Que nos hablen como adultos

Vie, 24/05/2013 - 09:03
A veces una sociedad lo que necesita es que se le hable como a un adulto. Sin asustarla con el coco, sin prometerle llevarlo a Disneylandia si se toma la sopa. Sin decirle que el perrito muerto se fue
A veces una sociedad lo que necesita es que se le hable como a un adulto. Sin asustarla con el coco, sin prometerle llevarlo a Disneylandia si se toma la sopa. Sin decirle que el perrito muerto se fue a una finca, sin contarle que si se porta bien el niño dios le trae regalos y el Ratón Pérez le dejará un par de billetes bajo la almohada. Necesita que le digan las cosas como son, punto. Que no todo va a estar bien. En un muy anticipado discurso acerca de la política antiterrorista de Estados Unidos, Barack Obama le habló a su nación como a un adulto. Le dijo a su país que la guerra contra el terrorismo debe terminar. Que ni él ni ningún presidente puede prometerle a su nación que va a acabar totalmente con el terrorismo. Que algunas tácticas de guerra no son morales, incluso si son efectivas y legales. Que ninguna nación puede exterminar el mal del mundo, incluyendo el terrorismo. Que deben defenderse de los ataques y las organizaciones puntuales, seguir protegiendo a sus ciudadanos, pero que Estados Unidos no puede seguir en una guerra constante y sin límites contra el terrorismo global. Que la guerra debe terminar. Este discurso, maduro y honesto, marca un fuerte contraste no sólo con el de su antecesor, George W. Bush, sino también con los discursos de Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe. Uribe nos prometió, en un discurso para niños, que iba a acabar con el terrorismo. Que exterminaría a la guerrilla en cuatro años, luego en ocho, tal vez en doce o dieciséis. Que desmontaría y que desmontó el paramilitarismo. Que el país es de la guerrilla y de Chávez y de Maduro. Y mientras tanto tenemos a Santos, tratando de terminar la guerra, pero hablándonos también como a unos niños. Diciéndonos que los diálogos nos llevarán a la paz, cuando aún tenemos bandas criminales nacidas de las paramilitares, y tendremos las que engendrarán las guerrillas. Que los diálogos son suficientes, cuando aún enfrentamos la amenaza del narcotráfico, combustible de la guerra. Que tranquilos, que todo va a estar bien. Pero no. Colombia necesita que alguien nos hable como adultos. Que copie el discurso de Obama y nos diga que tras décadas de guerra, miles de muertos entre combatientes y civiles, billones de pesos gastados en armas y balas y operativos y aviones y bombas, gobiernos infiltrados por guerrillas, paramilitares y mafias, niños reclutados, y los valores de un país comprometidos por la corrupción, la violencia y la intolerancia, la guerra debe terminar. Y que la guerra termine no es sinónimo del fin de la violencia. Que desmontar la guerrilla no significa el fin del terrorismo en Colombia, y que aún enfrentamos la amenaza de los Urabeños, la Oficina de Envigado, las Águilas Negras y todas las que nacieron y nacerán de los paramilitares y la guerrilla. Que aún tendremos que luchar contra el narcotráfico, el contrabando y la corrupción, como pasa hoy en día en la Guajira. Y que esa lucha se dará de otra forma, aún con presencia militar y persecución de los criminales pero mucho más focalizada, y acompañada con nuevas políticas antidrogas, fortalecimiento institucional, educación, desarrollo económico e infraestructura. Que tomará tiempo. Que ni Santos ni Uribe ni ningún otro pueden prometer el fin de la violencia en Colombia. Pero que le primer paso es acabar la guerra, y esa no se acaba con más guerra. Que no todo va a estar bien, pero los diálogos de paz son un primer paso. Los colombianos hemos crecido a punta de sangre y muerte, pero no hemos madurado. Para madurar necesitamos pensar como adultos, y para eso necesitamos que se nos hable como adultos. Porque meternos bajo las cobijas, con la almohada en la cabeza mientras nos arrullan, no nos va a llevar a ninguna parte. @viboramistica
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