Día D en Oslo
Este miércoles es decisivo para los acercamientos y exploraciones entre los voceros autorizados del gobierno y las Farc para nuevamente apostarle a la paz. Una oportunidad que tardó más de una década, escondida y casi que perdida en medio de las trincheras de uno y otro bando. Claramente las Farc llegan a esta mesa debilitadas con intención de intenciones de paz, o al menos así lo han expresado, después de grandes golpes militares a su secretariado y a la moral de sus combatientes.
Luego de las negociaciones de San Vicente del Caguán, el pueblo colombiano cansado e incrédulo, defraudado ante los escasos resultados en esa oportunidad, pidió casi al unísono: “No más Farc”, y se encontró en el camino de la seguridad eligiendo a Álvaro Uribe Vélez, quien no defraudó ese gran mandato, incrementando los esfuerzos por la seguridad; el sentimiento de desaprobación de las Farc-EP se materializó en una multitudinaria marcha, el 4 de febrero de 2008. Eso reflejó para muchos una sociedad cansada de la guerra y de los delitos de lesa humanidad cometidos por ese grupo al margen de la ley.
Luego, con la política de seguridad democrática del expresidente Álvaro Uribe y dirigida varios meses también por el entonces ministro de Defensa Juan Manuel Santos, muchos colombianos señalaron que por lo menos podían tener más tranquilidad en las principales vías de Colombia. Con varios de los comandantes de las Farc caídos en combate, algunos alegaron que igual la guerra proseguía, y que esa tampoco era el único remedio para todos los males.
Otros, desde diferentes corrientes insistieron en su cansancio colectivo de ver, aguantar y quizás soportar en carne propia de una y otra forma, los disparos indiscriminados en la selva, más violencia y más presupuesto destinado para ese fin y menos posibilidades de desarrollo social por cuenta del narcotráfico, daños a la infraestructura, el secuestro y el boleteo.
Al poner todos estos hechos o cartas sobre la mesa, podría decirse que los últimos mandatarios, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, trataron y han tratado de darle gusto a sus votantes y a los ciudadanos para mejorar su calidad de vida y sus condiciones de seguridad. En conclusión, Uribe y Pastrana contribuyeron mucho a este proceso de paz; a mi juicio el mayor bien que se le aportó fue la política de seguridad democrática.
Esperemos que esta vez el Día D en Oslo marque un camino honesto hacia el proceso de desmovilización y reincorporación a la vida civil del grupo guerrillero más viejo de América Latina. El proceso de paz debe convocar sin excepción a todos los actores armados, incluyendo a los militares, a civiles, empresarios, víctimas y a todas las corrientes o partidos políticos.
Sí vamos a hablar de paz que sea de frente, que sean todas las propuestas tenidas en cuenta. El odio no solamente está en la selva, también lo alimentan a veces, “algunos”, que sentados en sus escritorios y a través de las redes sociales arremeten contra unos y otros, desde donde vienen las imputaciones de ser paramilitares, narcotraficantes o insurgentes. ¿Acaso no somos todos colombianos?
Para hacer la paz hay que “D” desarmar los espíritus, “D” descargar el fusil, “D” decidir y “D” darnos la oportunidad de volver a creer entre unos y otros. El que… ¿Esté libre de pecado? mejor que guarde la piedra y le apueste a la paz.
Corolario: Siempre para una negociación hay que allanar el camino con condiciones, y si algunos critican este camino, es porque tales condiciones no se ven.
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