Inundaciones de tercera clase

Hace un año, en plena temporada de lluvias, los grandes medios de comunicación hicieron un despliegue técnico y periodístico de dimensiones descomunales para contarle al país lo que estaba pasando en las zonas afectadas por las lluvias. En cada noticiero teníamos imágenes de casas bajo el agua, damnificados clamando por ayudas y alcaldes impotentes ante las circunstancias. Los relatos transmitían la difícil situación por la que atravesaban aquellos que lo habían perdido todo, buscando algo de solidaridad entre los colombianos.

Afortunadamente las lluvias de esta temporada no han sido tan intensas como las de hace un año, sin embargo, hay zonas que están sufriendo y padeciendo los embates del invierno con las mismas consecuencias que en 2011: inundaciones, deslizamientos, viviendas colapsadas y familias sin techo.

Es el caso del departamento de Amazonas, zona donde se concentra hoy la emergencia más grave, con municipios completamente bajo el agua y miles de personas que lo han perdido todo.

Lo raro es que esta emergencia, a diferencia de las de la Costa Caribe el año pasado, ha pasado de agache para los medios de comunicación. No hemos visto reporteros haciendo sus notas sobre lanchas que recorren las zonas inundadas. No hemos visto transmisiones en “directo vía satélite” con las imágenes del drama de aquellos que viven en Puerto Nariño y Leticia haciéndole frente al desbordamiento más grave del río Amazonas del que se tiene noticia. No hemos visto grandes llamados de solidaridad a los colombianos para brindarles una ayuda a los afectados.

Una vez más estamos frente a la realidad de unos medios de comunicación que ven en Colombia sectores de primera, segunda y tercera categoría. En esa línea, si algo pasa en Bogotá o en Medellín, el resto del país se anula, pueden gastarse minutos infinitos contando lo que pasó eliminando otros hechos noticiosos acontecidos en la jornada. Si algo pasa en Bucaramanga o Cúcuta, habrá algún despliegue, tal vez un par de informes, pero no le dedicarán tanto tiempo al asunto (a menos que haya decenas de muertos y heridos). Finalmente, si algo pasa en Leticia, mandarán a cubrir el evento al reportero regional, quien transmitirá las imágenes por internet y ya. No habrá mayor esfuerzo.

Qué tristeza da esa forma de razonar de los grande medios de comunicación, donde los contenidos van directamente ligados a la cantidad de medidores de rating (people meter) que puede haber en una ciudad. Si la mayoría están en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla, entonces las noticias que importan son las de esas zonas. Como no hay people meter en Leticia, para qué gastarle tiempo a esa zona alejada y olvidada.

Afortunadamente, quienes atienden las emergencias no se miden por rating, ni por si el drama va a ser más o menos taquillero. La Cruz Roja Colombiana y la Defensa Civil llegan por igual a cualquier lugar donde se presente alguna situación de desastre y hacen su labor con el mismo nivel de responsabilidad y compromiso si ocurre en Bogotá o en el Amazonas. Tal vez los medios de comunicación, por más comerciales que sean, deberían aprender esa lección: no hay emergencias de primera o segunda categoría, ni colombianos de primer o segundo nivel, todos merecen la misma atención y ojalá el mismo show.

Post-It: Agradezco los mensajes de tantos colegas que dieron su opinión sobre mi columna sobre los jefes de prensa. Concuerdo con ellos, tal vez sí hubo un exceso de bilis en el texto y pude haber sido muy injusto con muchos coordinadores de comunicaciones que hacen bien su tarea y cumplen con esa misión tan útil para nosotros los periodistas como es la de servir de puente entre los medios y las entidades para quienes trabajan. Sin embargo, eso no quita que allá afuera haya muchos malos jefes de prensa que se creen dueños de la información y que desprecian el trabajo periodístico. A ellos va la columna. A los buenos jefes de prensa mil disculpas.

@colombiascopio

 juanpablocalvas@gmail.com