Sonríe, así parezcas idiota
Confieso que tengo gran capacidad de asombro para algunos asuntos mientras que para otros estoy completamente habituada. Puedo sentir fascinación nueva y fresca cada vez que observo una libélula o una mariposa, pero no me sorprendo cuando las personas se dicen y se creen mentiras repetidas. Ante otros eventos tengo opiniones, reacciones encontradas, por ejemplo las noticias diarias, hay semanas en que no las soporto y hay otras en las que las busco, engañándome, creyéndome que me darán algún sentido de arraigo o de pertenencia.
Recientemente volví a ver un noticiero, mi atención fue llamada por el rostro siempre sonriente de una mujer, quien presenta información deportiva, cada vez que terminaba de anunciar el próximo segmento se afanaba por mostrar tantos dientes como le era posible, entre labios perfectamente maquillados. La observé con tanto detenimiento que olvidé lo odiosa que me resulta la tabla de posiciones del campeonato nacional de fútbol y empecé a sonreír yo también, incluso sentía ganas verdaderas de volver a verla dando paso a una nueva cápsula informativa para poder apreciarla sonriendo como estúpida, ese gesto me hacía sentir bien de un modo desconocido.

