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Potrero Grande, el barrio al que Cali le hizo el feo

A sus habitantes les rompen la hoja de vida si piden empleo en la ciudad.

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El 25 de diciembre de 1981, mientras Cali estaba de feria, en el oriente de la ciudad llegaba una impresionante ola migratoria por causa del desplazamiento forzado.

Familias enteras del Cauca, Nariño y Chocó encontraron en las orillas del Río Cauca un asentamiento para recomenzar sus vidas. Creyeron que la prosperidad de la ciudad los abrazaría después de la desgracia. Estaban muy equivocados.

La mayoría de los grupos eran afrodescendientes. Llevaban en su sangre templanza, el inquieto ritmo del Pacífico y la dureza por la supervivencia en el campo. Les faltaba, en cambio, la suerte del citadino.

Armaron improvisadas viviendas sobre el Jarillón del río Cauca. Otros, buscando una fuente hídrica, se fueron a los bordes de las lagunas Charco Azul y Pondaje. Con el tiempo los asentamientos fueron considerados de altísimo riesgo humanitario. El sector fue denominado Agua Blanca, luego llamado Comuna 21.

Para solventar la crisis, entre 2006 y 2008 se creó un macroproyecto de vivienda que quiso aprovechar un amplio y llano potrero en el extremo oriente de la ciudad, cerca al río pero sin que significara esto un riesgo. En el lugar se podrían reubicar las familias de desplazados y personas de extrema vulnerabilidad social que llegaron a Cali desde las adoloridas tierras del occidente colombiano.

Potrero Grande surgió como un barrio planeado en términos de infraestructura. Fue dotado de servicios públicos carreteras y hasta escenarios educativos, culturales y sanitarios, aunque más tarde se confirmara que eran insuficientes.

Se construyeron más de 400 casas de interés prioritario en un barrio que prometía detener una bomba social para Cali. Subsidiaron, con recursos del Estado, parte de los costos de la construcción y el resto lo debían pagar los residentes con cuotas mensuales muy bajas. Con el tiempo ni las casas ni las cuotas de pago dejaron tranquilos a los reubicados.

La bomba social solamente se trasladó a un territorio más organizado y con una belleza estructural que procurara ocultar la cara fea de la desigualdad. Hoy viven en Potrero Grande unas 30 mil personas de las 108 mil que componen el distrito de Agua Blanca, o comuna 21.

“Esa es otra Cali”

Potrero Grande no tiene vías con huecos o carreteras maltrechas; todas parecen nuevas. Las pocas calles sin pavimentar están arregladas en arena aplanada y son cómodas para los peatones, motos y carros. Cuando se dice que se visitará una comuna sumida en conflictos humanitarios, se suele imaginar un lugar en total abandono, con casas caídas en desgracia y sin el más mínimo asomo de una estructura bonita. En cambio este barrio está lleno de contrastes: tiene mucho en infraestructura, pero le falta humanidad.

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En Potrero Grande hay casas sin ventanas que le permitan la entrada de luz, carreteras pavimentadas sin carros que las transiten y zonas verdes que no son parques.

Allí hace más calor que en el centro de Cali. El viento es escaso y el sol parece que fuera capaz de derretir el pavimento. Durante el día a poca gente se le ve andando en las calles y los que lo hacen se mueven con cautela.

El barrio ha sido dividido con fronteras invisibles por la delincuencia pandillera y la influencia de bandas criminales. Cada sector tiene un grupo que impide el paso de los extraños o enemigos a través de intimidaciones armadas. Muchos de los que ejercen ese control territorial son menores de edad y jóvenes.

Lea también: Cara a cara con los niños pandilleros de Cali: entre las balas y el olvido

Los residentes solo transitan en sectores que les son amigables, así del otro lado de la calle hayan dejado familiares y amigos cercanos. A veces la gente prefiere abandonar las viviendas. Se pueden ver edificaciones desocupadas que son usadas como centros de venta de drogas. Hasta el año pasado se habló de una ‘casa de pique’ manejada por una de las bandas criminales. Nadie en el barrio confirma o desmiente el mito.

Las cuadras están conformadas por conjuntos de pequeñas casas de bloque y ladrillo que a simple vista parecen incómodas. En la parte delantera de las viviendas solo hay una ventana junto a la puerta principal; en el segundo piso no hay ninguna ventana. Una casa de estas parece un bunker donde sólo entra el aire a través de unas perforaciones en los ladrillos. Tienen un inservible balcón de 40 centímetros de largo por 50 de ancho. Casi nunca lo abren.

El promedio de miembros en cada familia varía entre 5 y 12 personas. Entre más numeroso es el hogar, más incómoda resulta la convivencia. Tendrían que caber todos en una casa que tiene 30 metros cuadrados y solo una habitación de 2.5 X 3 metros.

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Las personas guardan en las habitaciones el mercado que no cabe en la cocina. Los baños son incómodos cuartos en obra gris. 

La sala es también comedor y a veces habitación. La cocina debe albergar estufa, nevera, mesón y ollas en un espacio de 2 metros por 3. Nada la separa de la sala.

Las escaleras son muy estrechas y sin rejas que protejan la caída de un bebé o un niño muy pequeño.  El baño es un incómodo cuarto con un sanitario, lavamanos y ducha, pero sin puerta.

La única habitación que hay es un albergue de colchones y tendidos: todos deben dormir ahí. El cuarto es también donde guardan la ropa y a veces el mercado que no cabe en la cocina. Hay un solar en el que únicamente pueden colgar ropas para secar.

La mayoría de viviendas tiene los vidrios de las ventanas rotos y sus moradores no se esfuerzan en cambiarlos. Se han quebrado por causa de las balas perdidas que resultan de los enfrentamientos esporádicos entre delincuentes.

Por algunas de esas balaceras, Adriana, una madre cabeza de familia del sector, debió dejar de dormir en la habitación principal y junto con sus cuatro hijos bajaron los colchones a la cocina.

KienyKe.com encontró casas mal construidas, con increíbles daños como la puerta principal fácilmente desajustable y hasta los bloques de la fachada sueltos. Muchos en el lugar han sido víctimas de robos porque los ladrones solo necesitan romper un ladrillo para poder ingresar a la vivienda; las casas parecen haber sido hechas con materiales de mala calidad.

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Los ventanales permanecen con los vidrios rotos. En algunas casas se desmorona la fachada. 

“Las casas no son gratis como han dicho -comenta Adriana- y nos las han cobrado desde el comienzo. Recibimos un subsidio como de 8 millones de pesos en esa época. Ahora con las casas de Santos sí dan un subsidio de 48 millones de pesos. Pero nosotros ya no pudimos acceder a esas casas porque ya habíamos sido beneficiados de un programa pasado”.

La mayoría de los pobladores de Potrero Grande sobreviven a través del trabajo informal o muchos otros de la mendicidad. Las cuotas que debían pagar para sanear su vivienda eran de 60 mil pesos mensuales y les prometieron que sólo debían pagar unos 5 millones de las viviendas avaluadas en 19 millones. “Cuando estábamos pagando y nos llegan los recibos, vimos que de esos 60 mil pesos solo se abonaba a la deuda 13 mil pesos y el resto se pagaba a intereses”, cuenta Adriana. El monto adeudado no se disminuía y la gente de Potrero Grande decidió suspender sus pagos.

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“Nosotros no estamos pidiendo que nos perdonen la deuda, sino que nos refinancien y nos ayuden a conseguir trabajo para pagar”: Adriana, residente de Potrero Grande.

Además, ante la falta de oportunidades laborales los pobladores dejaron de pagar los servicios públicos. Hay recibos de luz y agua que adeudan hasta 4 millones de pesos. “No tenemos fuentes de ingreso y si no nos alcanza para la comida, menos para pagar las deudas de 4 o 5 millones de pesos para servicios. Nosotros no estamos pidiendo que nos perdonen la deuda, sino que nos refinancien y nos ayuden a conseguir trabajo para pagar. Somos consientes de que lo que gastamos lo tenemos que pagar”, concluye la mujer que ocasionalmente es llamada como aseadora en casas de familia en sectores pudientes de Cali.

“A mí me rompieron la hoja de vida por ser de Potrero Grande”

Potrero Grande es un barrio ubicado al extremo este de Cali. Después de sus casas, al oriente, ya no hay más ciudad. Muchos creen que fueron rezagados, como aislados del centro de la capital del Valle y abandonados a su suerte.

Wilson Ruiz, uno de los residentes del lugar y líder comunitario, recuerda que cuando llegó desplazado de López de Micay (Cauca), esperaba alguna clase de solidaridad por su situación; sin embargo encontró rechazo y marginación.

“Nos botaron acá como a las sobras y nos mezclaron. Venimos de comunidades ancestrales negras y nos encontramos conviviendo con poblaciones de otras culturas. Esa mezcla a veces lleva a la violencia. Es meter en una bolsa y revolver a negros, blancos, pobres, malos, buenos. Nunca hicieron una caracterización y nos echaron a la pelea”, dice Wilson.

Pero en general, Potrero Grande es una población de víctimas y victimarios reinsertados de la violencia. Su historial en la guerra de Colombia los marcó con tinta indeleble que provoca rechazo en la sociedad caleña.

“Nuestro problema más grande es el desempleo. Pero cuando salimos de la comuna a buscar trabajo nos miran feo. A mí me rompieron la hoja de vida solo por ser de Potrero Grande”, denunció Washington, otro de los principales líderes comunitarios del barrio.

“La mayoría se van al centro a trabajar en semáforos, limpiando vidrios de carros, haciendo malabares. Imagínese el sufrimiento y desespero de las que son madres cabeza de familia, que son la mayoría. Tienen que rebuscarse vendiendo chontaduro y haciendo el aseo en casas de familia”, añadió.

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Muchos de los pobladores se dedican al rebusque, a la comercialización con chatarra, al reciclaje o a la construcción en obras dentro del barrio. Por fuera no les dan trabajo por desconfianza

El personero de Cali, Andrés Santamaría, acompañó la visita de KienyKe.com al barrio, en especial para conocer la historia de los menores de edad en las pandillas. “Con este proyecto de vivienda en Potrero Grande, les dieron solo casa, un espacio con buena infraestructura, pero el Estado nunca llegó. El gobierno solo se hizo presente con cemento, pero sin acompañamiento social”, explica.

“Ellos no han podido incorporarse al sistema económico de la ciudad. El modelo para atenderlos no puede ser solo darles una casa; debe ser productivo”, añade. Y sobre la calidad de las viviendas, Santamaría estima: “Las casas tienen varias deficiencias. Con la Organización de Naciones Unidas estamos haciendo un estudio sobre la calidad de la vivienda para este tipo de población. Materiales mal usados, casas mal hechas, casas con hasta 10 o 12 miembros en espacios pequeños, con ventanas quebradas por el enfrentamiento de pandillas, son algunos problemas encontrados”.

Wilson Ruiz, el poblador que lamenta que los hayan puesto en un barrio alejado como tratando de aislarlos, comenta que la ausencia de oportunidades laborales, la influencia de grupos delincuenciales como los Urabeños y Buenaventureños, y la inmersión de muchos jóvenes en la droga y la criminalidad, han hecho de su barrio una nueva bomba social, así parezca una urbanización bonita. “No les importó la vida de las personas. Hicieron el barrio como para llenar un espacio y ya. Como por cumplir una meta y sacarnos del Jarrillón. Pero nos mandaron acá y dijeron: ‘ellos verán cómo se matan, sálvese quien pueda’”.

“Debemos romper los prejuicios sobre Potrero Grande”: alcalde de Cali

El alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero, habló con KienyKe.com sobre la situación social y humanitaria de Potrero Grande. Reconoció el abandono social que afecta al barrio y prometió hacer una campaña con empresarios y pobladores para dejar de estigmatizar al sector como tierra de guerras o violentos.

-¿Por qué la población de Potrero Grande siente que Cali y el gobierno les dieron la espalda?

-Potrero Grande es un asentamiento que se provocó a raíz de una construcción hecha de emergencia. Se sacaron a familias en riesgo y se llevaron allá. Pero la infraestructura social es muy pobre. Uno nota espacios verdes que ni siquiera son parques, parecen cráteres lunares.

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En las fotos se identifican grandes y bellas estructuras en Potrero Grande. El barrio tiene edificios bonitos, pero poco beneficio para una población de 30 mil habitantes. 

-¿Su alcaldía qué está haciendo para corregir ese abandono institucional?

-Lo que hay que hacer es completar la infraestructura. Haremos un gran parque con fundación Panaca. Está el Tecno Centro, que es el más lindo de Cali, pero sabemos que son cosas pequeñas para una población tan grande que tiene Cali.

-La única presencia institucional que ellos ven es la Policía, aunque a veces no se llevan bien con las autoridades. ¿Su alcaldía abandonó a Potrero Grande o sí hace presencia allí y quizá la gente no se da cuenta?

-El Tecno Centro es la alcaldía. Le ponemos 600 millones de pesos para el funcionamiento, de modo que a lo mejor falta el letrero que diga que esto es un proyecto de la alcaldía. Está el colegio oficial y nosotros lo patrocinamos para la asistencia de 2.500 niños. Lo que pasa es que para el tamaño que tiene el barrio, eso es muy corto.

-¿Usted sí visita con frecuencia a Potrero Grande?

Yo voy allá por lo menos una vez a la semana. Estoy comprometido con el sector.

-Pero si está comprometido… ¿por qué el abandono social? Parece que solo les dieron vivienda, pero no planearon su bienestar social…

– Lo que ocurre es que lo fácil es hacer la vivienda, lo difícil es la inversión social. Debería ser simultáneamente. Pero en su caso, como era solución de emergencia, los llevaron y dejaron allí y por eso tienen toda clase de dificultades.

-Allí conviven víctimas y victimarios, desmovilizados de guerrillas y de paramilitares, toda clase de población vulnerable también. Si se habla tanto de la necesidad de crear condiciones favorables para el posconflicto, que garantice la convivencia sin marginación, ¿Potrero Grande no podría ser un ejemplo?

-Estamos haciendo un experimento, un laboratorio. Hacer Potrero Grande fue desactivar una bomba. Hay que encontrarle a cada cual un sitio. La parte social es lo que me dicta, es lo que es gusta y es lo más importante. Cuando entramos no había plata. Estuvimos dos años que si no era por la ayuda del gobierno nacional, no podíamos hacer nada. Tenemos ya recursos propios, infinitamente más bajos que los que tiene Bogotá o Medellín, pero ya son decentes. Los vamos a destinar fuertemente en inversión social.

-Ellos necesitan al menos un SENA para capacitarse…

-El 25 de julio, día de cumpleaños de Cali, inauguramos un centro tecnológico del SENA en la Laguna de Charco-Azul, que es Agua Blanca y que está cerca a Potrero Grande. Con toda la última tecnología. Pensamos hacer otro SENA dentro del sector Potrero Grande.

-¿Cómo hacer para que ya no los rechacen cuando buscan trabajo por el solo hecho de ser de Potrero Grande?

-Ese fenómeno de la estigmatización lo he visto varias veces. Al comienzo era con Yumbo (Valle), cuando el M-19 era fuerte allí, alguien que presentara una hoja de vida y fuera de ahí era rechazado porque decían que era guerrillero. Y ahora es con Potrero Grande. Pienso que la estrategia es primero acreditar lo que se está haciendo; todo empresario o inversor lo llevamos a Potrero Grande, al Tecno Centro, para que se hable con la gente, y se quiten ese estereotipo de que lo que hacen ellos es para mal. El trabajo más importante es romper el prejuicio.

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