Indicadores Económicos

Jarto, Malo y Sabihondo

Las promesas son para las campañas, en los gobiernos se necesitan hechos y esos no aparecen. ...

Después de una jornada intensa en la hacienda Hatogrande, el Presidente presentó el nuevo slogan que utilizará en los meses venideros que por casualidad coinciden con el período de la campaña para su reelección. Bajo la tutela del estratega de comunicaciones Miguel Silva ya no tendremos “prosperidad para todos”, sino un país más “Justo, Moderno y Seguro”, es decir, cuatro años más de J.M.S.

Palabras, palabras, palabras… Un eslogan se puede cambiar mil veces, pero lo que en comunicación o en publicidad hemos aprendido es que cualquier frase que se utilice debe guardar relación con la realidad, de lo contrario se queda solo en eso, en palabras que se las lleva el viento.

Importante que se reuniera el equipo de gobierno en Hatogrande. Claro, yo creía que se reunía todas las semanas en los consejos de ministros, que era una práctica habitual encontrarse en la Casa de Nariño, pero, al parecer, no ha sido así y cada ministro, consejero o asesor, anda por su lado intentando producir resultados sin hablarse con los demás. Fue necesario citarlos a manteles para pedirles coordinación, por ejemplo con el Ministro de Minas, no sea que se le vuelva a ocurrir subir el precio del combustible en mitad de una huelga, o con el de Defensa para que no deslegitime en cada declaración la apuesta fundamental del gobierno de negociar con las Farc en medio del conflicto.

Si se abandonó la promesa de “Prosperidad para todos”, como frase soporte de la presidencia en estos cuatro años, debe ser porque ya nadie creía en ella. Esperemos entonces que la de un país “Justo, Moderno y Seguro” pueda ganar credibilidad en lo que resta del período. Sin embargo, no resulta convincente la tesis de que la baja popularidad de J.M.S se deba a que comunica mal o a que ha cambiado su estilo muchas veces, pasando del tecnócrata frío y distante, al populista que se confunde con su pueblo.

La verdad es que los cambios que realmente lo han afectado no están en la forma de relacionarse con la gente sino con su programa de gobierno. Estos cambios sí le han hecho perder credibilidad, porque hace lo que dijo que no iba a hacer y deja de hacer lo que prometió que haría.

Para los nuevos estrategas de la Casa de Nariño todo parece resumirse a que hay que mejorar la comunicación. Pues subestiman a la gente. El pueblo no es bobo, si el Gobierno tiene baja aceptación no es porque no guste una frase, es porque no gusta lo que está haciendo, o cómo lo está haciendo. La gente no se deja engañar por cambios de palabras, lo que hay que cambiar es el gobierno, sus resultados, cumplir las promesas, presentar hechos y no ofertas etéreas, dejar el asistencialismo y hacer crecimiento real y sostenible para toda Colombia.

No nos digamos mentiras, los resultados del Gobierno de la prosperidad democrática han sido pocos y las expectativas muchas. Aunque las promesas sean buenas y las intenciones idem, lo que vale para la gente son las realizaciones. Las promesas son para las campañas, en los gobiernos se necesitan hechos y esos, aunque pongan los estrategas que pongan, no aparecen. Muy buenos ministros, muy buen equipo, muy técnico, muy preparado, pero de aquello nada.

Ojo, cuando las frases bonitas inventadas por publicistas no son creíbles, las gentes se las apropian para burlarse de ellas. Por lo pronto, no me parece que nos estén dando un país más “Justo, Moderno y Seguro”, sino un estilo más “Jarto, Maluco y Sabihondo”.

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