Fiscal renuncie

El  revés histórico de la Fiscalía General de la Nación, de ordenar la libertad del ex diputado del Valle Sigifredo López, después de todo un show mediático, en el cual el derecho a la honra   -proclamado en la constitución-  se violó por donde se quiera mirar, no existe otra pregunta que:  ¿Cuál es la justicia que tenemos en Colombia?

Para el colombiano de a pie, ese que cree que todo es corrupto  o todo se lo inventan los que tienen corbata, resultará después de esto,  difícil contradecirle el porqué, hay gente inocente en la cárcel.

Hace tres meses, aquella noche cuando el fiscal Montealegre interrumpió como noticia de último minuto, afirmando que el único ex diputado del Valle de los once asesinados por las Farc era cómplice de la muerte de sus compañeros. Los Vallecaucanos que lo conocíamos de tajo dijimos eso no sería posible. Sin embargo el país restante en la calle ya lo declaraba culpable.

En general los colombianos creímos que todo el alboroto se basaría en pruebas contundentes que no nos alcanzábamos a imaginar, o por lo menos a que fueran unas cuantas pero de peso, para justificar la decisión de sacarlo de su casa y traerlo a Bogotá, pero nunca nos imaginaríamos que el argumento de la Fiscalía seria un: “me contaron”, o “el otro nos dijo” como al final resultó.

De toda esta vergüenza nacional, que hará reír a los demás países, sobre el intento de justicia que tenemos en Colombia, sólo la falta de ética podrá mantener en su cargo al Dr. Montealegre, donde su alboroto solo dejó una voz y una nariz famosa, que con fotos y videos  paseó por los laboratorios americanos y españoles,  en busca de que estos le dieran la razón a lo que desde lejos se veía había sido un error garrafal.

No quiero imaginarme la rabia justa de Sergio y Lucas – hijos  de Sigifredo-  al sentir que la justicia se ensañó contra  su padre y les retiro más tiempo de vivir con él, del que ya la selva no le permitió disfrutar.

Nos quedamos con los crespos hechos quienes confiábamos en que seria experiencia en el buen oficio del derecho, la  ausencia de cabello en el Señor Fiscal,  pero resultó  que el caso al cual le había dado toda la publicidad como su caso estrella, termino siendo una decisión totalmente descabellada.

No aguantaríamos en Colombia que a este caso, después de todo,  se saliera con la tangente  explicación, -que se ha puesto de moda-: “todo se hizo a mis espaldas”. Si la culpa se la darán  a los técnicos, o hasta la propia patrulla que lo fue a recoger,  no es suficiente que se ordene investigar que pasó en la investigación, sino asumir lo que en este país hace mucho tiempo se olvidó en sus lideres: la dignidad o como lo llaman técnicamente, la responsabilidad política.

Por eso, tal vez con este, mí escrito más contundente en toda mi vida, me afirmo: para preservar algún sentido de dignidad en la justicia, renuncie señor Fiscal General.

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