La gratitud de su entrepierna no es amor
Que se lo coman a uno como Dios manda es algo que no tiene precio, ni 40 zapatos aplican como recompensa para una mal cogida, mientras que el premio a un buen polvo será evocar la siguiente vez, saborearse los momentos venideros, ponerle replay a la banda sonora de gemidos que se escapan en medio de las paredes engañosas de drywall.
El sexo es la solución a muchos problemas, delicioso y desinteresado, es la mejor de las terapias, es la confirmación de un match especial, porque encontrar con quien tirar como a uno le gusta es una fortuna que pocas tienen y creo que allí es donde comienzan todos los problemas de las desesperanzas sexuales y las derrotas de colchón.
Así como en el origen de los tiempos las cosas necesitaron de un nombre, la inocencia de algunas piernas se pierden en definiciones imprecisas, conectan sus ideas sobre el mundo a partir de la irrigación nerviosa del clítoris, y es esa tergiversación que se hace del amor, a través del las contracciones del punto G, lo que nos lleva a ponerle características externas a una cosa tan sencilla como la gratitud.
Somos parte de una sociedad que basada en principios del cristianismo, le damos mucha importancia a eso de corresponder las bondades que nos comparten los demás seres humanos.
Cada día salen estudios dedicados a hablan de las desavenencias sexuales de las mujeres: Que nos cuesta más alcanzar el clímax que a los hombres, que una dieta baja en grasa disminuye el deseo sexual, y no sé cuantas otras cosas llenas de malos augurios que, como el fin del mundo de los Mayas, se pierden entre las leyendas urbanas y la educación reprimida de muchas mojigatas. Creo que es por eso que muchas veces empeñamos hasta lo que no tenemos, con tal de no hacer parte de las estadísticas macabras de estudiosos puñeteros que prostituyeron el concepto de autoservicio.
Así como la baba del perrito de Pavlov termina siendo sólo saliva, la gratitud es simplemente un vínculo condicionado a un estímulo positivo, consecuencia de una secuencia de sucesos que lo ratifican, pero la gratitud no es amor, así que abra las piernas y vuélvase virtuosa y agradecida por los regalos que le dan, pero no de más de lo pactado. Vivimos en un mundo donde los contratos por prestación de servicios son muy claros, no le regale más a la empresa que ni siquiera le paga la EPS.
Estar encoñado o en el caso de una mujer, “envergada” es algo común, con este tipo de contratación usted puede tener otros compromisos, es más barato que el amor, pero es de sabios aceptar y manejar la situación con prudencia. Lo malo no es estar encoñado, sino confundirlo con otras cosas.
Si usted es una persona que domina los términos de negociación con un fuck body establecido, ya está del otro lado, se ha convertido en una de las pocas personas que comprende la situación del actual sistema de contratación colombiano. Las condiciones laborales son muy claras diría cierto no pariente mío gestor de la ley 100.
Para saber si usted está bajo el hechizo de un falo hipnotizador, yo siempre recomiendo hacer un básico test que le permitirá saber en qué posición está su cabeza, porque en qué posición esté su cadera ya es algo que viene implícito con la pregunta inicial.
Es mejor adelantarse antes de que el otro saque sus propias conclusiones y le esté liquidando las horas cotizadas como lo hace el régimen pensional actual. Con estas preguntas se despejan algunas dudas, porque el amor es noble y representa un interés que va más allá de la pelvis, pero a veces es fácil confundirse.
a)¿Cuántas veces hacen planes en lugares públicos y que involucren la participación de otras personas? (Ni orgías ni actitudes exhibicionistas cuentan como respuesta)
b)¿Siempre que se ven tienen sexo?
c)¿Cuál es el color favorito de esa persona?
d)¿Qué recuerda más, su manera de batirlo o alguna conversación que tuvieron?
Usted sabrá que respuesta le favorece más, si está enamorado, rectifique que el otro esté igual y si está comiendo dulces a la carta, pues pórtese bien y no se quede a dormir o de pie para que las cosas se puedan enredar, ya que las encoñadasnunca terminan bien si son de uno solo. El exceso de gratitud resulta empalagoso, y ya sabemos que nada bueno puede resultar de algo fingido en cualquier posición.
Para más información sobre la vida bizarra en twitter <a title=”@julyuribev”
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