Los hermanos invidentes que dan clases en Medellín

15 de mayo del 2016

La hermana aprende a ser profesora y le enseña a su hermano cómo serlo

Los hermanos invidentes que dan clases en Medellín

Los hermanos Olascoagas heredaron la discapacidad de sus padres, quienes también eran invidentes. Ambos se han convertido en la luz del colegio El Pedregal, ubicado al noroccidente de Medellín, en donde la microftalmía congénita (que les impide ver) no obstruyó el deseo de los dos para ser docentes y ayudar a niños con discapacidad.

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María Del Pilar Olascoagas es mayor que Carlos Alberto, su único hermano, y la primaria la estudió en escuelas para ciegos y el bachillerato en un colegio común. Desde muy pequeña deseó ser maestra y, a la temprana edad de 9 años, lo consiguió enseñándole a su hermanito todo lo que sabía, debido a que él no fue admitido en ningún colegio porque, aparte de ser invidente, tiene discapacidad motriz.

Después de terminar el colegio, María quiso ser catequista (por el profundo amor que siente por Dios) por lo que ingresó a la Universidad Pontificia Bolivariana a estudiar Ciencias Religiosas. “Nosotros todo se lo debemos a Dios, él hizo que mi hermano y yo saliéramos adelante y que día a día transformemos las vidas de los niños con esta condición. Ser docentes es un don hermoso que cada día quiero cultivar y engrandecer”, comentó con alegría.

Tras terminar su carrera, María entró a ser docente de religión en un colegio privado de la ciudad. Allí permaneció 4 años. Después de ese tiempo, decidió postularse al concurso de docentes de la Alcaldía de Medellín y, entre 106 maestros, fue seleccionada. Le asignaron el colegio Institución Educativa Pedregal, donde este año ajustó 20 de servicio.

“Recuerdo que sentía miedo… Pensé que por mi condición se me iba a hacer difícil conseguir el empleo y más porque a esa primera entrevista fueron otras 106 personas, pero, gracias a Dios, al otro día me llamaron y me dijeron que yo era la seleccionada”, recuerda María.

Su hermano, Carlos Alberto, estudió filosofía en la Universidad Abierta y a Distancia (UNAD). En el 2011 pasó el examen y pidió una vacante que había en el mismo colegio de su hermana. Así ambos se acompañarían. Incluso, a veces, se piden apoyo y asesoría cuando preparan sus clases.

“Para mí ha sido muy significativo compartir con los estudiantes. Ellos propician espacios de respeto y receptividad”, afirma Carlos.

En la institución, los alumnos dicen comprender y respetar a los docentes con esta condición. Además dicen no ver la ceguera como una discapacidad. “Siempre los profes se han tratado con respeto. Uno como estudiante entiende que debe evitar interrumpir las clases o hacer desorden. He recibido clase de los dos profesores y no les veo diferencia de los demás”, cuenta Julián Arroyave del grado 8°.

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Fundadores de la corporación Corpanin

Con la aprobación de la ley 97, que obedece al cierre de las escuelas para personas con discapacidades, los hermanos deciden fundar Corpanin, fundación que se encarga de potenciar las dimensiones humanas de los niños y jóvenes con discapacidad visual. Esto lo logran a través de programas como estimulación infantil adecuada, desarrollo de habilidades pedagógicas y socio-ocupacionales, apoyo, asesorías y la ejecución de talleres artísticos y vocacionales.

En las mañanas y los fines de semana, María y Carlos dirigen en su casa la Corporación Educativa para Niños invidentes, donde atienden de forma gratuita, y con la ayuda de algunos padrinos, a 65 niños con discapacidad.

“La fundación va a ajustar 10 años y es lo mejor que nos ha podido pasar (…) Ver cómo familias sin esperanza ahora sonríen y cómo los niños muestran alegría, es el mejor pago que uno como docente puede tener”, finaliza María del Pilar.

Para el par de hermanos lo que viene ahora es seguir enseñando, a miles de niños, que no hay discapacidad alguna para cumplir sus sueños, incluso aunque no los puedan ver.

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