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Un encuentro íntimo con Margarita Rosa

La actriz de 47 años le confesó en su apartamento a Virginia Mayer su fobia hacia ...

Margarita Rosa de Francisco

El ascensor que hace ruidos de matraca abre sus puertas en el apartamento de Margarita Rosa de Francisco. Ventanales que van del piso al techo y de una pared hasta la otra permiten la entrada de la luz del sol casi cegándome. Solo veo luz blanca, y entonces me enfrento a los ojos celestes de Margarita que alumbran como bombillos. Por un momento es lo único que veo, encandilada y casi embrujada. Tiene el pelo cogido en la coronilla de la cabeza y yo hubiera querido ver su melena rubia que me hace pensar en ella como un león. Se arregló porque le advertí que venía con una fotógrafa. Se vistió de negro con pantalones largos y holgados y una camiseta de manga larga y cuello tortuga. Se extiende larga hacia arriba, flaca y elegante. Tiene las curvas de una botella de Coca-Cola.

Ofrece agua o café, y ella misma abre la llave y llena dos vasos, uno para mí y otro para ella. Nos sentamos en medio de una sala monocromática, ordenada con manía escrupulosa. Impecable e inmaculada. Apoyamos ambos vasos de agua en el piso, cerca de nuestros pies, junto al sofá gris. Me preocupa golpearlo y que Margarita se dé cuenta de lo torpe que soy.

Acaba de llegar de unas vacaciones en Holanda con su novio, el fotógrafo y director de comerciales holandés Will van der Vlugt, después de haber grabado El Desafío durante dos meses. Ahora está convencida de que ha terminado un ciclo y no volverá a hacerlo. Es hora de una nueva cara, al fin y al cabo el programa se ha llamado El Fin del Mundo y marca también el final de su aparición en el mismo. Tiene la piel tostada y se le ven los pelitos blancos, casi transparentes, que cubren su cara. Margarita está sentada con la espalda muy erguida y los codos flotando sobre sus rodillas, como apoyados en el aire. Mueve las manos con una gracia exquisita y no tiene esmalte en las uñas.


Margarita Rosa ha hecho con su vida lo que ha querido y se siente satisfecha.

Acaba de terminar de grabar su nuevo disco llamado Bailarina, que sale al mercado en septiembre. Considera que la música es el trabajo que mejor la representa, y en el caso de su nueva producción se declara completamente responsable por ella, pues escribió la música y la letra y la coprodujo. “Es un trabajo muy honesto”, dice. Tendrá raíces brasileras como el Bossa Nova, Son y música Andina. Es completamente acústico y tiene mucha percusión. Margarita lo cataloga como World Music. A pesar de estar muy emocionada y enamorada de Bailarina, el proceso que sigue no le interesa, más bien la aburre. No le gusta hacer prensa, ni los eventos, ni la farándula, ni tiene ganas de dar entrevistas. Con el tiempo su fobia hacia la gente y las multitudes ha ido creciendo al punto de que ya ni siquiera va al supermercado. No le gusta sentir que la gente se ha percatado de su presencia, odia sentirse observada. Pero cómo no mirarla… Y sin embargo dice:

“Todas las actrices que hemos jugado de mujeres bonitas le tememos a esa cuesta abajo que tarde o temprano va a venir. Ya no va a estar uno protagonizando cosas y siendo la bonita del paseo. La Ranga es una manera de exorcizar ese lado oscuro mío”.

Se refiere a su personaje de la película Paraíso Travel, Raquel, que es su favorito. “En caleño, un caballo que es una ranga es un reque, algo que no sirve para nada y está destartalado”. La participación del personaje fue tan corta que Margarita se quedó con ganas de interpretarla otra vez, entonces está planeando hacer algo más con ella. Quizá teatro. Le gustaría hacer unas cápsulas de dos minutos en internet donde se vieran episodios de su mundo. Quizá una obra de teatro, o un monólogo de 45 minutos.

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