Indicadores Económicos

Epidemia de Consumo

Me había resistido a ir a esos nuevos almacenes de cadena que han aparecido últimamente en ...

Me había resistido a ir a esos nuevos almacenes de cadena que han aparecido últimamente en varias ciudades de Colombia. Me daba rabia tener que  convertirme en socia. ¡Ni qué fueran un club con piscina y canchas deportivas!. ¿Cómo así que hay que pagar para que me permitan gastarme mi dinero? Pensaba en abierta rebelión contra estos almacenes de nombre en Inglés que han logrado convencer a miles de personas que paguen por darles una credencial, una tarjeta que ni siquiera es de crédito y sólo da derecho a ingresar a esa orgía de consumo.

Pues bien, debo confesar con tristeza que sucumbí. Una amiga me convidó a que la acompañara a hacer unas compritas. Después de resistirme, más bien poco es verdad, terminé allá de cabeza, repasando una, dos y tres veces las estanterías. Mi amiga consumió moderadamente, pero yo… compré hasta lo que no necesitaba.

Ya en mi casa, como si hubiera despertado de un paseo millonario, sentí remordimiento en especial al revisar la cuenta de lo que gasté, así que decidí hacer un mea culpa y me prometí no volver a caer en esta tentación tan deliciosa que es dejarse llevar como alienada por un carrito de compras.

Estos almacenes que empiezan a proliferar con aparente éxito, tienen una clara estrategia consumista que puede terminar siendo una epidemia peligrosa. Se trata de ofrecer mercancías en empaques gigantes que comparadas con las de  empaques corrientes resultan más baratas. Precio de volumen, que llaman. Y muchas personas como yo, salen de allí con sus carritos llenos y sus bolsillos vacíos a guardar en la alacena productos que terminaran envejeciéndose porque no se alcanzan a gastar.

Es el famoso estilo de vida americano, o mejor, el “sueño americano” en el que las casas viven repletas de promociones, empaques gigantes, pague dos y lleve tres y todo por $99.99, porque la cifra 99 ejerce el poder psicológico de hacer creer que no se llega a 100.

Las compras del día ya no existen, las tiendas que venden menudeado son ahora sinónimo de pobreza, sólo van a ellas familias que viven al día, fiando un pan o un huevo, pero nunca la gente de modito, que compra en los grandes almacenes, consumiendo más de lo que necesitan.

Debo reconocer que estoy brava conmigo misma. Aceptar que fui débil y consumista. Caí como cualquiera en esa trampa, porque el consumo es como una droga; genera adición y por lo tanto es difícil escapar de ese vicio. Había que ver la cara de satisfacción con que la gente salía de pagar unas cuentas estrambóticas.

Se está produciendo un cambio cultural en nuestra sociedad, ahora nos parecemos más al norteamericano promedio, lo que debe tener feliz a Fenalco, pero muy endeudas a las familias, que eso sí, no ganan lo mismo que la clase media del Tio Sam. ¿Será esto lo que buscaban los TLC?

www.margaritalondono.com

http://blogs.elespectador.com/sisifus/

  • Luis Felipe Infante Jiménez

    El Artículo tenía un contenido entretenido, bastante atractivo hasta el párrafo que dice “Las compras del día ya no existen, las tiendas que venden menudeado son ahora sinónimo de pobreza, sólo van a ellas familias que viven al día, fiando un pan o un huevo, pero nunca la gente de modito, que compra en los grandes almacenes, consumiendo más de lo que necesitan.” Que sin duda me hace pensar que Margarita narra su experiencia en otro país, pues aquí (Colombia) las tiendas de barrio están más vigentes que nunca, tanto así que almacenes como Éxito se están aliando con ellas, y sus Express y los Carrefour Express (Antes de Jumbo) no dieron resultado. Creo que para poder realizar esa afirmación habría que sustentar con cifras. Por cierto, la sensación luego de haber comprado en exceso se llama El remordimiento del comprador que sucede cuando satisfacemos “necesidades creadas”.

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