Vademécum para Santos

Lun, 23/04/2012 - 13:05
 

    Falta de firmeza. No hay cómo más definir al gobierno de Juan Manuel Santos.  En todos los frentes, el gobierno Santos ha adoptado una táctica camaleónica, de adaptación a sus adversarios e interlocutores en lugar de fijar posiciones, establecer agendas y –más importante aún– cumplirlas. En cuanto a las relaciones exteriores, Juan Manuel Santos ha acogido una estrategia de absoluta tolerancia y arrodillamiento. Tolerancia aquí y allá, cedo aquí, cedo allá, foto aquí, foto allá; pero los intereses de Colombia ni allá ni acá. No se le reclama a Chávez por los campamentos guerrilleros en territorio venezolano, se atiende a los hermanos Castro antes que a la toma guerrillera de la que era víctima Chocó mientras Juan Manuel tertuliaba con los deudos cubanos. En fin, una estrategia de desgaste que no deja como resultado nada distinto a la intención, por parte de otros mandatarios, de sabotearnos como ya ocurrió en la Cumbre de las Américas. En lo nacional, Santos quiere quedar bien con el oficialismo y con la oposición; guiños para unos, guiños para otros, puestos para unos, puestos para otros. Quiere quedar bien con la guerrilla y grupos de extrema izquierda diciéndoles que la llave de la impunidad –él la llama ‘de la paz’– la tiene todavía en el bolsillo, que no la ha botado al mar. Pero, de la misma manera, quiere quedar bien con los sectores defensores de la opción militar, y con los militares mismos, entonando discursos vacuos sin acciones que los respalden. Respecto a esto último cabría recordarle a Juan Manuel varias cosas. Primero, que posibilidades en una guerra las hay infinitas, pero que no puede ser una opción que el Estado y la nación colombiana claudiquen y se dobleguen al poder del enemigo.  Cualquier posición tolerante con los enemigos de Colombia es una afrenta contra la –por excelencia– luchadora y trabajadora nación colombiana. Segundo, que esta guerra no es por capricho; estamos luchando por nuestras vidas. La guerra contra el narcoterrorismo es una guerra defensiva. Ellos son quienes le declararon la guerra al Estado y al pueblo colombiano y son ellos mismos quienes asesinan con sus bombas, minas y fusiles. No es una guerra de una parte de la comunidad contra la otra. Es una guerra de un pueblo contra quienes aspiran a arrebatarle su libertad y ser sus opresores. Tercero, que el enemigo va a avanzar tanto y en cuantos campos se lo permitamos. La guerra en Colombia no solo es militar, también es política y jurídica. Esto último en razón de los apoyos que ha conseguido o que ha comprado en las respectivas ramas del poder. No atender a esta situación es abrir el camino para legitimar el accionar asesino de estos grupos. Peor aun, que quienes los combaten terminen siendo los condenados. Cuarto, la guerra no es deseable, pero la libertad y la dignidad no son cosas que podamos negociar. No se puede negociar con un grupo que alza banderas políticas para tapar el tráfico de drogas, el uso de minas, el reclutamiento de niños para engrosar el cuerpo militar y para abuso sexual, la violencia sexual como arma de guerra, entre muchas otras aberraciones. Todo en la vida se puede sustituir o recuperar; no la dignidad, no la libertad. Entregarlas comprometería a la nación no solo en su futuro sino en su esencia misma. Quinto, y ultimo, que si el enemigo consigue su propósito, esta nación y sus futuras generaciones habrán perdido lo que las anteriores han forjado con años de lucha, trabajo duro, sacrificio y mucha sangre. Que –si logran su cometido– el final de la guerra no estará escrito sobre la paz sino sobre la caída en desgracia del país entero. Felipe Riascos Montoya-. Twitter: @feliperiascos feliperiascos@panoramanacional.com   Más artículos de este autor en: http://www.panoramanacional.com/    
Más KienyKe
El árbitro relató lo que vivió a su llegada a Estados Unidos. Dijo tener los documentos en regla.
El candidato izquierdista aventaja a Fujimori por apenas 0,112 puntos porcentuales en una de las elecciones más reñidas de Perú.
Rafael Cruz asumió como director encargado de la UNGRD tras la salida de Carlos Carrillo. Este es su perfil y trayectoria.
El 54% de los colombianos gastará más de $200.000 en el Día del Padre.