El tímpano del tiple
El tiplero, calle arriba del municipio de Bolívar, entre palmeras reales y balconcitos de madera, cantaba unos versos musicales que decían: “Tiplecito de mi vida/ tiplecito enamorado, / templa tus notas sentidas/ que yo te llevo cargado”.- Y el tiple trasnochado, cuya caja adormilada bostezaba, bostezaba, contestó: “Si vos me llevás cargado/ yo atempero doce cuerdas. / Llevame bien arrunchado/ que a mi padre me recuerdas”.
Durante el régimen de los reyes católicos de España, Fernando e Isabel, la guitarra de cuatro órdenes, sencilla y popular del renacentismo, llegó tañida por soldados, tripulantes y campesinos provenientes de las tierras de Extremadura con los Jaramillo o de Andalucía con los González. En cambio el laúd y la vihuela prosperaban entre los nobles en la corte.
Al amanecer la República en el siglo XIX, la guitarra de seis órdenes hace parte del apero musical de los criollos cultos. En Sonsón, 1837, Rocío Valencia en la plaza de mercado canta sus trovas con un tiple cuatrero y Gregorio Gutiérrez González lleva serenatas con guitarra. Aparece en Antioquia una modalidad de tiple, con cuerdas metálicas, traída por las fuerzas de Mosquera durante la guerra de 1860. Según Hernán Restrepo Duque, el primero en fabricar un tiple en Medellín, 1880, fue el cojo Raimundo Arango, por encargo de Viviano Arenas, el cual queda en manos de Germán Benítez.
Pedro Morales Pino, 1863, en Cartago, recibe clases de tiple a los siete años. Cuando funda la Lira Colombiana, 1899, Carlos Escamilla porta un tiple de ocho cuerdas. El profesor David Puerta señala que ya puede hablarse del tiple colombiano al romper las ataduras con la guitarra y la bandola. Tomás Carrasquilla, en Frutos de mi tierra, pone en manos de músicos morenos el tiple que sonará en la orquesta del Jockey Club, compartiendo con bandolas y guitarras. En Titiribí hace parte del escudo municipal, junto a un ramo de cafeto, gracias a Fernando Calle Garcés.
En 1903, Pelón Santamarta y Adolfo Marín llevaban tiple y guitarra por Centroamérica y México, mientras en los bares del barrio Guanteros y alrededores del Palacio Municipal o Alcaldía, hoy Museo de Antioquia y Plaza Botero, el tiple sonaba entre los dedos de Manuel Ruiz “Blumen” y Miguel Trespalacios. Después luciría acompañando las voces de Obdulio y Julián. También anduvo con Tartarín Moreira, el poeta de los zapatos golondrinos y corbatín colorado que vivía en el barrio de La Toma, cerca al Hoyo de Misiá Rafaela. El tiple andariego crece en las manos de Uribe Bueno, Jesús Zapata y el Trío Instrumental Colombiano. David Puerta lo define andariego y proletario, con arterias de alambre y corazón de madera. Unos versos tartamudos, como discurso de concejal nervioso, dicen: “Ti, ti, tiple mal nacido/ recostado al corazón, / si, si, siento tu rasguido/ co, confuso en el oído, / es que me ha correspondido/ roto, roto el diapasón”.
(A la memoria de Edmundo Arias, “Cabeza de Nido”)
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