Indicadores Económicos

2013 puede marcar la diferencia

El grado de optimismo o de pesimismo de los colombianos, que en cada medición reflejan las ...

El grado de optimismo o de pesimismo de los colombianos, que en cada medición reflejan las encuestas, suele obedecer a asuntos de impacto coyuntural.

En las últimas, realizadas por encargo de medios de comunicación, se registró un golpe fuerte en el estado de ánimo de los colombianos por obra y gracia del fallo de La Haya (nov. 19 de 2012). A tal punto que el pesimismo en la población se ubicó en los más altos niveles de los últimos tiempos.

Los resultados de estas mediciones encierran una trampa en la que la gente no repara. Nuestros gobiernos suelen orientar su labor con base en esos resultados y el de Santos no es precisamente la excepción. Su tendencia sostenida hacia la desfavorabilidad desde que cumplió el primer año de gobierno nos ha deparado decisiones presidenciales cuyo lanzamiento no ha estado determinado por la solución que representan sino por su oportunidad para restaurar la imagen del presidente. Es lo que ocurrió con la decisión de las 100 mil viviendas gratis. Es lo que sucedió con el anuncio de diálogos con las FARC en septiembre pasado y es lo que pasa ahora, tras el fallo, con los anuncios sobre disminución de la pobreza y los que probablemente vendrán en estos días.

Con sus agravantes: Las casas gratis además de favorabilidad, representan amarre de votos, ya sea para Santos si va a la reelección o para Vargas Lleras si Santos desiste de esa aspiración. La disminución de la pobreza se sustenta en los subsidios que da el gobierno, no en la productividad por empleo digno o autonomía económica de los individuos. ¿Qué ocurriría si se quitan esas ayudas? Además, las metodologías de medición parecen más comprometidas con su diseño técnico que con reflejar la realidad evidente. Vuelven a cobrar vigencia los reparos del propio Vicepresidente Garzón sobre el particular.

El tipo de gobernante que supedita la suerte del país a la salud de su imagen no es lo que necesitamos. En próximos días comenzará a moverse la competencia por la presidencia para el período 2014-2018. Ya es hora de que los colombianos dejen de prestarse al juego de aspirantes y gobernantes que no apuntan al meollo de lo que el país realmente necesita. Es hora de que surja un candidato que se la juegue de verdad por remediar el flagelo de inequidad y de exclusión que nos despedaza como sociedad y como proyecto de país. Eso sí es lo que necesitamos. Ese es nuestro problema medular.

De él no saldremos mientras sigamos embobados con las cifras de crecimiento económico producidas por actividades que no generan desarrollo y que sólo benefician a los poquitos que las realizan en un mar de libertinajes consentidos. Tal situación debe empezar a atacarse con la aplicación de una regulación estatal, real y efectiva, que frene la avaricia y evite los abusos del gran capital. Pan de cada día en la banca, la minería, la salud, la telefonía móvil, la contratación pública.

Consecuentemente, ante las frustraciones de izquierda y de derecha, el candidato que este credo encarne puede brotar de otros ámbitos. Se preguntarán ¿de cuáles?

Hoy ya no resulta aventurado creer que de esa fuerza ciudadana nueva, movilizada mediante las redes sociales. Ya hubo una muestra de su capacidad cuando obligó al retiro de la reforma a la educación superior del actual gobierno. Cuando fue clave en el aborto de la penosa reforma a la justicia.

Qué mejor que empezar 2013 abrigando la posibilidad de materializar para muchos algo de la felicidad que nos deseamos tradicionalmente cada 31 de diciembre con el saludo de año nuevo.

Punto y aparte: lo claro es que se necesitan las dos cosas: que el alcalde de Bogotá sea un buen gerente y que en los contratos con los privados se dé fin a la avaricia y a los abusos normalizados por el modelo económico que nos rige, y permitidos por los alcaldes anteriores. Muchos insisten en ver sólo el problema de gerencia de Petro.

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