García Márquez ya no recuerda….

5 de junio del 2012

El más grande escritor colombiano, Gabriel García Márquez, ya no reconoce a sus amigos más cercanos, con los que viajó, creció literariamente y compartió décadas de vida, incluyendo a Plinio Apuleyo Mendoza. El escritor del Olor de la Guayaba, un libro sobre recuerdos de infancia y juventud, amigos y literatura, con “Gabo” (1982), expresa mayor […]

El más grande escritor colombiano, Gabriel García Márquez, ya no reconoce a sus amigos más cercanos, con los que viajó, creció literariamente y compartió décadas de vida, incluyendo a Plinio Apuleyo Mendoza.

El escritor del Olor de la Guayaba, un libro sobre recuerdos de infancia y juventud, amigos y literatura, con “Gabo” (1982), expresa mayor preocupación “porque la madre murió de Alzhéimer y el hermano también”.

Eligio García Márquez, físico, escritor y periodista, hermano menor del Premio Nobel de Literatura, murió a los 53 años, en el 2001. “Fue un mazazo para Gabo”, comentó Jaime, otro de los hermanos.

Mendoza admite que no ha podido hablar con García Márquez desde hace cinco años, pero sí con Rodrigo, su ahijado, quien le ha dicho:

El tiene que verte porque si no, por la voz no sabe con quién está hablando”.

La última vez que hablamos, comenta el periodista Mendoza, se le olvidaban ciertas cosas y me preguntaba “¿cuándo llegaste? ¿Dónde estás alojado?”, y repetía. En cambio, fuimos a almorzar y a recordar cosas muy antiguas de hace 30 o 40 años, remotas, y la memoria le funcionaba perfectamente”.

Carmen Balcells, agente literaria de García Márquez (a sus 81 años dice que le pesan los kilos y la edad solamente la corroe), comentó que lo vio “un poco pachucho (alicaído) de salud, en la celebración del último cumpleaños. –Quizá porque nos hacemos mayores, –justificó. Dijo que Gabo se ha vuelto cascarrabias y tiene una mirada llena de nostalgia.

García Márquez recibió hace algunos años en Estados Unidos un tratamiento “contra un linfoma”, del cual salió airoso, según dijeron él y su familia. El escritor comentó en su momento que la circunstancia le sirvió para volver al periodismo, regresar a su vicio favorito de la música, poner al día lecturas atrasadas y controlar más su dieta.

Señor Mendoza: ¿Tiene buena relación con Gabo hoy día?

Sí. El día que cumplió 85 años (6 de marzo anterior) lo llamé, pero no hablé con él sino con Mercedes. Ella prefiere que no pase al teléfono porque de pronto no reconoce.

¿Es obligatorio, entonces, que le vea sus grandes orejas?

Es posible que, como usted dice, si me ve las orejas me reconozca de inmediato.

¿Entonces es cierto que ya no reconoce a nadie?

Por la voz ya no reconoce.

¿Y se acuerda quién es Plinio Apuleyo Mendoza?

Las últimas veces que hablamos repetía… “¿cómo estás, cuándo vienes, qué estás haciendo?”.

A muchos amigos, con quienes he comentado el asunto, me dicen que con ellos también se limitaba a iguales interrogantes. Entonces hay la sospecha de que simplemente tiene unas fórmulas. Si no reconoce no dice “no sé quién eres tú”, sino que hace unas preguntas genéricas.

Me duele mucho esta situación y me inquieta. Gabo siempre ha sido un gran amigo.

¿Se pelearon ustedes con García Márquez por el apoyo de éste a Fidel Castro?

Es un problema que hemos tenido toda la vida con Gabo. Lo discutimos con humor. Pero no hay que olvidar y eso no lo sabe casi nadie, que hemos sacado mucha gente de Cuba. ¿Cómo es la cosa? Yo llamo y le digo “Gabo, ayúdame. Este pobre hombre está preso y condenado a 20 años, ayúdame. Y él me dice “espera, vamos a hacer una cosa”. Así han salido cientos de personas.

Gabo ha sacado a mucha gente, inclusive casos visibles como Norberto Fuentes. También pequeños casos. De pronto encuentro un periodista en Portugal, que me dice “caramba, soy cubano, estoy exiliado acá, mi mamá tiene 80 años y me viene a visitar cada dos años, ya no la dejan salir. La voy a perder para siempre. Tú, que eres amigo de García Márquez, por qué no me ayudas”.

Llamo entonces a Gabo y le digo “ayúdame” y me dice “dame la dirección y el teléfono de ella” y a los ocho días la señora está en Portugal. García Márquez ha sacado como a dos mil personas. Sin embargo, Gabo se quedó ahí, cosa que me parece un error.

¿Qué sensación le dejó el caso del periodista Roméo Langlois?

Me dejó una mala sensación. Primero, fue una operación publicitaria de las Farc y la ganaron, porque terminaron haciendo lo que no quería el Gobierno, darle vocería a las Farc y lo consiguieron. Roméo también me desconcierta un poco. Yo creo que él tiene esa visión sobre nuestro conflicto, muy distinta a la que tenemos los propios colombianos. Lo miran de lejos con dos factores: los guerrilleros no son terroristas para ellos, sino insurgentes.

Eso es lo que han buscado siempre. Primero, presentar a los gobiernos oligarcas, que atropellan los derechos humanos. Y a los guerrilleros como rebeldes, aunque la Unión Europea los ha declarado como fuerza terrorista, pero ellos no lo reconocen.

El gobierno del Presidente Santos está dando pasos en dirección a un proceso de paz. ¿Tiene reparos al mecanismo que está utilizando?

Sí. Al marco jurídico para la paz, sí, porque es asegurarles impunidad de antemano. El hecho de que baste que confiesen sus crímenes para que no tengan que pisar la cárcel, después de 50 años de terrorismo, me parece sumamente complicado y muy difícil de aceptar. Además no da ninguna garantía de que ese proceso se pueda hacer. Las Farc no se sienten derrotadas, se sienten triunfantes porque aquí se ha olvidado algo muy grave y es el arma política. Ellos tienen combinación de armas de lucha, y la lucha más eficaz es en el plano político. Le doy un ejemplo: hay 12.000 militares empapelados en este momento y muchos de ellos, un 80 u 85% con base en falsos testigos, movidos por los agentes políticos de la guerrilla. Son 12.000 bajas porque no pueden combatir y eso es un triunfo para las Farc.

Plinio Apuleyo Mendoza acaba de publicar “Muchas cosas que contar”.

Dice la contraportada: “Cuando uno llega a viejo, descubre que detrás no tiene una vida sino muchas, son como retazos de novelas no escritas, momentos, caras y voces, que la memoria ilumina a su manera con esa luz viva que solo aparece en la vida a la hora del crepúsculo.

En este libro, Plinio Apuleyo le da un hilo conductor a esos retazos de memoria, para que cobren un sentido único. “Muchas cosas que contar” empieza en la Bogotá del tranvía y el 9 de abril, pasa por momentos íntimos con escritores, artistas y políticos del mundo entero –García Márquez, Neruda, Mario Vargas Llosa, Fernando Botero, Alfonso López Michelsen– entre otros. Se detiene en ciudades como París, Viena, Lisboa, Caracas y Moscú, y termina en una divertida serie de anécdotas en que, con un humor sin igual, se burla de sí mismo: Cuenta cómo sus orejas se convirtieron en blanco de la guerrilla, recuerda el día en que conoció a un escritor que tenía su mismo nombre –”nunca pensé que hubiese en el planeta otro ser capaz de llevar el mismo nombre mío”–, y cómo las cataratas cambiaron su vida.

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