Ahí estaba, aburrida de eso a lo que todos llaman “sistema”, sin emociones nuevas, sin retos a la vista. Asistiendo a clases a una universidad conservadora, donde se pagaban casi cinco millones de pesos para que los profesores llegaran tarde a ordenar que se escribiera una noticia y luego, proceder a retirarse del claustro. Para ella no era justo que un séptimo semestre de periodismo se enfrentara de esa manera.
De la casa a la universidad y de la universidad a la casa, en medio de los trancones capitalinos le quedaba mucho tiempo libre en un bus para pensar y reprogramar una vida que hasta el momento era muy aburrida. La hija de la amiga de la mamá se iba a Londres a estudiar, eso estaba tan de moda como usar pantalones de colores. La prima de la mejor amiga iba a estudiar inglés a Estados Unidos y ella se levantaba a las 5:00 AM todos los días con la esperanza de que el profesor llegara a clase, porque también se puso de moda que no apareciera.
De un momento a otro no soportó más la rutina y el “pause” en el que estaba su vida. Un día tomó la firme decisión de irse a terminar su carrera al sur del continente, a Buenos Aires, Argentina. Las expectativas muchas. La realidad compleja. El primerísimo primer plano de Buenos Aires, era la cara europea que le pintan. Llegar a un país que aunque en el mismo continente es muy diferente al propio es un golpe que hay que saber recibir, no es fácil lidiar con una cultura de personas que en su generalidad son frías, secas, rudas, pero no porque sean malos, sino porque así es su configuración. La competencia entre argentinos es agresiva, pues a eso están acostumbrados, son gente competitiva, pero que a los ojos de los colombianos resultan bruscos. Con los extranjeros son agresivos, al menos los porteños, se ven superiores ante ecuatorianos, peruanos, chilenos, mexicanos, uruguayos, colombianos, venezolanos. Ellos, los argentinos, tienen abuelos italianos, españoles, franceses.
No hay la calidez humana de estar por ejemplo en Medellín, donde se vive en una familia gigante. Allá se está solo contra el mundo. Con excepciones extrañas saludan, piden un favor, dan las gracias o se despiden.
Los profesores argentinos tienen más claro su papel en la universidad y asisten a dar sus clases. Así que allá estuvo ella, atenta a aprender todo lo que en un semestre le negaron en Colombia. Buenos Aires, no es solo argentinos. Buenos Aires es el mundo entero. Es una ciudad que logra reunir a gente de todo el mundo, diferentes pensamientos, varias ideologías, diversidad musical, etc. Después de no hacer nada en Bogotá, se enfrentó contra el mundo entero en un lugar desconocido a donde llegó por azar porque la realidad la conoció durante los casi tres años que estuvo allá.
Estudió, leyó más libros que todos los que había leído en su vida, aprendió sobre cómo se mueve el mundo, se enamoró profundamente, bailó, aprendió de la buena música y lo que significaba cambiar a J Balvin por Charly García, trabajó para pagarse su propia comida. Hizo grandes amigos, entendió lo que significa tener una familia, comprendió qué es amar a su propio país, viajó, abrió los ojos y la mente a nuevos saberes. Ahora que volvió a Colombia se pregunta si tomó la decisión correcta, aun no sabe si vivir casi tres años lejos de lo que era su mundo fue un acierto o un error. Al menos hoy está feliz de estar en el país más lindo del mundo para ella.
@PaoMejiaRivera
Lo hizo por azar
Mar, 21/08/2012 - 19:13
Ahí estaba, aburrida de eso a lo que todos llaman “sistema”, sin emociones nuevas, sin retos a la vista. Asistiendo a clases a una universidad conservadora, donde se pagaban casi cinco millones d
