Sigamos pidiendo

Leí hace una semana una columna de opinión en El Espectador en la que el autor decía, entre otras cosas, que los científicos en Colombia deberíamos dejar de pedir dinero al Estado, pues en una nación con el peso que tiene Colombia en la economía mundial, existen otras prioridades en que el país podría gastar mejor sus recursos, diferentes al “lujo innecesario” que representa la inversión en ciencia y tecnología, ya que al fin y al cabo mucho del dinero destinado a las ciencias en las naciones desarrolladas se pierde en turismo académico, y otras actividades non-sanctas, una ostentación de la que deberíamos prescindir a toda costa. Difiero sustancialmente de algunas ideas expresadas en dicha columna por Javier Moreno , y aquí pretendo explicar por qué. Pero dejo claro que también comparto la idea de una hoja de ruta de acuerdo a las necesidades del país, que garantice un uso eficiente de los recursos.

En primer lugar, el mismo argumento según el cual la inversión en ciencia y tecnología es un lujo que debería ceder su espacio a otras prioridades como la paz, la inversión social, o la crisis de alimentos, podría aplicarse a gran escala a la economía global, y entonces terminaríamos por concluir que es un error que la Humanidad gaste un porcentaje de sus recursos en investigación científica, lo cual me parece un despropósito. Aún si asumimos que lo ideal es que la naciones ricas gasten sus excedentes en ciencia, mientras que las naciones pobres moderen ese rubro particular de su gasto, la cosa me sigue pareciendo un despropósito, pues si le privamos a las naciones emergentes su oportunidad de invertir proporcionalmente en ciencia y tecnología, las privamos sobre todo de su oportunidad de terminar de emerger de una vez por todas. No porque la investigación en ciencia y tecnología sea per se un motor sine qua non no habría desarrollo en una nación, sino porque de todos los lujos que muchas naciones se permiten, es probablemente el que mejor se correlaciona con el crecimiento de la riqueza.

Es claro que el asunto debe analizarse desde una perspectiva nacional. En el caso de Sudáfrica, por ejemplo, el gobierno se trazó hace unos años como política de estado la inversión en biotecnología y tecnología de la información, pues considera que dado el nivel de producción del país en manufacturas y bienes agrícolas, es una economía basada en altas tecnologías la alternativa justa para buscar su desarrollo. Algunos buenos resultados (aunque no todos), dan cuenta de lo acertado de dicha perspectiva ¿Cómo estamos en Colombia? Antes de preguntarnos si es justo o no que el presupuesto para ciencia sea más alto o más bajo, tal vez debamos preguntarnos si queremos seguir siendo una nación que produzca mayoritariamente bienes agrícolas (cada vez más competidos dados los recientes tratados de Libre Comercio) o mineros (cada vez más afectados moralmente por el uso que se le da a los contratos mineros y al medio ambiente), o si queremos buscar un tipo de desarrollo alternativo que nos ponga a la vanguardia frente a otras naciones latinoamericanas.

¿Es suficiente lo que invertimos en Colombia en ciencia y tecnología? ¿Vale la pena pedir más? Ciertamente los científicos tienen que seguir pidiendo más, no sólo porque de no ser así el presupuesto de Colciencias seguirá reduciéndose año tras año en lugar de acercarse al tan anhelado 1% del PIB (el último director de la entidad dice haber renunciado, entre otras razones, por la falta de compromiso del Gobierno en la inversión), sino porque si no lo hacen los científicos, nadie más pedirá por ellos. Sobre todo ahora que se discute el uso de las regalías para ciencia y tecnología. No se trata de gastarse el dinero en turismo académico, o de encerrarse en sus laboratorios sin salir a divulgar sus descubrimientos (pues en la importancia de la divulgación coincido con Moreno), sino de garantizar que siempre haya una voz que abogue por un poco más. La misión de los científicos no es prometer ni producir desarrollo a cambio de dinero, ni tiene que serlo. La misión de los científicos es hacer ciencia, y para hacer ciencia se necesitan recursos, como para cualquier otra actividad de una sociedad. Es el Estado el que decide si quiere usar la ciencia para obtener desarrollo.

Entonces, colegas, sigamos pidiendo.

Twitter: @juramaga

 

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