Viernes 9 de marzo de 2012
5:00 a.m. De manera infame me han encalabozado en una macabra estación de policía. Es claro que contra mí hay una persecución oficial. Así pues, escribo este diario desde las mazmorras del régimen: un frío recinto de 9 metros cuadrados, de rejas negras, sin ventana a la calle, sin teléfono, sin Internet y, lo peor, sin Twitter.
5:15 a.m. Cuando esta madrugada entraba a un desayunadero de la Avenida Caracas en Bogotá, la Policía me detuvo por no portar papeles. ¡Absurdo! No tengo por qué cargar papeles. Eso es cosa de recicladores. Yo me dedico a escribir. Es cierto que en esta noble actividad hago uso en muchas ocasiones del papel, pero eso no me convierte en reciclador.
Esta situación me huele a venganza criminal, a persecución política y a puro complot contra mí. Tengo que denunciarlo ante la opinión pública: ¡soy un preso político! Ya somos dos en el país. Debo hablar con Andrés Felipe para ver cómo organizamos un sindicato.
5:30 a.m. Estoy trasnochado. El guayabo me mata. Nunca pensé que estar preso me produjera esta horrible resaca. He intentado conciliar el sueño pero me resulta imposible: me lo impide el radio a todo volumen que tiene un maldito policía.
7:30 a.m. El transistor del tombo abruptamente deja de vomitar música de despecho; ahora vomita noticias, otra forma de despecho. Algunas estaciones de Transmilenio están siendo bloqueadas simultáneamente por jóvenes. Todo es espontáneo… pero parece coordinado por un fantasma.
8:30 a.m. Sospecho que me detuvieron por andar bostezando, ¡cómo si eso no fuera normal después de una noche de parranda! Sin duda el policía interpretó mis bostezos como una protesta contra la situación de Bogotá. ¡Malditos policías petristas! Cuando salga de aquí los voy a denunciar por ser colaboradores del M-19.
10:00 a.m. En el calabozo de enfrente han embutido a 20 adolescentes detenidos en las revueltas contra TM. ¡Pobres! La celda parece una caja de sardinas, o mejor, un bus de Transmilenio en horas pico. ¡Qué paradoja!
10:30 a.m. La radio dice que Bogotá está hecha un caos. No circulan buses, miles de personas se movilizan a punta de zapato y tenis. Hay brotes, granos y espinillas de vandalismo. El virus de la protesta lumpen se extiende. Voces patrióticas del país proponen declarar al día de hoy como festivo para rendirle honor a este pequeño “Bogotazo” que se está generando, ¿ o degenerando...?
11:00 a.m. El gobierno Petro se resquebraja. Una sonrisita atraviesa el alma de la capital. La sonrisita se convierte en carcajada nacional. Los hijos políticos de José Obnubilado estamos felices. Por su parte, los operadores privados de los buses, también están privados de la dicha. Si Petro, el señor de los ojos saltones, va a renegociar los contratos con el sagrado cartel de los transportadores, es mejor que lo haga con los ojos colombinos. ¡El poder de la cruceta!
11:15 a.m. Han metido a diez “sardinos” más en el calabozo de enfrente. Según mis cálculos, eso arroja un área de 40 centímetros cuadrados por persona. Densidad de inquilinato. Pobre gente: solo le queda el consuelo del calor humano.
11:30 a.m. No entiendo cuál es el alboroto con las tarifas de Transmilenio. A mí no me parece caro el pasaje. Por $1750, ¡una orgía es realmente barata!
1:30 p.m. Lo que faltaba: los muchachos han empezado a protestar. Pero ahora es de pura envidia. ¡La puta envidia! Se quejan del reducido espacio del calabozo en que están confinados y pretenden -a gritos y con malos modales- que los redistribuyan en el mío. Lucha de clases. No sería raro que detrás de estas protestas esté el senador Robledo. ¡Me importa un bledo!
1:40. p.m. Afortunadamente el teniente Rodríguez -el duro de la estación- no les ha hecho caso a estos narcoterroristas que pretenden expropiarme mi espacio vital. Rodríguez les ha explicado que yo soy amigo de Miguel, Manuel y Guido Nule, a lo que insolentemente los culicagados han respondido que ellos son amigos de Hugo, Paco y Luis, sobrinos del Pato Donald y parientes de poderoso Rico McPato, una especie de Luis Carlos Sarmiento de las tiras cómicas.
2:00 p.m. Tengo un hambre monumental, tan monumental como un trancón bogotano. No he comido nada en todo el día. No tengo ni un peso para pedir que me traigan algo. Todo lo que tenía se lo “consigné” esta mañana al teniente Rodríguez.
El cerebro se me volvió estómago. Ya no piensa ideas sino jugos gástricos, sopas, platos fuertes y cosas así. Hasta empiezo a extrañar los almuerzos del restaurante de la esquina de mi casa. Dios mío, si Pacho Santos supiera que estoy añorando un “corrientazo”…
3:00 p.m. Llevo 10 horas entre este calabozo sin que nadie me diga cuando me van a soltar ni qué van a hacer conmigo. Rodríguez se fue. Ningún policía atiende mis reclamos. Tengo hambre. Ahora lo único que les importa son los presos por el saboteo a Transmilenio. Empieza a llegar gente acusada de vandalismo.
3:30 p.m. Me urge denunciar ante la Defensoría del Pueblo y el Comité de Derechos Humanos el atropello que se está cometiendo contra mi persona. ¡Han empezado a meter vándalos en mi calabozo! Esto es inconstitucional: con tanta gente aquí se me está cercenando el derecho al libre desarrollo de mi personalidad, ¡maldita sea! Rodríguez no aparece. ¡Se voló con mi plata el hp!
5:00 p.m. En la radio se debate si se puede o no prestar el estadio de futbol de Bogotá para conciertos. Si es para que podamos ver al cucho del Paul Mccartney, estoy de acuerdo. Hace rato no me fumo un bareto. Pensándolo bien, a mí me parece que El Campín deberían prestarlo también para protestas y marchas. Bogotá necesita urgentemente un protestódromo. Y yo necesito un calabozo digno, sin ñeramenta intelectual y que no parezca una vivienda de interés social.
5:30 p.m. La necesidad tiene cara de perro. El hambre me ha vuelto un hombre de negocios. Les he dicho a mis compañeros de calabozo que por diez mil pesitos podría ponerlos en contacto con mi abogado que viene en camino. Se trata del doctor Ferleyn Espinoso, el agudo demandante de la elección de la exfiscal y el único mandadero exitoso que tiene el país, así no tenga bicicleta. Pero estos hijos de capucha no me responden.
5:35 p.m. Tengo mucha hambre. Para ser más exactos, tres metros cúbicos de hambre. Le he pedido a uno de los vándalos que me regale algo de comer. El muy chistoso me ha ofrecido una “papa” bomba.
Mi Dios no castiga a los vándalos ni con palo ni con rejo. Hoy por hoy los castiga concediéndoles el don de ser fotogénicos.
5:40 p.m. Les he explicado a los muchachos que para mi abogado sacarlos libres será fácil. Pues, a mi doctor FerLEYn, todo un hombre de leyes -como su nombre lo indica-, nada le queda difícil.
5:45 p.m. Los muchachos se reúnen en asamblea a discutir mi propuesta. Acuerdan hacer una “vaca” entre ellos y me dan el dinero. Con esa platica hago la mejor inversión de mi vida: mandé a comprar una gaseosa, cinco roscones y una rellena. Barriga rellena, ¡corazón recontento!
6:00 p.m. El doctor Ferleyn Espinoso nos ha sacado libres a todos. Gloria eterna para él. Sacar a los muchachos acusados de destrozar las instalaciones de Transmileno fue fácil: el abogado Ferleyn argumentó que ellos no ejecutaron actos vandálicos, sino jugaron fútbol con los bienes públicos, que es una cosa muy distinta.
Sacarme a mí fue algo más complicado dada mi calidad de preso político: no solamente tuvo que presentar mis papeles de identificación (gracias, mamita, por enviármelos), sino que tuvo que adjuntar mi cartón de bachiller y todos los diplomas de cartulina que gané en primaria por buen comportamiento. Argumentos contundentes. Y que quede claro: salí por cartonero y no por reciclador, que es una cosa muy distinta.
Con mi salida de los calabozos, la Libertad ha recuperado a uno de sus más leales guerreros; pero lamentablemente, el uribismo ha perdido un mártir.
@dicksalazar
