieciséis años decidió que sería maestra para ayudar a su madre y comenzó a estudiar en la Normal de Institutoras de Medellín. Luego fundaría, con su prima Leonor Echavarría, el Colegio de la Inmaculada.

Madre Laura

Además de su vida entregada a enseñar la palabra de Dios, la Madre Laura era reconocida por su indiscutible belleza. 

En un viaje que hizo a la región de Guapá, en el Chocó, a visitar una tribu de indios se dio cuenta de su verdadera vocación: Dios la estaba llamando a evangelizar infieles. La Madre Laura solo contaba con Aspirinas, bicarbonato y manzanilla, y con ello curaba a los indios de disentería, diarrea y cualquier mal que padecieran. Cuando llegó a las selvas de Dabeiba  una invasión de langostas había dejado sin alimento a la población. La Madre Laura llegó a evangelizar indígenas pero estos le exigieron que acabara con las langostas si pretendía enseñarles sobre Dios. Ella se apartó y comenzó a orar rogándole a Dios que se llevara las langostas. Mientras oraba las langostas comenzaron a desaparecer hasta que no quedó ni una sola, y así mismo se desaparecieron sus huevos.

Entre 1914 y 1917 fundó la Congregación Religiosa Diocesana de las Misiones de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena. Un 21 de octubre de 1949 y luego de padecer una terrible meningitis, la Madre Laura murió en su propio convento del barrio Belencito, en Medellín. Entre las pocas personas que la acompañaban en el momento de su fallecimiento se encontraba la hermana Estefanía, que por entonces era una niña.

–Sufrió mucho –dice. Eso es típico de los santos, sufren mucho. Tan amigos que son de Dios y sufren tanto…

La hermana Estefanía, quien cumplirá noventa años, conoció a la Madre Laura cuando tenía seis y ésta tenía alrededor de sesenta. Su tía y su mamá estudiaron en el Colegio de la Inmaculada y cada vez que la Madre Laura iba a Medellín a hacer alguna diligencia, las mujeres llevaban a la niña a que la viera. La recuerda como una mujer muy atractiva (de lo que son testigo sus retratos), cariñosa, de una conversación muy amena, muy graciosa, conversaba del tema que le pusieran y era muy abierta con todo el mundo.

–No era que todo el tiempo estuviera hablando de Dios, pero daba a Dios en su semblante, su modo de expresarse, en todo. Las personas que tienen a Dios lo dan sin necesidad de hablar de él. Hay personas muy buenas, atentas, serviciales, amables y sencillas. Eso es llevar a Dios. Así era la Madre Laura, eso son los santos. Nadie piensa en ser santo. Sabemos que tenemos que trabajar para santificarnos, pero ese no es nuestro fin. El fin de la Madre Laura era obrar bien, llevar la evangelización a quienes no conocían a Dios para glorificarlo. La santidad viene a consecuencia de trabajar por la gloria de Dios. Si somos bautizados, todos tenemos que tender hacia la santidad. Se puede ser santo en su trabajo, realizando el común y corriente de todos los días, si se vive la profesión con amor y cariño. Todos tienen las mismas posibilidades, pero el que quiere se hace una persona digna. El que no, se arrastra por las calles. El que quiere seguir las leyes de Dios se santifica. Todas esperamos santificarnos, no que seamos canonizadas, eso no es lo indispensable, pero sí lo es cumplir con la ley del Señor y nuestras obligaciones. El ideal es la gloria de Dios, y la santidad se deduce de ahí, viene por añadidura. A nadie se le ocurre entrar a un convento para que cuando se muera lo canonicen. Y es que los milagros que se hacen en vida no se tienen en cuenta en los procesos de Canonización. Un milagro es un favor de Dios, pues él quiere mostrar que esa persona sirve como ejemplo de vida perfecta para otros, una vida entregada al servicio de sus hermanos: un modelo de virtudes.

Madre Laura

La hermana Estefanía, que vive en el Convento de la Madre Laura en Medellín, es de las pocas personas con vida que la conocieron.

Un expediente de 48 kilos y dos milagros: ¿qué necesitó la madre Laura para convertirse en santa?

La primera etapa del proceso fue un estudio histórico de la vida de la Madre Laura. Para ello hubo testigos bajo juramento ante un tribunal, y se llevó a cabo en la arquidiócesis de Medellín. Una vez aprobada por el tribunal, se envió la documentación a Roma y allá volvió a ser estudiada. Se leyeron todos sus escritos y correspondencias. Su archivo pesaba 48 kilos. El estudio sobre su caso comenzó en 1963. Luego pidieron los dos milagros, que fueron estudiados con rigurosidad.

Para la beatificación (que significa declarar que un difunto, cuyas virtudes han sido previamente certificadas, puede ser honrado con culto), la Iglesia exige un milagro: algo extraordinario, una manifestación de Dios para que el público vea que esta persona verdaderamente ha servido a Dios y ha practicado las virtudes en grado heroico. El primer milagro fue haber curado de cáncer de útero a una mujer de 87 años que estaba desahuciada y era la madre de una de las monjas del Convento de la Madre Laura. Sus médicos nunca pudieron dar una explicación científica del milagro. A su vez, el proceso de canonización (que significa declarar solemnemente santo y poner en el catálogo de ellos a un siervo de Dios, ya beatificado) pide otro milagro, que en el caso de la Madre Laura fue el del doctor Carlos Restrepo, en Medellín.

La Madre Laura recibió el título de Venerable el 22 de enero de 1991. El 7 de julio de 2003 fue promulgado el decreto de su beatificación y el 25 de abril de 2004 fue beatificada por el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro, en Roma. Se espera que el lunes 11 de febrero el Vaticano dé la fecha para su canonización.

  • http://www.facebook.com/cristina.diosamartinez Cristina Diosa Martinez

    Que felicidad poder estar en la celebracion de la canonizacion

  • http://twitter.com/gloria_soto_10 Gloria Soto

    Esperamos la canonización del resto de beatos que están en proceso.

  • http://www.facebook.com/rafael.gonzalez.parrado Rafael Albeiro Gonzalez Parrad

    gracias madre laura por permitir la masacre colonialista de los nativos américanos en colombia y genocidio cultural de nuestra lengua y costumbres ancestrales por parte de la iglesia catolica y sus peones !

    • Jhonatan Alarcon

      Y gracias a usted por informarse que la Madre Laura fue una de las que mas trabajo por los derechos de los indigenas, incluso, trato de aprender muchas veces el idioma para poder predicarles a los indigenas en su propia lengua y asi preservar su cultura.
      La proxima vez que suelte basura como esa, INFORMESE PRIMERO!!!

    • Ángela María Vásquez Cardeño

      Me imagino que para afirmar algo con tanta vehemencia es porque lo vío o mas aun porque lo vivío, porque de otra forma no me explico como puede afirmar algo que no tiene ningun fundamento.

  • jorgea

    Soy un escçeptico y por tanto ateo. No creo ni siquiera en la afeitada más a ras, menos en milagros indemostrables sucedidos hace años. Lo que quieren relamente los paisas es tener un elemento turístico que lleve gente a esa ciudad a ver como lograr hacerse a unos cuantos dólares.

  • belda moncayo

    El que quiera oir que oiga y el quiera ver que vea, solo no seamos tan arrogantes de pensar que no hay milagros, y un Dios que lo permite, es curioso saber que estos incredulos a la hora de la muerte claman ayuda al Señor ojala no sea tarde para ellos

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