Bambuco Caribe, nuevo ritmo colombiano

26 de abril del 2013

Ocañeros: ni de allá, ni de acá, ni cachacos ni costeños, porque tienen de acá y de allá. Columna de Mario Javier Pacheco.

El folclor nacional rico y variado está sustentado en elementos mágicos que se incrustan al alma de los colombianos y es tan singular en su diversidad, que las regiones se dan el lujo de identificarse con sus ritmos: La guaneña a Nariño, el currulao al Cauca, Valle del Cauca y Chocó, el pasillo a Caldas, el fandango a Montería, el joropo a los llanos; el bambuco al Tolima grande, (Huila, lo tomó como propio e Ibagué lo cultiva) la cumbia al Magdalena, (la depresión momposina, y con algunas variaciones a Barranquilla), el vallenato al Cesar, el torbellino a Santander, la guabina a Boyacá, etc. Norte de Santander es uno de los pocos que carece de ritmo propio y sus producciones líricas las acompaña de bambucos (Ocañerita, Brisas del Pamplonita) y otros aires, aunque su historia y presente esté llena de compositores y composiciones.

El río Magdalena que viaja al mar irisando linderos de pueblos encantados y las culturas anfibias de Fals Borda, juguetea en El Banco, meciendo el más onírico entablado fluvial que pueda uno imaginar y que sirve de escenario al Imperialato Nacional de la Cumbia, dirigido desde hace años por Veruschka Barros, hija del autor de la Piragua.

Durante la versión XXVIII en 2012, el virreinato coronó a la ocañera Nadya Jácome, quien bailó la Machetilla, con coreografía impecable de Juan Carlos Parra, como danza identificativa de su provincia, pero la inconformidad con el movimiento de hombros y con el rastrillar de los machetes, hizo surgir la inquietud para presentar una propuesta nueva.

Hasta 1857 la provincia de Ocaña fue un departamento con gobernador, constitución y presupuesto propios, conformada por 29 municipios que hoy pertenecen al sur del Cesar, sur de Bolívar y nororiente de Norte de Santander, entre los cuales subsisten afinidades étnicas y socioculturales e intereses económicos regionales.

En 1910 la Provincia fue desmembrada, se le quita el Río Magdalena y se “pega” a Norte de Santander, junto a ciudades culturalmente distintas: el pamplonés es andino, piensa y se comporta como andino, mientras el cucuteño piensa y se comporta como los nativos de la región del Maracaibo.

Los ocañeros constituyen una mezcla andino/ribereña que les hace ser percibidos como costeños cuando están en Bogotá, por su manera de hablar y la alegría que les desborda con mayor extroversión que al andino, pero cuando están en la costa se les percibe como cachacos. Es decir, ni de allá, ni de acá, ni cachacos ni costeños, porque tienen de acá y de allá.

Reichel-Dolmatoff incluyó la Ocaña prehispánica en la cultura mosquito o bajo magdalenense, de la familia Karib, sin embargo, rasgos lingüísticos chibchas entre los motilón barí indican que ambas familias indígenas se dieron cita en la zona, para gestar desde los albores históricos una singularidad étnica y cultural.

La elegancia andina de los ocañeros se acopla a la cadencia del bambuco huilense, mientras su ancestro caribe se regodea en la exultación eufórica del fandango cordobés, aunque sus compases sean incompatibles en acento ¾. Comprenderlo significó el primer paso para elaborar el nuevo ritmo y se contrató a los profesionales de la música Saúl Pacheco Ropero y Juan Carlos Vergel para hacer la fusión.

La estructura del fandango es de pregunta/respuesta, su ritmo fiestero  contrasta con la candencia del bambuco, y mezclarlos no era fácil porque se debía fundir musicalmente una región serena y elegante con otra alegre y parrandera, sin sacrificar el color de ninguna, y acoplarse a una letra entregada con anterioridad.

Saúl Pacheco escogió una melodía acorde al texto y la armonía básica del bambuco tradicional para armar la primera estructura en tempo 6 X 8, compás afín al bambuco y al fandango, que en su punto medio incita al baile, pero igualmente a escuchar.

La primera maqueta en bajo, guitarra y tiple fue examinada por el maestro Raúl Rosero Polo, quien avaló la melodía, la voz y la estética y recomendó mantener la esencia de ambos géneros en el empalme buscando el pulso medio.

Instrumentos y características:

Uno de los aportes más importantes de la fusión es la forma de interpretar los instrumentos tradicionales de los dos ritmos. La guitarra bambuquera que se toca rasgada, realiza ahora arpegios y adornos. El tiple andino, que es acompañante, hace aquí la voz de un instrumento de viento en formato de fandango y torna luego a su característica de bambuco.

El clarinete hace el intro, la percusión de banda es de fandango y los platillos son fandangueros. En la improvisación e intros se utilizan redoblantes, y el registro lo llevan los vientos, dándose las voces con cada instrumento.

La percusión no está presente todo el tiempo, para mantener el viaje por las dos zonas musicales, el bombo de banda hace una amalgama entre fandango y bambuco, y el redoblante contiene una base con la esencia del fandango y la delicadeza del bambuco.

El tema se presenta: estrofa estribillo, estrofa estribillo, coro. Luego la introducción, seguida de estrofa estribillo, coro e intro, que es el final

La melodía inicia con bajo eléctrico clásico de fandango, que luego se funciona y amalgama entre bambuco y fandango. Ya en el coro se presenta un compás de bambuco y un compás de fandango.

El intro es de fandango, la estrofa en el bajo, es de bambuco, el estribillo, -si lo lleva-es de fandango y el coro lleva los dos estilos. La improvisación debe ser fandango porque imprime su alegría característica, al igual que en el solo, sin dejar de percibirse el bambuco.

Respecto a la voz, es una melodía muy elegante, alegre pero no guapachosa porque el contenido del texto no lo amerita, es un tema poético.

El bambuco Caribe está metrado armónica y melódicamente y se ajusta a los parámetros del folclor colombiano. Evoca el híbrido andino/karib de los ocañeros, exteriorizado en la elegancia y finura del bambuco y la alegría del fandango

Vestuario y coreografía

El diseño del vestuario lo hace el SENA Ocaña, bajo la dirección de Samira Paredes, con amplio conocimiento en el tema. Por ahora los colores teóricamente sustentables son el verde, el blanco y el naranja quemado de la barbatusca.

La creación coreográfica, realizada por el grupo Brisas de Torcoroma, dirigido por Luis Eduardo Pérez, puede apreciarse en el enlace final, con  características de bambuco, fandango y pasos propios de la fusión, como ritmo nuevo.

La Interpretación tiene tres versiones en las voces de Laura Ibáñez, Rosita Rangel y Aurita Pérez, quien en los próximos días llega de Miami para realizar una cuarta versión.

Con apoyo de la Ministra de Cultura Mariana Garcés y del Alcalde Jesús Antonio Sánchez Clavijo, este nuevo ritmo es el fundamento para realizar el Primer Festival y Reinado Nacional del Bambuco Caribe, en Ocaña durante la semana de la Fraternidad, entre el 28 de junio y el 1 de julio de 2013.

Enlace del nuevo ritmo folclórico: http://goo.gl/dYcv1

@mariojpachecog

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