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“Pensé en suicidarme”

Después de dejar el modelaje y la actuación, Amada Rosa Pérez se dedicó a rezar. Hoy ...

Amada Rosa Pérez

Esta no es la típica oficina donde reposan decenas de expedientes apilados en el piso y se habla de corrupción, inhabilidades y sanciones. Aquí, en la sección de Bienestar Social de la Procuraduría, se respira una extraña calma. Entre los 13 empleados que allí trabajan, hay una cara conocida. Viste camisa blanca, jeans y mocasines, un rosario de perlas blancas cuelga de su cuello, la imagen de un virgen decora su celular y en uno de sus dedos sobresale un rosario convertido en anillo. Es Amada Rosa Pérez, quien dejó de ser una de las más cotizadas modelos y actrices de Colombia para dedicarse a rezar.

La recordada actriz de la novela ‘La costeña y el cachaco’, la chica Águila y chica Med, hoy tiene un cargo técnico de no más de 2,3 millones de pesos mensuales y un contrato de seis meses. Su trabajo consiste en realizar programas de ‘Bienestar Laboral’ y lograr que los 1.800 funcionarios mantengan el orden y el aseo en sus puestos de trabajo. También debe prevenir que nadie tenga armas cortopunzantes en sus puestos de trabajo o cuidar que una matera no les caiga encima.

Acaso llegó a la entidad debido a su cercanía con el procurador General, Alejandro Ordóñez, por cuenta de las obras sociales y la religión. Hace un mes y medio ambos coincidieron en un evento social donde el alto funcionario le propuso trabajar con él. Ella no dudó y hoy es una figura simbólica entre todos los empleados. No pasa inadvertida, mantiene su estilo de pasarela cuando camina por los pasillos, aunque para ella eso hace parte del pasado.


Amada Rosa Pérez trabaja en un cubículo de 2×2 en la oficina de Bienestar Social de la Procuraduría. 

Amada Rosa está entregada por completo a la religión. Hace parte del grupo de la Legión de María y, según la versión de quienes la han visto en sus momentos de oración, puede pasar hasta cinco horas recitando plegarias a la Virgen. “Ella (María) es mi mamá y no la niego”, dice Amada cuando se le pregunta por el tema. Reza al levantarse, reza en la tarde y reza en la noche. Reza, reza y reza.

¿Por qué Amada logró esa conversión de vida después de tener a sus pies a las empresas de modelaje más importantes del país y a los productores de telenovelas de los dos grandes canales de televisión? Ella lo resume en una frase. “No era coherente con mi vida”. Cuenta que se cansó después de protagonizar  las novelas ‘Lorena’, ‘Vuelo 1503’, ‘Don Roque buena papa’ y ‘Buscando el cielo’ y decidió escuchar su interior: la conexión con la fe.

Hoy no usa accesorios costosos como los que exhiben las modelos. Es dulce al hablar y transmite buena energía. En ocasiones se llama a sí misma Amada Rosa de Jesús y María.

Cuando se le pregunta si es cierto que en algún momento pensó en suicidarse, como se comentó en la prensa, mirando directo a los ojos dice: “pensé en hacerlo pero no lo intenté”. Lo pensó después de provocarse un aborto por cuenta de una relación sentimental fallida y por el “qué dirán”.


Amada Rosa impactó a las agencias de modelaje por su parecido con la top model alemana Claudia Schiffer.

Después de eso, Amada Rosa empezó a tener pesadillas con niños. Cuando tenía uno cerca, calculaba cuántos años tendría el que ella había perdido. “Es un síntoma del síndrome post aborto. Cuando una mujer decide acabar con la vida de un ser humano está perdiendo la esencia. Se pierde el sentido de la vida y llegan esos pensamientos suicidas. Es una culpa que uno vive con ella toda la vida”, dice con vehemencia.

Quizá por segunda vez Amada Rosa sentía que su vida era un desastre. Ya lo había vivido a los 15 años, cuando salió de Corozal (Sucre) rumbo a Bogotá. No sabía qué hacer: estudió un Pre-médico y un semestre de enfermería en la Universidad Javeriana. Se marchó a Cartagena donde cursó tres semestres de Administración de Empresas Turísticas. Dos años después regresó a Bogotá para realizar un semestre de Comunicación Social. “Estaba chiquita y no estaba ubicada”, asegura. Un día, luego de regresar a Cartagena, alguien la vio en un gimnasio en el sector del Pie de la Popa y le propuso que modelara. La persona le dijo que ella guardaba cierto parecido físico con la modelo Claudia Schiffer.

Desde entonces se convirtió en figura pública. Estudió actuación y pronto ganó cuatro concursos, entre ellos el de Chica Águila, que le abrió la puerta a la gloria. Apariciones en comerciales, pasarelas y muchos flashes de cámaras se convirtieron en una rutina para ella. Su imagen era admirada en medio país y también solía modelar en el exterior. Tuvo que aumentar el trabajo físico para mantenerse en forma, dentro de los estrictos estándares de talla y peso que exigen las agencias de modelaje. A esto le sumó muchas dietas y dos cirugías. Vivía en un mundo de glamour y extravagancias, muy lejano al que conoció cuando era una niña de pueblo.


La ex modelo es capaz de rezarle a la Virgen durante una tarde entera.

Pero detrás de la fachada de fama se esconden también negras verdades. En 2002 Amada Rosa las conoció. Según un informe de la revista Cromos del periodista Juan Carlos Giraldo, la actriz lloró en Milán (Italia) treinta días seguidos con sus noches completas. Había llegado allí para cumplir dos meses de contratos de modelaje y descubrió a niñas de quince años que se entregaban al alcohol, las drogas y el sexo con el fin de sobresalir.

Después de la crisis encontró la calma en la Virgen. Hizo un proceso de sanación con sicólogos y se apegó a la fe. Esa fue su salida. Desde entonces en su entorno no se habla de otra cosa que de oración y obras sociales. En su página de Facebook comparte algunas fotografías de su época de fama, de portadas de revistas y de encuentro con famosos, pero al mismo tiempo escribe allí que nada de eso le hizo encontrar la paz interior. Ese registro lo mezcla con fotografías abrazando una cruz, vestida de virgen y orando con rosarios enredados en sus manos.

Así pasa sus días Amada Rosa Pérez, una bella mujer que aún se ejercita en un gimnasio al que tiene entrada vitalicia. Habla abiertamente de su pasado ‘descarriado’, como ella lo llama, y de su encuentro con Dios, su nuevo oficio como servidora pública y su sueño de terminar, por fin, una carrera universitaria.

También habla de una malformación congénita en su oído izquierdo que le hizo perder el 40 por ciento de audición. El único tema prohibido es el de una pasada relación sentimental que quizá la llevó a cometer errores. Hoy está segura de que sus angustias han sanado. La actriz cierra la charla con una sentencia: “Nunca le comí cuento a la fama”. Tal vez por eso hoy no le importa estar sentada en un cubículo de 2×2 metros y ocupar un cargo donde disfruta de la tranquilidad del anonimato.

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