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Cali, a oscuras

Reflexiones a partir de la grave crisis institucional en Santiago de Cali, sus finanzas y el ...

Por: Carlos Alberto Méndez Gracia

Desde hace algunos años el Valle del Cauca, así como su capital, han sentido una serie sucesos que han afectado sus vitales desarrollos, opacados por los siempre notables avances en departamentos que riñen en franca competencia el vacío que hoy por hoy representa Cundinamarca y Bogotá, debido a sus graves problemáticas, mismas que han hecho brillar regiones como Antioquia, que no ceja en su propósito de lograr posicionarse como el primer departamento del país.

Largos periodos de interinidad en la silla de la Gobernación del Valle, graves casos de corrupción, y la herencia cada vez más frecuente de la ‘olla raspada’ se han convertido, como la salsa en los barrios populares, en tradiciones que ya son patrimonio irresponsable de todos. Así las cosas no ha cambiado mucho el panorama del cómo hacer política en el Valle. Si bien hace unos meses se dieron las elecciones para gobernación el rumor era siempre el mismo, ganaría el candidato de la cuota política, nada nuevo cambiaría, para mal de los vallecaucanos que ya han desarrollado una indiferencia endémica, acompañada de la queja constante, pero sin rasgos de solución de fondo.

Lo atípico de las elecciones fue el ganador, de la Unidad Nacional, que en el Valle sólo ha resultado en una gran valla publicitaria, con los logos de los partidos arrumados, donde cabían perfectamente la Alianza Social Indígena junto al Partido Conservador, el Liberal junto a la temida vocal del partido de la U, y demás movimientos que no tuvieron mayor esfuerzo en ser nombrados, en contrapeso de las intenciones del otro candidato, amparado en un cuestionable partido; era una ‘Liga de la Justicia’, plagada de súper amigos sin poderes, para poder hacer elegible al menos malo; ¿a qué partido político se le estaban entregando los votos entonces? Es un asunto pendiente por resolver, porque la poca cercanía del actual gobernador, comparado con su antecesor, de quién se decía no sabía leer siquiera los discursos que con tanto esfuerzo preparaban para él, contrasta de manera absoluta; sin saber leer inauguraba obras maltrechas, cortaba cintas, estaba siempre para la fotografía.

Lo paradójico del asunto radica en que al caleño de a pie no le interesan estos asuntos, hartados ya de la corrupción galopante tiene que haber un suceso que despierte su interés de manera radical, algo que apele a su fuero más íntimo y descarnado, algo que le remueva su interior con violencia, una muy virulenta, puesto que la susceptibilidad del caleño es poco conocida, pero destacable al aparecer. En días anteriores se anunció, por parte de la administración de Medellín, que el alumbrado navideño estaría instalado y listo para encender sus luces desde el 18 de noviembre, amparado en la típica celebración del alumbrado navideño, y por motivo de competición como ciudad del mundo con mejor espectáculo de luces. Cuando se esperaba el anuncio en Cali del alumbrado público para la época decembrina la expectación era objeto, más que de las figuras luminosas, del lugar donde se haría. En previo experimento se buscó, por parte de la administración del ex alcalde Jorge Iván Ospina, revitalizar sectores deprimidos de la ciudad; uno de los peores episodios invernales hicieron del paseo una total travesía de lodo e incomodidad general, la intervención de la Avenida Colombia aún no empezaba, pero los frecuentes enfrentamientos entre los vecinos residentes en los barios colindantes, donde usualmente se llevaba a cabo la romería de caleños que veían las luces de la navidad, hizo mover el trazado tradicional.

El resultado fue la iluminación de un sector desolado, que alberga entre otras cosas grandes bodegas y vías ferroviarias, que no han visto movimiento alguno de personas, incluso desde la desafortunada explosión de dinamita que en 1956 acabó en parte con la ciudad. El resultado fue una ganancia a medias, ganaron los caleños al ver un alumbrado pobremente diseñado, con fachadas pintadas a brocha gorda por parte de la alcaldía, tratando de poner la mejor cara de la ciudad. Perdieron los miles de habitantes de la calle, que tuvieron que ser desalojados de sus habituales lugares, sobretodo porque en un punto de la exhibición de luces comenzaba la ruta hacia el centro de la ciudad, quizá uno de los puntos con mayor inseguridad en Cali. El asunto no mejoró cuando iniciadas las obras del hundimiento de la Avenida Colombia, se procedió a llevar a cabo en diciembre pasado el alumbrado en las riberas del río Cali.

De nuevo la ola invernal hizo de las suyas, lo cual fue grave porque en detrimento de la bancada del río se dañó en parte la estabilidad de los suelos aledaños, el fuerte tránsito de peatones que, amontonados, pasaban por estrechas pasarelas donde las luces eran un atractivo difícil de acceder; la gente se agolpaba en montones, los vendedores ambulantes y los visitantes hacían compleja la tarea simple de advertir la belleza de los 7.000 millones de pesos invertidos en las luces navideñas fue una misión más que imposible. El 9 de octubre se anunció por parte del alcalde Guerrero que, según recomendaciones de la Contraloría General de la Nación, lo más saludable para las finanzas del municipio era la inversión de dinero públicos en infraestructura, no en un alumbrado que está destinado a ser, por ponerlo a plata blanca, un gasto suntuario más.  El descontento fue general, ¿cómo es posible que en Cali, una de las ciudades más importantes de Colombia no hubiera alumbrado? El trasfondo de todo esto es más dramático, más aún con el agravante que pasa desapercibido para la gran mayoría de caleños; la recomendación del Contralor de Cali, Gilberto Hernán Zapata deja entrever que éste es el legado de años de ejercicio irresponsable, con excesivo gasto, con anormalidades y nóminas paralelas, la herencia de malos manejos de la ciudad por parte de administraciones pasadas hoy devienen en una realidad que, aunque trivial para muchos, resulta ser una grave reflexión para otros: la oscuridad en Cali comenzará este diciembre, tal vez así sea por mucho tiempo.

Nota final: la anterior columna fue hecha por @cmendezgracia, quien en un acertado análisis expone la realidad de una de las ciudades más importantes de Colombia, Cali.  La publico por su importancia  y calidad. No le pertenece a él, no me pertenece a mí, nos pertenece a todos los que queremos un país mejor.

@cmendezgracia

@PaoMejiaRivera

 

  • http://twitter.com/haroldlozad Harold Lozada Morale

    El  que haya o no, alumbrado navideño en Cali, no es lo que realmente desvela  a sus habitantes. Existe problemas estructurales de tipo social, político, económico y hasta cultural, que mantienen a oscuras el progreso de la ciudad.  

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