Indicadores Económicos

La culpa es de la Vaca…..

Vivimos en un país caótico, lleno de dificultades por donde se le mire. Pese a las ...

Vivimos en un país caótico, lleno de dificultades por donde se le mire. Pese a las maravillas que se pueden encontrar en Colombia, el panorama general es desolador. La pregunta que le surge a las personas que empiezan a conocer el contexto Colombiano es: ¿Quién es responsable del desastre?. La respuesta que damos las colombianas y colombianos es bastante interesante.

Siempre que se le pregunte a la población, a la gente que pasa por las calles, responderá que la culpa es de los alcaldes, de los gobiernos locales que se roban los recursos y no piensan en la gente. Estos dirán que es culpa del gobierno nacional, que les deja solos en su labor y nos les asigna presupuesto suficiente. El gobierno  central dirá que todo está bien en el ejecutivo, y que se cumplen las metas de crecimiento, que el único problema son los grupos armados ilegales que tienen la culpa del estancamiento del país. Los grupos armados ilegales dirán  ( En algunos casos) que el problema es el sistema de producción, las estructuras oligarquicas, o la simple necesidad de defenderse del crimen. Al final, nadie es responsable, nadie supo porqué paso todo.

De hecho, si se leen los comunicados que salen de los equipos negociadores en la Habana, ambos  se siguen echando agua sucia mutuamente, culpándose al unísono de los males de la humanidad sin asumir responsabilidades, como pasaba en el gobierno anterior, solo que ahora lo hacen diplomáticamente. Solo basta recordar cuanto costó que la guerrilla reconociera que genera víctimas,  y que el gobierno hiciera lo propio, pese a lo obvio que esto resulta a los ojos de quienes vivimos en el país. Se ha avanzado, es cierto,  pero también hay que decir que, de nuevo, no hay nadie que tome la responsabilidad por lo que estamos viviendo.

Cuando pienso en la respuesta que yo quiero dar, solo encuentro una: Los y las responsables de este pandemonium que llamamos Colombia somos nosotros, los colombianos/as. Cada habitante de este país, incluyéndome, tenemos nuestras acciones en este negocio bárbaro en el que se ha convertido la guerra colombiana. Solemos decir que los gobernantes son pésimos, pero los seguimos eligiendo o dejamos de votar. Seguimos prefiriendo el malo conocido, a estudiar nuevos programas de gobierno. No hacemos uso de los mecanismos de participación ciudadana con eficacia, de hecho, muchos ni los conocemos. ( La Ley 134/94 sigue esperando que la queramos aplicar). Lo público nos parece algo ajeno, que hace perder el tiempo. Como decía Jaime Garzón, nuestra frase típica es. ” Como eso no es mio…”.  Me dirán que las marchas recientes y el paro campesino demuestran lo contrario. Yo veo esos momentos de nuestra historia reciente como esperanzadores espacios de lucidez en medio de la locura colectiva que padecemos los colombianos/as, que duran poco y dejan un pálido efecto. ( Sin que dejen de ser valiosos y útiles)  Y esto es precisamente así porque esa movilización social en muchas ocasiones no parte de la base de reclamar derechos, si no simplemente de expresar indignación. Si, hay que salir a la plaza a marchar, pero al dia siguiente hay que pedir un control político, y promover revocatorias si es del caso. Pero eso a los colombianos/as nos da mucho tedio, porque el sistema no lo pone nada fácil. (Solo basta mirar cuantas firmas y requisitos se necesitan para una revocatoria).

Tengo nostalgia de la Colombia del 48 con Gaitán, que se levantaba a enfrentar la inequidad desde la legalidad, de la latinoamérica que tantas veces ha logrado derrocar a quienes se sintieron dueños de estas tierras. (Solo hay que mirar a los casos de Perú y Ecuador para darnos cuenta). Sé que tenemos heridas y malos recuerdos que parecieran decirnos que no hay nada que hacer.(Las bananeras, las guerra de los mil días, el exterminio de la UP). Pero más allá de eso, hay que ver que hoy tenemos herramientas de cohesión y comunicación que antes no existían. Eso, aunque parezca poco factible puede marcar la diferencia.

Creo que el día en que asumamos que lo público es de todas y todos, que más allá de la indignación, que siempre será un útil y valioso comienzo, hay que empezar a usar las herramientas que la constitución nos da para controlar a la gente a la que le pagamos el sueldo con nuestros impuestos. Si por cada colombiana o colombiano que dijera ” No se puede, esto no va a cambiar” hubiera dos trabajando en el control político que nos permite nuestro estatus de constituyente primario, otra sería nuestra historia, y podríamos dejar de echarle la culpa a la vaca…

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