Cansado de la misma Cartagena amurallada de siempre y sus turistas extranjeros; aburrido del mismo Villa de Leyva de siempre repleto de visitantes pretenciosos y precios astronómicos; espantado de las playas de Santa Marta con sus muchachos escandalosos y el permanente acoso del comercio ambulante, decidí buscar un destino desconocido para pasar un fin de semana y alejarme del bullicio de Bogotá. Hacer esa tarea en Colombia resulta bastante fácil, pues muchos son los lugares a donde no llega ni un visitante porque seguimos viajando a Cartagena, Villa de Leyva y Santa Marta como los mosquitos vuelan hipnotizados hacia las lámparas iluminadas en medio de la noche.
Decidí irme a conocer el Guaviare. O, bueno, conocer la parte que se puede visitar de ese departamento, pues la situación de seguridad en la zona se ha venido deteriorando y la guerrilla está ocupando nuevamente algunos espacios que habían sido recuperados en años anteriores.
Los tiquetes aéreos salieron más baratos que unos a Cartagena. El hospedaje fue más económico que en Villa de Leyva. La ausencia de turistas hace que el lugar aún mantenga mucho de auténtico y que no lo estén abordando a uno vendedores ambulantes o indigentes pidiendo una ‘colaboración’. Es perfecto.
Solo fueron tres días, pero me bastaron para conocer la zona que mayor potencial turístico puede tener esa región del país. Ríos multicolores, cavernas laberínticas, lugares para realizar deportes extremos y tesoros precolombinos forman parte de la gran oferta de este increíble y desconocido departamento del que sólo oímos noticias cuando hay un ataque de las Farc o el ejército descubre algún laboratorio de producción de drogas.
Recorrer el Guaviare fue una gran experiencia, pero me dejó un sabor agridulce. El mayor tesoro de todos los que esconde son sus pinturas rupestres: inmensos farallones cubiertos por crípticos pictogramas hechos sobre la roca hace cientos de años (calculan que al menos 1.000 años) y que hoy están convertidos en sitio de visita de personas inconscientes que, al igual que los precolombinos, quieren dejar su impronta sobre la roca. Entonces, se encuentra uno con los pictogramas testimonio de culturas que habitaron la serranía de la Lindosa en épocas precolombinas y sobre ellos los mensajes de amor de “Alejo y Sandra” hechos con una piedra cualquiera y destrozando el patrimonio antropológico de nuestro país.
El problema es que no sólo fueron “Alejo y Sandra”, también se ven las firmas de visitantes de Energuaviare (la electrificadora del Guaviare), notas que nos dejaron Juan Carlos y Ricardo, corazones que rodean algunas de las imágenes precolombinas y nadie dice nada. ¿Dónde está el Instituto Colombiano de Antropología e Historia? ¿Quién debería cuidar esto que es patrimonio histórico de los colombianos?
Es muy triste pensar que en Colombia seguimos creyendo que los únicos vestigios que quedan de los antiguos habitantes de este territorio están en San Agustín, Tierradentro y la Sierra Nevada, mientras que vándalos destrozan otro gran tesoro que debería aparecer reseñado en todas las guías turísticas del país.
Fotos, Flickr:Alveart
@colombiascopio
juanpablocalvas@gmail.com
Recorrer el Guaviare fue una gran experiencia, pero me dejó un sabor agridulce. El mayor tesoro de todos los que esconde son sus pinturas rupestres: inmensos farallones cubiertos por crípticos pictogramas hechos sobre la roca hace cientos de años (calculan que al menos 1.000 años) y que hoy están convertidos en sitio de visita de personas inconscientes que, al igual que los precolombinos, quieren dejar su impronta sobre la roca. Entonces, se encuentra uno con los pictogramas testimonio de culturas que habitaron la serranía de la Lindosa en épocas precolombinas y sobre ellos los mensajes de amor de “Alejo y Sandra” hechos con una piedra cualquiera y destrozando el patrimonio antropológico de nuestro país.
El problema es que no sólo fueron “Alejo y Sandra”, también se ven las firmas de visitantes de Energuaviare (la electrificadora del Guaviare), notas que nos dejaron Juan Carlos y Ricardo, corazones que rodean algunas de las imágenes precolombinas y nadie dice nada. ¿Dónde está el Instituto Colombiano de Antropología e Historia? ¿Quién debería cuidar esto que es patrimonio histórico de los colombianos?
Es muy triste pensar que en Colombia seguimos creyendo que los únicos vestigios que quedan de los antiguos habitantes de este territorio están en San Agustín, Tierradentro y la Sierra Nevada, mientras que vándalos destrozan otro gran tesoro que debería aparecer reseñado en todas las guías turísticas del país.
Fotos, Flickr:Alveart
@colombiascopio
juanpablocalvas@gmail.com
