Por el bien del sexo, saque a Bambi de la cama
Sé que toda mi generación (nací en 1987, haga cuentas para ver si hace parte) carga a cuestas un pequeño trauma gracias al Rey León. Todo el mundo cuenta cómo lloró cuando Simba veía cómo su padre se caía desde un peñasco afilado para finalmente desaparecer en medio de una estampida de animales.
Muchos reconocen que los papás los tuvieron que sacar del cine o que durmieron con miedo varios días, pero no se preocupen, ese no será el único trauma que dejará Disney en los pequeños seres humanos en formación, y lo digo con respeto, pues me encantan sus películas, pero así como con el Rey León, podría empezar este texto con otras anécdotas similares, tengo otras referencias, pero en este caso quiero hablar del síndrome del cervatillo, un padecimiento que ataca a muchas mujeres en la actualidad.
A mí que se muriera Mufasa no me importó mucho la verdad, pero los oídos de mis pobres tías todavía deben sentir el eco de mis gritos de dolor cuando mataron la mamá de Bambi, venado caprichoso con cara de yo no fui, que después pasa las duras y las maduras por desobediente.
No sé qué pueda pensar un experto analista, pero yo creo que esa fue la primera señal de algo que todavía repudio hasta hoy:
- Ah! Yo que pensaba que me habías invitado a tu casa, que está sola, a ver El Pianista sólo por compartir mi pasión por el séptimo arte, pues aunque yo esté vestida como Jessica la esposa de Roger Rabbit y con calzones nuevos de Victoria Secret que le compré a un amigo que llegó recién de Miami, yo ni idea que el plan era tener sexo, porque debes saber algo ya que el vestido rojo se quedó en el baño, YO NO SOY ASÍ.
Mamita, a uno no lo invitan a ver la versión extendida de la saga del Señor de los Anillos porque son muy queridos los hombres. Por algo a ese plan muchos lo llaman peliculiar, la palabra solita le manda la primera señal de alerta.
¡Por favor! Si hay algo que una mujer debe saber después de los 16 años, posiblemente antes con lo adelantados que son los libidinosos adolescentes, es que a uno no lo invitan a una casa sola (mucha gente de mi generación todavía vive con sus padres, eso también debe ser culpa de Disney, en otro post le echaremos la culpa a una historia animada) a ver una película que dura casi tres horas, donde hay más silencios y sufrimientos que en cualquier libro de un escritor ruso.
Entienda que la mitad de la película el tipo del pianista anda muerto de hambre cargando una lata de sandías y así como uno espera todo ese tiempo para que el sujeto se las coma… usted ahí en ese sofá reclinable comprado en una tienda por departamentos el pasado diciembre con la prima de navidad, es esa lata de sandías, así que no haga sufrir al espectador.
Primero, no creo que esto sea una novedad, ni que uno no tuviera amigos para que cuando uno cuente el plan que tiene para el viernes por la noche y nadie pueda decirle “mijita sabe que se la van a comer”.
Igual que Bambi, la mamá fue muy enfática explicándole que no se podía ir a meter en esa pradera verde y llena de la luz del sol, “ahí no estamos seguros”, pero qué hizo el mentado animalito, muy tieso y muy majo se fue a jugar por esos lares y qué le pasó: pues le mataron la mamá.
Después uno tiene que soportar esos ojos brillantes de pestañas largas llorando porque se quedó sin mamá, está muy solo, muy triste, que su papá es muy bravo. Y en este momento es cuando como una mamá cantaletosa yo siempre les digo a las supuestas víctimas: se lo dije, se lo advertí, pero usted fue y se metió solita en esa pradera, así que no es momento de echarle la culpa a los malvados cazadores, usted es muy dueñita de su cuerpo como para no para evitar esto, si fue hasta allá, se vistió y cuando el sujeto le preguntó si quería, usted dijo que si, no esperen una mala interpretación de esa baba antojada de aspirante a poeta de bus guatemalteco, con el inmundo juego de que no es si y si es no, porque para ser una calienta huevos hay que ser una experta y aun así pienso que eso tampoco se hace, pero yo no discuto con profesionales.
No es no y si es si, acaso la gente estudio adivinación con el mago Merlín en la universidad, si es así, en la mía los curas nos tumbaron.
Sin querer hacer de abogada del diablo y estoy hablando de situaciones normales, porque el cuerpo de las personas y su vida sexual es algo totalmente sagrado, pero creo que es el momento de romper con esos prejuicios pendejos y como mujeres no ser ni solapadas ni dejarnos pasar por estúpidas. Siempre hay un momento para decir que no, por lo que si uno está saliendo con una persona, le coquetea, se sugieren cosas con sensualidad y encanto, pues el otro entiende que vamos por el mismo camino, así que lo que pase después debe ser tan sencillo como que se van a acostar porque quieren y punto.
No estoy hablando de personas que son obligadas a tener sexo, sino de que una relación con una persona no puede rodearse de malas personificaciones de una falsa inocencia, pero me molestan esas mujeres cínicas que con esa pestaña crespa se toman el papel de doncella en apuros, bastante trillado, imagínense hace cuanto que pasamos por el medioevo y siguen con la misma muletilla sexual.
Así que niñas eso del cervatillazo está bastante mandado a recoger o por lo menos no se lo crea en serio, no le haga eso a un tipo que es por eso que hay tanto sujeto traumatizado mal polvo en este mundo, porque si a uno le prometen postre se la va a pasar contando los minutos para terminar la sopa y si lo engañan termina en la tienda tragando a la carrera cualquier cosa y otra vez como dice mi mamá, “con la comida no se juega” y a diferencia de Bambi no me la tienen que matar para saber que tiene razón.
*Los links que se han creado son para que hasta el lector más despistado sepa de qué le estamos hablando, haygente que no va a cine, es raro pero pasa.
Para más información sobre la vida bizarra en twitter @julyuribev
