El extraño caso de las manos cercenadas al presidente Perón

11 de junio del 2019

Hace 32 años profanaron la tumba del expresidente argentino y se robaron sus manos.

El extraño caso de las manos cercenadas al presidente Perón

Wikipedia

El general Juan Domingo Perón, el presidente más famoso de Argentina del siglo XX, murió a los 78 años, el 1 de julio de 1974. Luego de tres días de duelo nacional y que su cuerpo inerte pasara por La Catedral, y el Congreso, donde permaneció por tres días más, y fuera visitado por casi 150 mil personas, fue sepultado en una cripta que se mandó a construir en la Quinta de los Olivos, la principal residencia oficial de los mandatarios argentinos.

Los restos de Eva Perón, su segunda esposa, también fueron trasladados hasta aquella cripta.

Dos años después, en 1976, meses después del golpe militar encabezado por Jorge Videla, los restos de Perón y Eva fueron retirados de la residencia presidencial. El expresidente fue trasladado a un panteón familiar en el cementerio de Chacarita, en Buenos Aires, y el cuerpo de Eva se llevaron al cementerio de la Recoleta, también a una bóveda familiar.

11 años después, a finales de junio de 1987, los cuidadores del cementerio de Chacarita notaron algo raro en la bóveda de los Perón y de inmediato dieron aviso a la familia del expresidente, quienes al revisar la cripta evidenciaron que esta había sido abierta.

Cinco horas duró la inspección al cofre en el que reposaban los restos embalsamados del general tres veces presidente de la república gaucha. El juez Jaime Far Suau lideró el caso.

En horas de la tarde de aquel 1 de julio, día en se conmemoraba el treceavo año de la muerte del general, se dio a conocer que de su tumba se habían robado el sable militar y que al cadáver momificado habían cercenado las manos, las cuales, 32 años después, no han aparecido.

Las primeras investigaciones determinaron que para cortar las manos del militar usaron una sierra de Gigli. Los cortes no fueron parejos, pero sí fueron contundentes. La mano derecha del expresidente fue cortada en arriba de la muñeca y la izquierda por debajo de la muñeca.

Tres décadas después no se conocen autores materiales e intelectuales de robo, que generó en La Argentina el grito descomunal del pueblo peronista. Muchas hipótesis rodearon y siguen rodeando el extraño caso. Personas que lo han rodeado han muerto en también extrañas circunstancias, incluyendo el juez que investigó el hecho desde el inicio.

Dentro de las hipótesis que se tejieron en su momento los investigadores nunca han descartado que el robo de las manos se hizo con la intensión de apoderarse de una fortuna descomunal que Perón tenía escondida en algún lugar de la tierra y que la única forma de abrir aquel tesoro, que tal vez estaría guardado en alguna caja fuerte especial, sería con la geometría perfecta de las manos del general.

También se especuló sobre una fortuna guardada en un banco suizo en el que la única forma de abrir la caja de seguridad sería la huella dactilar del líder político muerto. Al conocerse esta línea investigativa, Suiza dio a conocer que en ninguno de sus bancos había una cuenta de propiedad de Juan Domingo Perón y que para la época este sistema de identificación no existía.

Dicen que días después del hecho algunas cartas llegaron a líderes políticos, a través de las cuales solicitaban, para devolver las manos de Perón, ocho millones de dólares, que según los remitentes, el general les adeudaba.

Para finales del mes de agosto seis personas fueron capturadas, pero pasados algunos días, sin pruebas en su contra fueron liberadas y el caso volvió a quedar en blanco aun cuando para el juez Suau llegar al fondo del robo era un objetivo.

Paulino Lavagno, el cuidador del cementerio La Chacarita, denunció que lo querían matar y meses después apareció muerto. El certificado de defunción decía que la causa de muerte fue un paro cardiorrespiratorio sin traumatismos. El juez Far Suau ordenó una autopsia y esta abría determinado que Lavagna murió a consecuencia de una golpiza.

El cuidador no fue el único muerto alrededor de las manos perdidas de Perón. María del Carmen Melo, un mujer que constantemente le ponía flores a la tumba de Perón y testigo del caso, por presuntamente haber visto a personas extrañas en la cripta del general días antes de la profanación, también fue asesinada.

María del Carmen murió de por hemorragia cerebral, causada, al parecer, por también de una golpiza de la que fue víctima días después de intentar hablar con uno de los investigadores, para contar lo poco que sabía.

En 1988 el juez del caso del caso también falleció en extrañas circunstancias. Far Suau murió en un accidente de tránsito que levantó sospechas. Dicen que no hubo tal accidente y que el juez fue asesinado y que luego incineraron su carro para que las pruebas quedaran hechas cenizas. El juez que tomó que tomó el caso en reemplazo de Suau, en 1990, cerró la investigación.

En 1994 el juez Alberto Baños reabrió el caso y después de años y años de investigación, en 2008, según lo denunció Baños, delincuentes ingresaron a su casa y sustrajeron su maletín personal con importante material de este caso.

Al día de hoy, 32 años después, el robo de las manos de Perón sigue siendo un misterio. Al parecer hay muchas personas de poder que no van a permitir que esta investigación avance y que el pueblo argentino no conozca la verdad sobre las manos cercenadas de uno de sus líderes políticos más importantes de la historia.

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