Del dicho al hecho hay mucho trecho

Mar, 28/08/2012 - 09:02
En Colombia se habla de la guerra y de la paz con una facilidad asombrosa. Y con ambas se hace política, porque ninguna de las dos son en realidad políticas de Estado, sino que siguen al vaivén de
En Colombia se habla de la guerra y de la paz con una facilidad asombrosa. Y con ambas se hace política, porque ninguna de las dos son en realidad políticas de Estado, sino que siguen al vaivén de la medición variable, mientras unos quieren la paz, otros la pacificación y algunos las confunden. La paz es un acuerdo, donde todas las partes en conflicto ceden y la pacificación es una imposición del que logre ser más fuerte. De todas formas, la paz sigue siendo una necesidad, una obligación y un derecho que tenemos la mayoría de los colombianos, esos que no pertenecemos a ningún extremo. Y que tampoco nos comemos el cuentico de la tercera vía para gobernar sin oposición, a tres bandas o con una cauchera. Pero el acercamiento con la guerrilla nunca debió hacerse a espaldas de los colombianos y eso fue un error. Porque una cosa es silenciar los fusiles de los guerreros a las buenas o a las malas y otra muy distinta, silenciar la histórica naturaleza política de dos lenguajes mutuamente excluyentes. Yo quiero escuchar a las Farc y escuchar qué responde el gobierno, mientras se sigue armando la pugna entre la Marcha Patriótica y el Puro Centro Democrático, porque la una no tiene nada de patriótica, el otro no tiene nada de centro y ninguno de los dos tiene nada de decente. El otro lío es que negociar una agenda política con unos rebeldes sin causa vaya y venga, pero negociar una agenda económica sin el beneplácito de unos poderes fácticos llenos de intereses en las principales capitales del país, no será nada fácil. Y por si fuera poco, ya algunos anuncian que las Fuerzas Armadas ganaron la guerra y que ahora falta la paz. ¿A qué horas? Porque yo no escuché a nadie pitando por las carreteras de Colombia. Entonces, pongámonos serios, que no siga siendo Uribe o los medios de comunicación, los que hayan reemplazado la tardía alocución presidencial sobre el tema. En otras palabras, que el presidente Santos deje el concepto de lo tácito y todos sus sinónimos para las relaciones internacionales con Chávez; no sea que explote otra refinería misteriosamente y llena de falsedades. La verdad es que a mí no me gusta el presidente Santos pero debo aceptar que ese señor es capaz de firmar la paz en Colombia.
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