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Un pueblo intacto desde la Segunda Guerra Mundial

Fotos: Daniel Salazar

El  día en que vinieron a matarlos había hecho un calor insoportable. Entraron armados y eran más de 150. No les importaron las labores cotidianas del pueblo, ni que los niños salieran  en ese momento de la escuela: sacaron una a una a las familias de sus casas y sin hacer más preguntas empezaron la matanza.

No. No es una escena de cualquiera de los tantos pueblos víctimas de la guerra en Colombia. Fue lo vivido en Oradour-sur-Glane, un pueblo perdido del centro de Francia que en la Segunda Guerra Mundial, pasó a la historia por uno de los peores crímenes cometidos por los Nazis. Ahí, poco o nada deben saber de nuestra guerra de trópico y cocaína. Pero su pasado trágico encuentra similitudes con una tragedia nuestra cuya reparación aún aparece como asignatura pendiente: la de El Salado.

¿En qué podrían parecerse El Salado y Oradour-sur-Glane?  En que los dos tenían alcalde, un loco, una escuela, un panadero, un parque y sobre todo, una plaza. En que desaparecieron bajo el odio inminente de una guerra que no esperaban que los tocara directamente. Y en que hoy, a pesar del paso del tiempo, los dos luchan contra la peor de las masacres: el olvido y su impunidad.

67 años han pasado desde que Oradour fue víctima de aquella matanza. 640 personas torturadas y asesinadas en menos de doce horas. Aún permanece el recuerdo de los soldados entrando por cada una de sus calles, rompiendo puertas, sacando familias, ráfagas, llantos, gritos, fuego y después, la zozobra. El silencio.

“Mi abuela me contaba que al salir de su refugio, sintió el olor a quemado y un hedor que flotó en el aire durante días”, dice con un acento típico de la región Julie Gourinat, de 24 años, la tercera generación de los sobrevivientes. Durante su infancia escuchaba, entre incrédula y horrorizada, los relatos de sus abuelos.

Como ella, muchos han tenido que visitar las ruinas de ese pueblo que hoy se mantiene intacto, tal como lo dejó el Ejército de la S.S. en 1944.  Tras varios debates y juicios, el gobierno francés decidió dejarlo como símbolo y recordatorio de lo sucedido; una huella física para dejar un mensaje contundente: “Nunca más”.

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