Youtubers, el espejo de una sociedad estúpida

Youtubers, el espejo de una sociedad estúpida

17 de abril del 2016

Por: @Don_DiegoNorea

En Colombia (y en el mundo) hay un grupo de personas a las que poco o nada les importa los vaivenes de la economía o la política de la agitada actualidad del país.

Sus protagonistas pueden tener incluso la misma influencia del doctor Uribe o el insípido Santos. Pocas veces protagonizan titulares de prensa, pero su influencia es gigantesca, casi tan grande como su inmadurez.

Son como una suerte de nueva clase de famosos cuyos seguidores son, en la mayoría de los casos, menores de edad o jovenes que no lograron la mayoría de edad económica, como la describía Marx.

Son, como casi todos los famosos, insípidos. Su gracia radica en tener un celular de alta gama, un peluqueado mal hecho, y un discurso pobre: Hablan de amor, de bigotes y la forma de afeitarlo, de espíritus, de animales, de colores, de piojos…de todo, pero al mismo tiempo de nada.

Ver sus videos resulta un ejercicio torpe e incómodo pero necesario para tratar de entender a esta especie.

Son como actores malos que fingen su risa, sus gestos y sus anécdotas. “Es la invasión de los idiotas”, como lo describió Umberto Eco.

El italiano consideraba que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel”.

Hay un agravante. Estos nuevos dueños de la verdad tienen dos cosas que hacen que su torpeza escale: Audiencia y canales de video.

Si antes la preocupación era que la televisión educara a los niños, ahora hay que preocuparse porque hay ‘muchas televisiones’ que lo están haciendo. Los youtubers se perfilan como los profesores de una sociedad cuyo principal valor será la estupidez.

“La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”, consideraba Eco.

La fama de por sí es un estado de insensatez que lleva a que un ser humano se sienta superior al otro solo porque aparece en televisión o prensa, pero si se puede rescatar algo de ese estado, puede ser que el famoso llegaba a ese nivel porque el mortal le reconocía algo. La forma como actuaba, jugaba fútbol, pintaba, hablaba de política o de economía, pero esta nueva fama, la de los youtubers, es gaseosa.

Son famosos por hacer nada, por no hacer nada, por no ser nada. Y lo peor: Tienden a amasar fortunas.

El año pasado, por ejemplo, un tal Vegeta, de España, llegó a ganar 42 mil dólares mensuales.

Será un circulo vicioso difícil de detener. Entre más seguidores tengan, más poder tendrán. Aunque también es cierto que es un poder inofensivo, es poder y como todos, puede enceguecer, enloquecer, embrutecer.

La solución no la tiene el Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, quien piensa (erradamente) que hay que judicializar a los que usen irresponsablemente las redes. La solución la tiene cada uno, porque eso es lo bonito de esto. Internet nos da el poder de decidir que tan imbéciles queremos ser.

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