El golpe lo dio Lucio

15 de octubre del 2013

El próximo 21 de octubre se cumplirán 100 años del nacimiento del ocañero de Convención y Villacaro, Lucio Pabón Núñez. Historiador, filólogo, literato y político, quien fuera Representante a la Cámara, Senador, embajador, Ministro Plenipotenciario, Ministro de Educación, Ministro de Guerra y finalmente Rector de la Universidad La Gran Colombia. Sus aficiones literarias me permitieron […]

El próximo 21 de octubre se cumplirán 100 años del nacimiento del ocañero de Convención y Villacaro, Lucio Pabón Núñez. Historiador, filólogo, literato y político, quien fuera Representante a la Cámara, Senador, embajador, Ministro Plenipotenciario, Ministro de Educación, Ministro de Guerra y finalmente Rector de la Universidad La Gran Colombia. Sus aficiones literarias me permitieron su cercanía desde 1975, cuando me desempeñé como Director de la Escuela de Bellas Artes de Ocaña, hasta su muerte en 1988, y testificar su magnetismo y carácter.

Los hombres públicos  son un demonio y un santo fusionados por la imaginación popular, según el impacto de sus decisiones en la historia, y a Pabón le correspondió la era del fanatismo de la violencia partidista, del corte de franela y el degollamiento por ser liberal o conservador. A la orden suya, como Gobernador de Norte de Santander, de meter orden en El Carmen, donde había regresado Gaitán después de muerto, “convertido en estatua” (1) se atribuye la masacre que dejó, entre el 16 y el 25 de noviembre de 1949, más de setenta cadáveres, mujeres violadas y el pueblo saqueado. El episodio lo satanizó.

El 13 de junio de 1953, Pabón Núñez, fungía como Ministro de Guerra y su influencia era enorme en el gobierno, especialmente desde que el Presidente Laureano Gómez, aquejado por un derrame cerebral, se vio obligado a dejar a Roberto Urdaneta Arbeláez como presidente encargado y como emisarios a sus hijos Álvaro y Enrique Gómez Hurtado, para garantizar la continuidad de sus políticas desde el lecho de enfermo.

La pobreza, el fanatismo y el subdesarrollo hacían de las suyas. El Congreso permanecía clausurado y los partidos estaban desprestigiados luego del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, que marginó al liberalismo de las elecciones del 49 y propició en el partido conservador el distanciamiento entre laureanistas y ospinistas. La barbarie se manifestaba en torturas y masacres ejecutadas por guerrilleros, chulavitas, pájaros y popol –policía política- Se respiraba resentimiento, miedo y afán de venganza.

El Tiempo y El Espectador  fueron incendiados, al igual que las casas de los jefes liberales Alfonso López y Carlos Lleras Restrepo, quien, como Director del Partido Liberal ordenó que ningún copartidario podía saludar siquiera, a ningún conservador. Álvaro Gómez, por su parte, sentenció desde El Siglo, que “Los colombianos debían acostumbrarse a los presidentes conservadores, por lo menos hasta el año dos mil.” (2) No faltaron dirigentes liberales que propusieran a varios generales el golpe militar, porque en el ejército se consideraba que la institución armada estaba pagando los platos rotos de una guerra civil de intereses exclusivamente políticos.

El hombre de mayor prestigio en las fuerzas armadas, General Gustavo Rojas Pinilla, no era de los afectos de Gómez y se le alejó de Colombia, primero a Washington como agregado militar y posteriormente a Guatemala. A finales de 1952 regresó al país y Urdaneta lo ascendió a Teniente General, aunque era un secreto a voces que el gobierno buscaba retirarlo del ejército, sobre todo después de la captura y tortura del industrial Felipe Echavarría, ordenadas supuestamente por Rojas, acusándolo de organizar una conspiración contra Gómez. El hecho escandalizó al país.

El 12 de junio de 1953 el General Rojas viajó a su finca de Melgar, tomando antes la previsión de ordenar que un avión sobrevolara tres veces su finca, como señal para retornar de inmediato a Bogotá. Ese día, tanto Álvaro como Enrique Gómez Hurtado dijeron a Urdaneta y a Pabón Núñez, que por orden del presidente debían destituir a Rojas, pero estos se negaron y los hermanos regresaron molestos donde su padre.

Al día siguiente, sábado 13 de junio, el presidente regresó sorpresivamente a Palacio, a las 9:30 de la mañana destituyó a Urdaneta, reasumió el mando y convocó a Consejo de Ministros. El doctor Pabón Núñez dejó el siguiente relato:

“Se dirigió a mí y me dijo: -Como está confirmado, prepare el decreto para llamar a calificar servicios al General Rojas.  Me levanté y le contesté: -Yo no puedo cumplir esa orden, yo no soy ministro, porque renuncié ante el doctor Urdaneta, quien me nombró, y usted nos acaba de informar que lo ha destituido…Mire señor presidente, no sigamos en esto, como yo no soy ministro y este es un Consejo de Ministros, me voy. Buenas tardes. Y abandoné el lugar. Cuando yo salí, el doctor Gómez le dijo a Jorge Leyva: Encárguese  usted del Ministerio de Guerra y haga el decreto.” (3)

Leyva comentó que el general Rojas, de Everfit, no era más que un mamarracho, y firmó el decreto de su baja.

Pabón Núñez se reunió de inmediato con Urdaneta, con el expresidente Mariano Ospina Pérez y otros dirigentes conservadores y a las diez de la mañana ya se hablaba de un golpe militar contra Gómez.

Dice María Eugenia Rojas que: “A eso de las dos de la tarde el general Rojas recibió una llamada del General Alfredo Duarte Blum, al mismo tiempo que el avión sobrevolaba su finca” (4) tomaron la misma aeronave en el aeropuerto de Flandes y llegando a Bogotá se dirigió al batallón Caldas y se comunicó con Urdaneta, ofreciéndole el respaldo de las fuerzas armadas para que siguiera ejerciendo la presidencia, pero Urdaneta le respondió que: “Mientras Laureano no renuncie yo no puedo asumir, porque él es el jefe de Estado”. Buscaron a Gómez pero había salido de Palacio y nadie daba razón de su paradero, se dice que saboreaba pandeyucas en su hacienda “Torcoroma” de Fontibón. El General Rojas le envió a Luis Eduardo Andrade, quien regresó diciendo: “Mi General, Laureano dice que antes de firmar la renuncia para que siga gobernando Urdaneta, prefiere que usted se haga cargo del gobierno.” Rojas no tenía pensado dar un golpe de estado, Urdaneta no quería hacerlo, Gómez seguía escondido y nadie mandaba en Palacio.

Solo Pabón Núñez tenía claridad de la coyuntura y estaba muy intranquilo. El expresidente Ospina Pérez, Urdaneta y otros conservadores hablaban del dilema en una oficina privada, mientras en otra, el General Rojas Pinilla, Alzate Avendaño, Francisco de Paula Pérez y el General Berrío Muñoz, discutían, sin saber que paso dar.

De pronto, el doctor Pabón, haciendo acopio del prestigio que le precedía y de su audacia bruñida en los primeros años de su vida política, decidió poner punto final al dilema. Primero se dirigió al sitio donde discutían Urdaneta y Ospina y les dijo:

–          Vengo a comunicarles que el General Rojas acaba de asumir la Presidencia de la República.

El expresidente Ospina Pérez contestó enseguida:

–           Ante los hechos cumplidos, no hay más remedio, en casos como este, que aceptarlo (5)

Pabón, siguiendo su plan, se dirigió de inmediato a la oficina donde estaba el General Rojas y le dijo:

–          El doctor Ospina y el General Urdaneta vienen a ofrecerte el respaldo, al saber que has asumido la presidencia.

El General Rojas se sorprende y queda mudo, pero el General Berrío comienza a aplaudir y todos en el recinto hicieron lo mismo.

De esta forma, sin derramar una gota de sangre, en un instante de lucidez estratégica, este intelectual y político, satanizado y elogiado, le puso presidente a la Colombia de 1953.

No fue un golpe militar, fue un golpe de audacia de Lucio Pabón Núñez.

(1)  Casadiego Benjamín. El Carmen. Espacio, Tiempo y memoria. Funeducar. Bogotá. 2011

(2)  Villar Borda carlos J. “El Golpe del 13 de junio de 1953” Lecturas dominicales El Tiempo. Junio 2003.

(3)  Pabón Núñez Lucio. Relato de los hechos. Jorge Serpa Erazo. Semana.579

(4)  Rojas María Eugenia. “Testimonio”

(5)  Serpa Erazo Jorge. Itinerario de un golpe de estado” Revista Semana, No 579, junio de 1953

@mariojpachecog

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