Colombia sufre matoneo

5 de diciembre del 2012

El gobierno colombiano alardea de una “irrestricta vocación diplomática” que enmascara su incapacidad para defender de manera digna lo que nos pertenece en materia de soberanía territorial. Somos como el muchachito matoneado de la escuela, del que todos abusan, incluso los más débiles. Es triste descubrir la falta de carácter de nuestros gobernantes en la […]

El gobierno colombiano alardea de una “irrestricta vocación diplomática” que enmascara su incapacidad para defender de manera digna lo que nos pertenece en materia de soberanía territorial. Somos como el muchachito matoneado de la escuela, del que todos abusan, incluso los más débiles.

Es triste descubrir la falta de carácter de nuestros gobernantes en la mayoría de los tratados internacionales que legalizaron por las buenas lo que nos arrebataron por las malas y en medio de sonrisas y de whisky rubricaron decenas de humillaciones diplomáticas, que muchas veces incluyeron muertes, despojos y atropellos a nuestros campesinos de frontera.

Examinar los tratados es constatar que gobernantes y Congreso de estos dos siglos nos sumergieron en un estado catatónico del cual no despertaremos hasta que se roben el último kilo de carbón, la última gota de petróleo, el último gramo de oro, el último metro cuadrado de territorio y la última yarda marina.

La Colombia de Simón Bolívar era dueña de los territorios de la Real Audiencia de Quito, el Alto Perú, la Capitanía General de Venezuela, la Nueva Granada, Panamá y adicionalmente la Región Mosquitia, que comprende las actuales costas de Nicaragua, Costa Rica y Panamá, con las Mangles y el archipiélago de San Andrés, sus islas, islotes y cayos, por supuesto.

Teníamos 2´583.000 km cuadrados más el área marina. Hoy solo 1´141.748 Km cuadrados, o sea que nos quitaron y regalamos generosamente más de la mitad, más de un millón de km cuadrados, en medio de abrazos y camaradería diplomática.

Bolívar era el unificador y a su muerte, en 1830, se desintegra Colombia y los países latinoamericanos se acogen a la uti possidetis juris, lo que equivale a aceptar como fronteras las líneas trazadas por España para administrar sus colonias. Los títulos son los viejos mapas del Virreinato de la Nueva Granada.

Pero el vivo se come al bobo y el territorio colombiano hoy está mordido en todos sus costados por Brasil, Perú, Costa Rica, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, y Panamá. Todos los países que nos rodean tienen, sin excepción, un pedazo que era nuestro.

Colombia

Venezuela nos ha invadido tierras de diversas formas, en 1900 una comisión mixta busca los Mogotes de los Frailes en la Guajira para trazar la línea divisoria, no los encuentran y entonces la tiran desde Castilletes, haciéndonos perder muchos km cuadrados. Nadie quedó contento: Colombia por el error absurdo y Venezuela porque pretendía más terreno. En 1917 un arbitraje suizo favorece a Colombia en teoría, porque en la práctica el país no hizo valer sus derechos.

La bobería colombiana maravilla en 1952, cuando el canciller Juan Uribe Holguín manifiesta que Colombia no tiene soberanía sobre Los Monjes, y ante  el escándalo, Enrique Santos Montejo, Calibán, tío de Juan Manuel, escribió en su columna de El Tiempo: “No convirtamos el caso del islote de los Monjes en controversia internacional. Vale mucho más la cordialidad con Venezuela… cedamos en nuestros derechos… Y demostremos al pueblo que apreciamos en mucho más su amistad que la posesión de pedazos de tierra o de roca”

El Laudo Arbitral de Berna de 1916 y el Tratado Final de Fronteras le dejan a Venezuela la zona aledaña entre la Guajira y Maracaibo, parte del Estado Apure y en el Amazonas los municipios de Maroa y Atabapo, entre los ríos Negro y Orinoco, que eran colombianos.

Ecuador utilizó invasiones armadas para arrebatarnos territorio.  El General Juan José Flórez intentó apoderarse de Pasto, Popayán, Buenavenura y Tumaco, con el apoyo de los generales colombianos Obando y López.  Sus invasiones se repitieron durante 30 años y en cada una de ellas Colombia perdió territorio, hasta que en 1916 se fijaron límites mediante el tratado Suárez – Muñoz que legalizó a favor de Ecuador las tierras invadidas.

Perú también nos quitó territorio invadiéndonos. La primera vez en 1829 cuando el presidente Lamar con 8.000 hombres intentó anexar al Perú las provincias de Pasto y Popayán, apoyado por los generales colombianos José María Córdoba y José Hilario López. El Mariscal Sucre los vence y expulsa. En 1830 se firma el tratado Mosquera – Piedemonte.

En 1911 Perú nos invade por segunda vez, izando su bandera en La Pedrera, defendida por el general Gamboa a quien el gobierno ordenó no responder la agresión, ni realizar ninguna acción militar así fuera defensiva, porque desde Bogotá se resolvería el conflicto por la vía diplomática. Esta tontería envalentona al Perú que avanza y ocupa Puerto Pizano y las Delicias en la margen derecha del Caquetá. El gobierno colombiano solo firmó más tarde un Modus Vivendi y Perú conservó el dominio sobre los territorios ocupados. Centenares de campesinos atropellados lo perdieron todo.

La tercera invasión peruana fue en 1932, violentando el tratado Lozano – Salomón que en 1922 legalizó a los invasores las tierras que nos quitaron,  ellos querían más y nos volvieron a invadir, solo que esta vez teníamos un presidente con calzones, Olaya Herrera quien los contuvo e impidió que los peruanos se adueñaran de Leticia y de todo el trapecio amazónico.

Brasil.  En el colmo de la astucia, Perú cede a Brasil territorio colombiano y Brasil lo recibe. Los tratados que legalizan las tierras usurpadas, incluso las que regaló Perú, se suscriben en 1853, 1906, 1907 y 1928. Perdimos gran parte de la hoya del Amazonas, del Caquetá y Putumayo. Como premio de consolación, Brasil nos concedió el derecho de navegación por el Amazonas.

Panamá. Nuestro gobierno centralista mantiene en el olvido a sus provincias y eso se paga, Panamá empobrecida y sin presencia del Estado canaliza su descontento con la separación y la perdimos en 1903, En 1914 se suscribe el tratado Urrutia – Thompson y se legaliza la pérdida territorial.

Costa Rica también tomó tierra nuestra. Por Cédula Real de 1803 Colombia tenía posesión real y administrativa sobre sus costas, tanto por el Atlántico como por el Pacífico, pero Colombia las desatendió y Costa Rica se apoderó de ellas.

Nicaragua: La soberanía de Colombia en el caso fallado por la Corte de La Haya, radica en la Cédula Real que desagrega el territorio Mosquitio de la capitanía General de Guatemala y la entrega al virreinato de la Nueva Granada. Colombia asume dominio sobre la actual costa atlántica de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y todo el archipiélago de San Andrés y Providencia, pero no ejerció su soberanía y Nicaragua comenzó apoderarse de la región. Llegaron a sentirse tan dueños que incluso arrendaron a Estados Unidos los territorios colombianos.

El 24 de marzo de 1928 se firmó el tratado Bárcenas – Esguerra mediante el cual Colombia obsequia a Nicaragua la costa de Mosquitia y las islas de Mangle Grande y Mangle Chico y Nicaragua reconoce la soberanía de Colombia sobre San Andrés y Providencia y todas sus islas, islotes y cayos, como Serrana y Bolívar, tratado que se ratificó en Managua el 5 de marzo de 1930. El mismo que objetó Nicaragua con la excusa de haber sido firmado en medio de la invasión norteamericana, pero desconociendo que el derecho de Colombia no parte de ese tratado sino del Uti Possidetis Juris, contra el cual no tiene competencia la Corte de La Haya.

La C.I.J. ratificó el 19 de noviembre de 2012 la soberanía de Colombia sobre el Archipiélago de San Andrés pero le quitó sus dominios marítimos.  Volvimos a perder territorio y Colombia tan campante. El presidente Santos elevó una tímida nota de protesta, tímida porque así son las notas de protesta colombianas y nadie les para bolas.

“Este fallo es tan solo el comienzo, ahora vamos por San Andrés” Nos advirtió Daniel Ortega, y con su característica sorna mandó decir al presidente Santos: “Bienvenido a San Andrés”

Ya lo veremos a manteles con alguno de nuestros diplomáticos, porque cuando los vecinos nos roban tierra, la tradición impone de sobremesa, abrazos y tratados.

@mariojpachecog

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