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Budismo y medicina

Es común en nuestros días algo que podríamos llamar “budismo light”.  Son aquellas personas que se ...

Es común en nuestros días algo que podríamos llamar “budismo light”.  Son aquellas personas que se consideran devotas del Dalai Lama sin saber mucho del esotérico budismo tibetano, o idolatran un Señor Buda dorado con incienso, o se quedan en silencio quince minutos por día y se dicen practicantes del Zen.

No quiero menospreciar estas prácticas, pues el budismo reconoce Las Tres Joyas (Buda, budismo, comunidad budista) y cualquier persona de buen corazón que encuentre refugio en ellas avanza en su camino al despertar, al Nirvana. Pero el primer budismo Theravada exigía una meditación disciplinada de las antiguas enseñanzas con unas pocas prácticas que ayudaban a ello (respiración consciente por la nariz, posición corporal correcta, concentración del pensamiento en un solo punto, etc.). Por eso, la Escuela de los Ancianos también se llama Hinayana, vehículo pequeño o vía rigurosa.  Siglos después el budismo se convirtió en una práctica de masas y se desarrolló como Mahayana, gran vehículo o vía ancha, en diversas escuelas (budismo Tántrico, budismo Zen, etc.). Se ha dicho que el budismo es una metafísica en busca de unas prácticas éticas y religiosas siendo el cristianismo occidental, en contraste, unas prácticas éticas y religiosas en busca de una metafísica. Todo lo anterior para subrayar en el budismo unas ideas básicas que es necesario pensar arduamente. Distinto a las prácticas de “budismo light” que se han puesto de moda en nuestros días.

¿Cuáles son estas ideas fundamentales del budismo? Primero, los Tres Signos ontológicos o “marcas” de lo que somos: todo sufre, el alma o ego es una ilusión y nada permanece.  Luego las Cuatro Grandes Verdades surgen del primordial reconocimiento que sufrimos, pues nada podemos hacer con lo transitorio del mundo y la falsa existencia del alma (o ego) sino aceptarlas.  Entonces sólo podemos luchar contra uno de los signos del ser, el sufrimiento. Y estas Cuatro Verdades son: hay sufrimiento en nosotros, el origen de nuestro sufrimiento es el deseo, si anulamos el deseo anulamos el sufrimiento y la cuarta verdad es el método para hacer desaparecer el sufrimiento en ocho pasos (por eso el budismo se llama también Noble Camino Óctuple).  En resumen, le digo a mis estudiantes de historia de las ideas médicas: 3 Signos, 4 Verdades, 8 Pasos.  Hace unos veinte años le explicaba esto a un amigo que me respondía: ¡Pero entonces yo también soy budista! Creo que tenía razón, y si lo pensamos en profundidad todos lo somos.  Lo aprendí a través de la lectura de Thomas Merton, monje cisterciense que falleció en 1968 y quien se consideraba un cristiano budista o budista cristiano, como se quiera.

He abreviado en dos imperfectos párrafos esta antigua tradición para comentar hoy la relación de las 4 Grandes Verdades con el pensamiento médico. Hace años leí que las cuatro preguntas que se hace un médico indio clásico ante el enfermo se corresponden con las cuatro verdades esenciales del budismo.  Esas preguntas son también las que nos hacemos todos ante la enfermedad y los médicos, frecuentemente, no sabemos responder a ellas o dar la respuesta esperada a nuestros pacientes.

La primera gran verdad es: todos sufrimos.  Corresponde a la primera fase del pensamiento médico, el diagnóstico: ¿Estoy ante una enfermedad o ante un sufrimiento humano que puedo llamar enfermedad?  Curiosamente, así como negamos nuestro sufrimiento también negamos con frecuencia la enfermedad.  No aceptamos que todos podemos estar enfermos un poco o mucho: tener una escondida mutación genética deletérea, o llevar un estilo de vida que tarde o temprano nos conducirá a una condición patológica o nosotros, en la aurora de la tercera edad, podríamos tener un cáncer de próstata oculto como nuestro Presidente y Vicepresidente hasta hace poco.

La segunda gran verdad analiza la causa del sufrimiento humano que para el budismo radica en el deseo. En el pensamiento médico esto corresponde a la investigación de la causa (etiología) y mecanismo de las enfermedades (patogenia).  Es más difícil en medicina que en budismo: a veces encontramos una causa, otras veces varias o un mecanismo diferente en casos distintos.  Para el budista, por el contrario, la única causa fundamental del sufrimiento humano es el desear.

¿Qué pasa si se retira el deseo? Cesa el sufrimiento, contesta la tercera gran verdad del budismo.  En medicina es el pronóstico que nos hacemos frente a las enfermedades: ¿Puedo evitar la causa de esta enfermedad o no? ¿Hasta dónde me recupero si hago eso? ¿Qué calidad de vida me espera luego de tratar la causa de la enfermedad? Como ven, es algo más complejo que preguntar ¿cuántos días me quedan de vida, doctor?

Y la cuarta y última verdad es la manera de hacer desaparecer los deseos para el budista, o en medicina el plan de tratamiento.  ¡Qué belleza tan profunda encontramos al hacernos estas preguntas frente al sufrimiento y las enfermedades, día tras día!

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