Antes que nada, quisiera lamentar profundamente la renuncia de mis amigas Elisa Pastrana (editora de opinión), María Elvira Bonilla (directora de Kien&Ke) y Harold Abueta, también subdirector de esta revista digital. Porque el caso de Daniel Pardo lo que demuestra es la disyuntiva entre la libertad de información vs la libertad de empresa, donde ningún medio de comunicación del planeta, saldría bien librado (Noticias RCN Televisión tampoco). Por eso, creería que personalizar una disyuntiva histórica y generalizada como esa, no ayuda a enfocar el problema donde es y donde siempre ha estado.
Se dice que el quinto poder, es decir, la ciudadanía es la encargada de no comer cuento y su deber, y su derecho, es denunciar cada vez que esto suceda; se dice que las nuevas tecnologías democratizaron los medios de comunicación y contrarrestaron sus prácticas monopolísticas; y se dice que el problema del poder va a acabar con el mundo (por ejemplo, las transnacionales mineras), si no se cumple este diciembre la profecía Maya.
Por eso, ojalá que todos, incluyendo a Daniel Pardo, regresen a Kien&ke para continuar en la tarea del principio esperanza (Ernst Bloch), un rumbo utópico pero posible, porque en este Estado Social de Derecha, el problema mayor, aunque no me lo crean, es de orden simbólico. Porque en Colombia no podemos continuar simbolizando únicamente alrededor de la mafia, mientras que en los colegios prefieren enseñar a matar que enseñar geografía e historia.
De lo contrario, los economistas seguirán sin entender que su prioridad debe ser el bien común (de las 140 quiebras en la historia de Estados Unidos, 120 han sido responsabilidad de los egresados de Harvard); los políticos seguirán negociando simplemente sus cuotas en el poder; el pragmatismo de la guerra impedirá la construcción retórica de la paz; los propósitos económicos y sociales de la Constitución continuarán contradiciéndose; novecientos municipios de Colombia permanecerán sin existir y seguiremos creyendo que los problemas de la cultura y los problemas de la educación son un tema de infraestructura.
Mientras tanto, como me decía un amigo el otro día: “los pobres no comen, la clase media no consume y los ricos no pueden dormir tranquilos”. En otras palabras, todos somos el problema de todos, aunque en Colombia hasta los liberales sean godos, los adjetivos máscaras y ciertos discursos un anatema social.
Por lo tanto, no es posible continuar calificando a los indígenas de ladinos, a los afrodescendientes de perezosos y a los campesinos de montañeros, cuando este es un país precisamente de montañas. Porque en parte, el uso del lenguaje es el que nos ha llevado a que resolvamos todo mal. Por ejemplo, a las mujeres les echan ácido en el rostro, ignorando que la calidad de vida de los colombianos ha mejorado, porque la ética femenina entró a trabajar en el mundo de los hombres.
Al mismo tiempo, con solo leer los comentarios en las redes sociales o con el simple hecho de estudiar en cualquier universidad de Colombia (pública o privada), podemos percibir cómo está de desprestigiada la clase dirigente (económica y política), después de quinientos años de corrupción y violencia, por parte de lo que parece ser un sistema de castas en la Colombia moderna.
Por último, lamento nuevamente que Kien&Ke cumpla dos años sin Elisa Pastrana, María Elvira Bonilla, Harold Abueta, Daniel Pardo y que varios columnistas como yo, sintamos que hemos quedado huérfanos y A la deriva, como el famoso cuento corto de Horacio Quiroga, donde “el hombre estiró lentamente los dedos de la mano. – Un jueves… Y cesó de respirar”.
