En El Banco la cumbia peligra por una alcaldada

4 de julio del 2012

José Barros, —cumbia, calor y río— tuvo en Dora Manzano a Katiushka, Boris y Verushka, quien eligió seguir remando los sueños de piragua de su padre y, hacer de El Banco, tierra de los Pocabuy, el epicentro cumbiambero. Hacer empresa cultural en Colombia es muy difícil, pero hacerla con el tamaño del Festival Nacional de […]

José Barros, —cumbia, calor y río— tuvo en Dora Manzano a Katiushka, Boris y Verushka, quien eligió seguir remando los sueños de piragua de su padre y, hacer de El Banco, tierra de los Pocabuy, el epicentro cumbiambero.

Hacer empresa cultural en Colombia es muy difícil, pero hacerla con el tamaño del Festival Nacional de la Cumbia es un milagro, que requiere reservar la totalidad de la capacidad hotelera de El Banco, escenarios, foros, equipos de sonido, vestuario, cierre de vías, desplazamiento de reinas y comitivas, lanchas, buses, aviones, una acción de inverosímil organización que Veruschka Barros Manzano y su grupo de trabajo logran, con resultado impecable.

Llegué como invitado para hablar sobre patrimonio cultural inmaterial, a bordo de una chalupa que tomé en La Oreja, corregimiento del municipio de El Burro, cerca de Tamalameque, sin  sospechar que tropezaría con Macondo en el muelle  irisado por el agua del sol de los venados, con sus fachadas naranja en decadencia y con risas quinceañeras de ilusiones mulatas.

En El Banco, donde confluyen los ríos Cesar y Magdalena, José Barros  instituyó hace 41 años el Festival Nacional de la Cumbia, que el fin de semana pasado vivió su versión número 28, promoviendo y salvaguardando la cumbia mediante el estímulo a cuatro actividades que le son propias: bailadores de cumbia por parejas, canción inédita, desfile pocabuyano y el Imperialato Nacional de la Cumbia.

La participación fue mágica, cumbiamberos viejos de tres años y cumbiamberos jóvenes de ochenta, llegados de toda Colombia, se dieron cita para bailar la majestad del ritmo banqueño y, en el escenario bamboleante, construido con los cimientos de una canción sobre el Magdalena, fue reina la gaita y edecán el tambor.

Faltaron este año Lolita Acosta, directora de la Fundación Reyes y juglares vallenatos y Gloria Gómez, directora de La Nación del Huila, pero reencontramos a Dora Manzano, madre de los Barros Manzano, a la historiadora del río, Amparo Murillo, al productor musical Iván Benavides y a la banqueña Rocío Luna, Virreina Nacional de la Belleza y finalista en Miss Universo.

Pero, —siempre hay peros— el Alcalde de El Banco, quien al posesionarse fue investido de sabiduría cultural por el Espíritu Santo, pensó, “si esta niña menudita puede hacer algo tan portentoso, mejor lo podré hacer yo, que como Alcalde, soy el único con derecho de hacer portentos municipales” y con esta particular convicción, pretende quitarle a Veruschka el manejo del Festival, para que en adelante sea un evento oficial del municipio, donde intervengan los politiqueros del Magdalena y los bailadores se elijan mediante tráfico de influencias.

En mi larga trayectoria de gestor, he visto crear, crecer y cremar centenares de empresas culturales, cuando alcaldes, secretarios de educación, cultura y turismo y otros personajes de similar pelambre, consideran que los actores culturales se forman por decreto. Las administraciones municipales son aves de corto vuelo, pero en sus cuatro años pueden hacer daños irreparables, especialmente si son dirigidas por reyezuelos que la embarran y siguen campantes, orondos y vanagloriándose de sus estupideces.

Los resultados de estas decisiones son funestos, en este caso particular, el alcalde de El Banco carece de gestores que busquen y logren los cien o más millones que vale un evento de esta naturaleza, ellos no pellizcarán sus presupuestos, ni  golpearán puertas todos los días del año como hace Veruschka, ni tendrán el tiempo para estar detrás de las escuelas de música y danza de todo el país. Así que la alcaldada podrá tener como efecto cercano el entierro del Festival.

Nadie es imprescindible, pero sería un garrafal error, que mediante un decreto similar al de “mátese media vaca” se desplace o se obstruya a quienes desde hace 41 años organizan el festival, con el argumento populista y pobre, de que hay que dárselo al pueblo y de acabar con las élites. Todos los eventos, señores alcaldes,  son creados y dirigidos por grupos, élites profesionales que se entregan con vocación a sus empresas, no por élites políticas, creadas por decreto, desenmascaradas ya, por sus propias acciones y su innata corrupción. No queremos ver más alcaldes posando de sabios sobre las cenizas de los procesos culturales que ellos mismos incineran.

El poder y la plata en manos de funcionarios venales y soberbios son una combinación fatal.

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