El consumo de drogas es un asunto de salud pública. El consumo de drogas es un asunto de salud pública. El consumo de drogas es un asunto de salud pública. Repetimos, repetimos y repetimos, una y otra vez, como loros. Tras la propuesta de Petro de crear centros de consumo controlado en Bogotá, todas las reacciones, a favor y en contra, repiten la frase. El Procurador acepta entre líneas que el asunto es de salud pública, pero rechaza de un tajo la propuesta y le pregunta a Petro si “se la fumó verde”. Uribe también acepta que el problema es de salud pública, pero “prohíbe” el porte y propone tribunales que decidan si el consumidor debe ir a la cárcel, ir a rehabilitación o en últimas ir a rehabilitación en la cárcel. Docenas de columnistas hablan de la necesidad de tratar a los adictos y consumidores, porque el consumo es un asunto de salud pública, y proponen desde legalización hasta privación de la libertad. Expresidentes, centros de estudio, médicos, consumidores, y demás coinciden en lo mismo. Pero nada pasa. Estamos de acuerdo en la teoría, pero hacemos lo contrario.
Esto solía enfurecerme. La hipocresía de frases como “el consumo de drogas es un asunto de salud pública, entonces encarcelemos a todo el mundo” me indignaba, así como me enfurecían otras como “los homosexuales tienen derechos, pero mejor no se los demos”, o “combatamos el racismo, pero discriminemos y digamos cosas racistas en público y privado” o “respetemos los derechos de las mujeres, pero mejor no”. Me ofendía la doble moral, la mentira, la disonancia cognitiva, la farsa. Que estuviéramos de acuerdo en público en que todos somos libres e iguales, pero por dentro lo despreciáramos. Pero no sé si me cansé de la rabia o si es que no hay cuerpo que soporte tanto pesimismo y desilusión, porque ya no veo esta profunda hipocresía como algo malo. Hay un haz de luz que se asoma, tímido. Estoy empezando a ver lo bueno de todo esto.
Hay una razón por la que los políticos, estando o no de acuerdo, ven necesario afirmar que el consumo de drogas es un asunto de salud pública. Ellos saben que la opinión pública ha cambiado. Saben que afirmar lo contrario será visto como una posición anacrónica, desconectada de la realidad, y que será objeto de criticas, burlas y rechazo. Así no sean capaces de soltar sus prejuicios e intolerancia, la opinión pública los obliga a reconocer el camino que se debe tomar, y lo más curioso es que a nosotros nos pasa lo mismo. No dudo que entre nosotros aún se esconden residuos de racismo, homofobia y misoginia, pero al mismo tiempo reconocemos que está mal, y tan avergonzados estamos de nuestros prejuicios que los negamos en voz alta. Podrá parecer una simple anécdota, pero no lo es. Que la opinión pública esté cambiado, a las buenas o a las malas, es un paso importante. El cambio en derechos civiles y política antidrogas que parecía imposible hace algunos años ya no parece tan lejano. La opinión pública, apoyada por el debate público, el cambio generacional y la vergüenza, va cambiando de parecer.
Tal vez parezca una victoria insignificante, pero la parte más difícil es invertir la corriente. En Estados Unidos fue necesaria una guerra sin cuartel durante 10 años para permitir los matrimonios interraciales. Parece increíble, pero fue necesario un cambio generacional y grandes esfuerzos de organizaciones de derechos civiles para hacerlo realidad. Tal vez sea muy optimista, pero creo que eso está pasando aquí. Alentados por centenares de loros que repiten lo mismo una y otra vez, podemos ver que el cambio está al doblar la esquina, lo que no sabemos es qué tan larga es la cuadra. En el camino nos van a distraer, a detener, a atracar y empujar a la calle, pero la esquina está cerca y tarde o temprano llegaremos. Lo único que nos falta por decidir es qué tan rápido vamos a andar.
@viboramistica
La cuadra de los loros
Mar, 14/08/2012 - 10:54
El consumo de drogas es un asunto de salud pública. El consumo de drogas es un asunto de salud pública. El consumo de drogas es un asunto de salud pública. Repetimos, repetimos y repetimos, una y o
