Liz Jensen y la ironía en la Feria del Libro
Catalogada como una de las mejores novelistas británicas hoy en día, Liz Jensen transmite una frescura poco acostumbrada en escritores de su nivel. Sonríe, suelta carcajadas, salta en su silla y divierte a la audiencia con su humor negro y su ingenio. Pero su personalidad tiene un marcado contraste con los personajes de sus novelas: una mujer paralizada de la cintura para abajo en un accidente que mató a su novio y acabó con su embarazo, una anciana con Alzheimer con memoria fragmentada y libido insaciable, un joven que narra su vida desde la profundidad de un coma, una prostituta que viaja en el tiempo, o un empresario que es la cabeza de la empresa familiar de una familia producto de su propia imaginación. Sus personajes viven infiernos insufribles, infiernos que Jensen disfruta “visitar desde la comodidad de mi escritorio”.
En su más reciente novela, “The Rapture”, Jensen da rienda suelta a su preocupación por el medio ambiente en un “thriller” acerca del fin del mundo causado por desastres naturales. La heroína es una terapista en silla de ruedas que conoce una joven perturbada, amarga y violenta, que posee el poder de predecir uno a uno los desastres. A pesar de ser un “thriller”, lleno de acción y con poco tiempo para detenerse entre una calamidad y la otra, la autora logra desarrollar a profundidad los personajes, heroínas improbables en un mundo que se derrumba. Esto lo logra precisamente porque Jensen no es una escritora de thrillers, es una novelista que se aburre fácilmente y necesita, a pesar de las recomendaciones de su agente y su editorial, cambiar constantemente de género literario.
Pero no es el tema de su última novela lo que marca la mayor diferencia con sus obras anteriores. “Guerra en familia” (War crimes for the home), la historia de una anciana con Alzheimer apasionada por los chistes verdes y el sexo desenfrenado, o “El mascador de papel” (The paper eater), una sátira acerca del consumismo, cuentan con una dosis de ironía y humor negro que le dan textura a la oscuridad y el sufrimiento que viven sus personajes. Este humor siempre subyacente, ya sea en la ironía de un mundo sin política que se maneja como una tienda por departamentos, o en los chistes verdes y encuentros sexuales incómodos de Gloria Taylor, equilibran su obra y fluyen libremente porque no es un humor forzado, como un gancho para entretener al lector, sino una forma de ver la vida.
Es una pena que en la charla “Ironía: motor creativo” de la Feria del Libro, con Liz Jensen y la novelista colombiana Melba Escobar, no se haya profundizado en el tema de la ironía y el humor de su obra como esperábamos los asistentes, pero afortunadamente se alcanzó a dejar en claro su importancia. Jensen hace que sus personajes vivan un infierno, pero a la vez logran encontrar el humor en cada situación. “¿Qué más se puede hacer si la vida te tira mierda en la cara? Solo se puede reír. Eso es lo más importante. Y entre más horrible sea la situación, más hay que reír” . Y es por eso que su humor engancha al lector y llega más allá de la sonrisa o carcajada que logran arrancarle incluso a la situación más sobrecogedora. No es un humor como fin en sí mismo sino una forma de enfrentar la tragedia, que ayuda a alternar la luz con la oscuridad, y a la vez que uno viaja por el infierno de cada personaje, siempre va quedando la sensación de que el horca hay que reír para no llorar. Y es este humor fluido que siempre empapa sus historias atrapantes, sus personajes y su narrativa exquisita que la convierten en una de las mejores novelistas de los últimos años, cualquiera que sea el género.


