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Mujeres en la sombra

I. LA HORMIGUITA Es muy conocido el dicho ¨detrás de un gran hombre siempre hay una ...
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I. LA HORMIGUITA

Es muy conocido el dicho ¨detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer¨. Pero aunque esta frase haya sido construida para honrar el papel que juega una mujer como pareja de un hombre importante, no deja de ser un poco peyorativo ubicar a la mujer ¨detrás¨ del hombre, es decir, a la zaga, como en segundo plano. La Historia, sinembargo, nos presenta infinidad de casos en los que las mujeres no sólo tenían el mismo nivel, sino incluso, en muchas oportunidades, niveles intelectuales superiores a los de sus parejos, por muy grandes hombres que ellos fueran. El asunto es que la Historia ha sido escrita en forma abrumadoramente mayoritaria por hombres, y buena parte de ellos han padecido de una especie de misoginia intelectual que los lleva a menospreciar, cuando no a ignorar totalmente el papel de las mujeres en los acontecimientos sociales, y ello es particularmente notorio en los casos en que una mujer es la esposa, o la compañera sentimental de un hombre que ocupa un cargo importante o juega un papel destacado en la sociedad. En este blog voy a ocuparme, de cuando en cuando, de desempolvar, de traer desde las tinieblas del olvido a algunas de esas muchas mujeres cuya presencia, acompañamiento y trabajo, más allá de su lazo amoroso, fueron decisivos para que sus compañeros jugaran el papel histórico que jugaron en el campo en que se desempeñaron. A este serie de artículos le voy a dar el nombre de ¨Mujeres en la Sombra¨. Aquí va el primero de ellos:

Todos hemos escuchado hablar de Pablo Neruda, el gran poeta chileno, bien sea porque obtuvo el premio Nobel de Literatura en el año de 1971, o por su militancia política, o su afinidad inicial con el gobierno de Gabriel González Videla (del que se divorcia por declarar proscrito a su partido comunista) y más tarde de Salvador Allende, o en el mejor de los casos por sus poemas. Pero poco conocemos sobre una mujer que influyó enormemente en la vida de Neruda, Delia del Carril, apodada por él mismo, como ¨la hormiguita¨, por su capacidad de trabajo. Nacida en la provincia de Buenos Aires en 1884, hija de una familia adinerada, esta mujer baja de estatura y veinte años mayor que el poeta, ayudó a Neruda a ser Neruda. Fue su secretaria durante muchos años. Pasaba a máquina los poemas de Pablo y en algunos hacía correcciones. Como la vida de los escritores también la tejen los rumores, hay quienes dicen que Delia, poseedora de una gran cultura y convencida militante de izquierda, reescribió hermosamente el Canto General, una de las obras más importantes del poeta, dedicada a la historia y la geografía del continente.

Delia, hija de una familia adinerada, tuvo acceso a una educación a la que no todas las muchachas de su edad podían. Se formó en Europa y fue alumna del pintor Fernand Léger en Francia. Este último la acercó a los círculos intelectuales de aquella época, en los que conoció y entabló gran amistad con Picasso, Le Corbusier y Aragón. También se hizo gran amiga de Victoria Ocampo, prestigiosa intelectual argentina fundadora de la revista “Sur” y de la Unión Argentina de Mujeres; se relacionó con los miembros de esa revista, entre ellos el escritor Jorge Luis Borges. Las reuniones en la casa de Delia tanto en Buenos Aires, como en Madrid, Barcelona y Santiago, se volvieron famosas, no sólo por los temas que se conversaban, política, arte, literatura y música, sino porque algunos de sus participantes han gozado de la inmortalidad.

Delia, sin lugar a equívocos una mujer extraordinaria, bella e inteligente, fue quien más influenció a Neruda políticamente. No sólo fue la hormiguita de Neruda sino también de un gran número de intelectuales, entre los que se encuentran los poetas españoles Miguel Hernández, Federico García Lorca y Rafael Alberti.
Así como son las hormigas, trabajadoras, también son solidarias, y así fue Delia del Carril; fueron muchas las veces en las que ayudó a  los artistas que estaban en aprietos económicos y los albergaba  en su casa y  junto a Neruda ayudó a traer a un gran numero de refugiados españoles a Chile que se encontraban en los campos de concentración en Francia en la época de la represión franquista. Hizo parte de la alianza de intelectuales contra el fascismo y apoyó a los aliados contra Hitler.

Al regresar a Chile, después de la derrota de la República española a manos de Franco, Neruda y Delia se establecieron en Santiago, y su casa, a la que Pablo bautizó con el nombre de Michoacán, en la Avenida Lynch, se convirtió en el centro intelectual más importante de la capital chilena, donde se realizaban agradables tertulias de las que Delia era la reina, la que agradaba  a todos los contertulios tocando magistralmente el piano y cantando con su atiplada voz. A los setenta años cuando Delia se enteró que durante ocho años, a ojos de todos los amigos, Neruda la engañaba con Matilde Urutia, decidió marcharse, a pesar de que Neruda no deseaba separarse de ella. Años más tarde, en el Memorial de Isla Negra, Neruda escribió de la hormiguita: “Delia es la luz de la ventana abierta/a la verdad, al árbol de la miel ” Delia lo sobrevivió, murió el 26 de julio de 1989, a los 103 años de edad.

 

 

 

 

 

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