¡Constituyente, Sí!

Mié, 04/07/2012 - 01:03
Ya no vale la pena buscar quien tuvo la culpa, lo realmente cierto es que un grueso grupo de congresistas aprobaron ese adefesio de reforma a la Justicia, y por cuenta de la famosa “reforma” se cr
Ya no vale la pena buscar quien tuvo la culpa, lo realmente cierto es que un grueso grupo de congresistas aprobaron ese adefesio de reforma a la Justicia, y por cuenta de la famosa “reforma” se creó un caos institucional que le costó el puesto al ministro de la injusticia. A mi juicio justa salida la de Esguerra, ¿y los que faltan qué? Después de todo, quedan claras varias perspectivas. La primera, que el Congreso fue totalmente incapaz de hacer la reforma a la Justicia, y por cuenta de tal incapacidad hoy muchos sectores piden esa Asamblea Nacional Constituyente no solo para hacer la gran reforma a la Justicia, si no también ir más allá de un par de reformas que necesita el país. ¿Cuánto queda de la real Constitución del 91? ¿Cuántas reformas se le han hecho en 20 años? Gran hermetismo ha guardado el Gobierno y el Congreso desde que la opinión pública, en un gesto civil e inteligente expresó su indignación con la reforma no a la justicia que en teoría acabaría con tanta impunidad y falta de cobertura del eje de dominación de un Estado, el servicio público de administración de Justicia, hoy el más cuestionado y vituperado por hechos escabrosos que son de dominio público, ¿a dónde vamos sin justicia, y sin respeto institucional? De aquella Constitución, esa que nació en la Constituyente de Álvaro Gómez, Serpa y Navarro, no queda nada. De vainas el Congreso ha respetado el preámbulo, aunque nada de extraño tendría que estén fraguando modificarlo. Ya se habla de suprimir el cargo de segundo a bordo mal llamado Vicepresidente, y digo mal llamado porque desde la Constitución misma se crea tal figura que solo queda en el papel, pues esa posición no hace parte del Gobierno y no es relevante en las decisiones más importantes de Estado. Siendo así, por qué no expresarle a la opinión pública la necesidad indefectible de convocar al pueblo a una Asamblea Nacional Constituyente, que tenga fuerza y legitimidad popular. Esa fuerza que hoy ha perdido la institucionalidad por cuenta de desaciertos voluntarios, involuntarios, intereses mezquinos, y sobre todo las inmensas ganas de querer agradar a todos. Es que cuando se pretende tener a todos contentos es apenas obvio que ninguno lo estará, por que las decisiones trascendentes sin importar el interés que representen, siempre quedarán a medias. Ojalá desde las orillas universitarias, académicos, sectores sociales y políticos; de verdad emprendieran esa gran tarea de convocar liderazgos para un gran movimiento en pro de una Asamblea Nacional Constituyente, comités promotores en las provincias, en los departamentos más olvidados, como Amazonas, Vaupés, Vichada, Chocó, y toda la Orinoquia que se va a ver más afectada de lo que ha sido su realidad en los últimos 20 años. La tarea más acertada de nuestra sociedad, será entonces encontrar el mecanismo para que el pueblo convoque a esas grandes reformas que nuestras instituciones requieren, reformas a la Justicia, al régimen de partidos políticos, al sistema de seguridad social, a esa “ley de tierras”, a la política criminal del Estado, donde prevalezca nuevamente en nuestra sociedad el respeto por el derecho a la vida. Lo que aquí se juega no es la secularización de ismos, de ideologías de izquierda o de derecha, lo que se juega aquí es la razón de la existencia humana, la vida de nuestros hijos. Twitter: @g_rodriguezm
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