Indicadores Económicos

La Depresión del Excel

Todo lo que digan los economistas, por mucho doctorado que tengan, no es necesariamente cierto. / ...

Thomas Herndon, estudiante del doctorado en la Universidad de Massachusetts, armó un escándalo que tiene conmocionado el mundo de la política económica.

Este muchacho revisó cuidadosamente las cifras del famoso estudio “Crecimiento en épocas de endeudamiento” publicado por los economistas Reinhart y Rogoff de la universidad de Harvard en el 2010. En el estudio se planteaba que los países con deuda pública por encima del 90% del PIB tenían un crecimiento más lento que aquellos con menor endeudamiento, lo que sirvió de sustento conceptual a las políticas de austeridad que hoy hacen carrera en el mundo entero.

El estudiante Herndon, de apenas 28 años, detectó errores mayúsculos en el estudio debido a que los prestigiosos profesores habían omitido considerar cifras de países como Canadá y Australia, lo que distorsionaba las conclusiones sobre austeridad en el gasto público, que se habían convertido en la panacea para recupera el crecimiento en países altamente endeudados.

Esto es especialmente importante en los tiempos actuales de recesión, sobre todo en Europa donde la austeridad se está tornando imperativa y está ocasionando un creciente descontento entre la población, porque los recortes se dirigen casi siempre a las políticas de beneficios sociales.

Por fuera del escándalo provocado con el cuestionamiento al estudio y del ridículo en que fueron puestos los renombrados profesores, me permito sacar algunas conclusiones, desde la no academia y la simple observación periodística:

Primera: Todo lo que digan los economistas, por mucho doctorado que tengan, no es necesariamente cierto.

Segunda: Todo lo que cuestionen los estudiantes, por muy anónimos que sean, debe ser considerado con respeto.

Tercera: Los purgantes que se dan a los países para matar las lombrices del endeudamiento pueden hacer que el cuerpo social se debilite casi hasta morir y termine siendo un cadáver, sin parásitos, pero cadáver al fin y al cabo. Por esta razón la fórmula debe ser aplicada con precaución, bajo estricta vigilancia “médica”.

Cuarta: Un solo estudio equivocado no es suficiente evidencia para descartar un remedio eficaz, porque si bien las cifras que faltaron pudieran cambiar las conclusiones, esta modificación no sería tan drástica como para concluir que el endeudamiento puede crecer ilimitadamente, sin perjudicar a la economía.

Quinta: Ni son tan malos los profesores equivocados, ni es tan sabio el muchacho que descubrió el error, lo perverso es que la política económica mundial dependa de unos simples cuadros. Esto que se ha llamado jocosamente “la depresión de Excel” o la mayor “mentira macroeconómica” podría conducir el péndulo al otro extremo y aparecerán sin duda una serie de demagogos ofreciendo, ya no cien mil viviendas gratis, sino casa, carro y beca a todos los electores. ¡Mucho cuidado! El socialismo del siglo XXI acaba de recibir el soporte conceptual que estaba necesitando.

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